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XXXII Premio Cervantes

Juan Gelman: "El Quijote es un manantial de consuelo"

miércoles 23 de abril de 2008, 11:51h
Habló del Quijote como un "manantial de consuelo" que, como la obra poética de Santa Teresa de Jesús, tuvo gran importancia en su exilio. Le aportó "la presencia ausente de lo amado: el país del que fui expulsado". Una expulsión que se fraguó en los tiempos sombríos de la dictadura militar del general Videla, y de la que Juan Gelman, no quiso sustraerse en su alocución. "Y yo moría muchas veces, con cada noticia de un amigo desaparecido se agrandaba la pérdida de lo amado", describió con entereza Gelman, que recordó la cifra de los 30.000 desaparecidos en aquel periodo, en el que figura uno de sus hijos.

Se interesó al autor de "Violín y otras cuestiones" por la figura de Cervantes. "¿Y cómo será don Miguel?", se preguntó en su discurso. Aludió a su sufrimiento, la cárcel, Lepanto, para añadir "él era en su escritura. Aún hoy escucho sus carcajadas cuando dejaba sobre el papel al Caballero de la Triste Figura sobre el papel". Destacó la capacidad cómica de Cervantes, "cómico en el rostro de la tragedia cuando se mira a sí mismo".


Gelman, en un momento de su discurso


La importancia de enfrentarse al pasado
Porque el segundo eje de Juan Gelman, que recibirá los 90.000 euros del galardón, fue el de la mirada al pasado reciente, y la necesidad de mirarla de frente, para asumir la verdad. Fue entonces cuando el discurso adoptó el tono más político. "Celebro una España empeñada en rescatar su memoria histórica, único canal para crear una conciencia cívica que abra las puertas del futuro", pronunció. Se refirió a los recuerdos que pueblan su mente, y las preguntas que le torturan desde hace años, relativas al proceso militar argentino de los setenta. "¿Quiénes fueron, dónde pasó, por qué, dónde están los restos de los desaparecidos, dónde está la verdad?", preguntó en voz alta. Citó entonces a los asesinos, a aquellos que mataron a su hijo, a los que acusó de una doble impunidad, la del crimen, y la del silencio. "Enterrar a los muertos es una ley eterna. ¿Por qué iba yo a pisotear esa ley?", dijo sin exaltarse el poeta de 78 años.

Fue claro y meridiano en este punto, y afirmó que están "muy equivocados" aquellos que creen que no hay que remover el pasado. "Las heridas están en la sociedad como un cáncer sin sosiego y sólo la verdad y la justicia funcionan como tratamiento. Limpiar el pasado para que pueda convertirse realmente en pasado", afirmó.


Zapatero y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre


Concluyó el discurso alabando la capacidad creativa de Cervantes, su uso de neologismos y su habilidad para renovar el lenguaje. Ensalzó también la labor innovadora del poeta, que avanza sobre caminos salvajes, vírgenes, en un atrevimiento que conduce al poeta hacia una trascendencia hacia si mismo, que se dirige a la verdad del mundo. Sus últimas palabras fueron una defensa de la poesía como destino ineludible: "El poeta no vive para escribir, escribe para vivir". En su caso, el ejemplo no puede ser más acertado.

Molina: "Humanismo sin prejuicios"
El ministro de Cultura, César Antonio Molina, tomó el relevo de Gelman, a quién calificó como un autor de un "humanismo libre de prejuicios, inconformista, audaz, ansioso de romper con las voces vigentes". Lo comparó con otros autores coetáneos como Nicanor Parra, Umberto Padilla, Antonio o Cisneros. "Hay rabia, frustración, impotencia, pero también, ternura, cercanía e incluso humor", dijo Molina, unificando el trabajo de estos autores.


Los Reyes, el presidente del Gobierno y su mujer, en Alcalá de Henares


Por su parte, Su Majestad el Rey ensalzó la labor de los autores que, como Gelman, "pulen, tallan y enriquecen el lenguaje con cada obra". Se refirió al premiado como un renovador del idioma, con un discurso poético "centrado en lo real, con fuerza, espontaneidad y un innato don de la expresión en que cada palabra destila un estilo sincero, en que la poesía es arte y lenguaje del corazón".

Juan Gelman recibe, pues, en 2007 el máximo galardón de las letras hispanas. Un honor para cualquier autor en lengua española, dotado con 90.000 euros, y que el año anterior recayó en el poeta asturiano -hijo adoptivo de León-, Antonio Gamoneda. Es norma no escrita, pero que se cumple, alternar en el premio autores españoles con iberoamericanos. Así, antes del poeta Gamoneda, el mexicano Sergio Pitol recogió el Cervantes, en una lista reciente a la que sigue Rafael Sánchez Ferlosio (2004), Gonzalo Rojas (2003), José Jiménez Lozano (2002), Álvaro Mutis (2001), Francisco Umbral (2000), Jorge Edwards (1999) y José Hierro (1998).


Gelman, Premio Cervantes 2007

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