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No vivo solo

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
Vivo en una de las zonas de mayor biodiversidad del planeta; y no solo se trata de la gran cantidad de aves, plantas y árboles en las que todos pensamos en un primer momento. Yo pienso en los millares de insectos y derivados cuyos nombres solo existen en latín y que solo ves uno una vez y ya, nunca más.

Esto me venía recordando las enseñanzas del Colegio “Estudio” donde me crié, cuando con nueve años a lo largo de un curso que se llamaba “No vivo solo” nos explicaban las normas de convivencia, recursos sociales, compañerismo en la escuela y en la calle, en fin, los valores básicos para compartir, ayudar y dejarse auxiliar, respetando las diferencias y aprendiéndolas como una riqueza.

Yo hoy pienso en esa diferencia y en esa biodiversidad que parece infinita y que cada día aprendo a cuidar y respectar. Así vuelvo a mis nueve años y recuerdo mi fobia a las arañas; cada vez que me cruzaba con una me entraba un horror tremendo en el cuerpo hasta el punto de no poder siquiera matarla. Gritaba para que alguien viniera en mi auxilio y la matara. Cuando en otros momentos volvía a pasar por el mismo sitio siempre miraba por si estaba ahí otra vez, la misma araña desafiando las leyes de la probabilidad. Soñaba con arañas como mi peor pesadillas: que salían de todos los grifos del baño...el horror. Era básicamente el terror propia de una fobia.

Hoy, en el mundo subtropical que me rodea sin embargo pienso en el “No vivo solo” cada vez que veo una araña, agarro un palito que tenga cerca y la alejo de mi para que siga su vida al igual que yo sigo con la mía, cada una sigue su camino y tan contentas las dos.

Y si, no vivo sola, y los pequeños seres que forman tal biodiversidad no tienen por qué caer en manos de los instintos depredadores humanos que mostramos y desarrollamos en la vida diaria tan a menudo pensando que estamos más solos de lo que en realidad estamos. Ella no puede evitarlo, su instinto es su inteligencia y es su único motor para la acción; yo si puedo evitarlo, puedo dirigir mi instinto con mi inteligencia hacia otro lado, y eso se aprende, se enseña.

Esto se me antoja una actualización de las lecciones de vida de mi colegio que en la sintonía con el famoso maestro Mairena y su maestro Abel, enseñaban a vivir y a convivir pensando y sintiendo, escuchando y observando el mundo que nos rodea, intentando entenderlo y comprenderlo para poder compartirlo.

Es por eso que parece una perogrullada pero se necesitan maestros, escuela e institución, y ante una protesta como la que hoy puebla las aulas y las casa para defender la dignidad de un maltrecho sistema escolar, los políticos deberían pensar también: “No vivo solo”.
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