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La cerveza Corona, Coronita, ya no es mexicana

domingo 28 de octubre de 2012, 22:36h
Hoy comparezco ante ustedes más quisquilloso y puntilloso que de costumbre (¿más?). En efecto, aunque la noticia que me mueve a reflexionar se produjo en el verano de 2012 – cuyo jaleo político y deportivo en México, impidió atender el tema como es debido– ¡vaya que resulta de palpitante actualidad! porque se concretará al cien por ciento a inicios de 2013. Y porque quizá todos nos hemos bebido una y acaso dábamos por cierto que era y sería un símbolo del México eterno. Sarcasmos aparte, hoy sabemos que eso de serlo… pues va a ser que no.

El Grupo Modelo, fundado en 1925 y que se convirtió en uno de los emporios empresariales más sólidos de México, se ha vendido en 2012 al grupo belga-estadounidense Anheuser-Busch inBev, conocido por sus marcas Stella Artois y Beck's. Su producto, la cerveza «Corona», «Coronita» como la llaman en España, alcanzó fama mundial (y no es exageración ni vanagloria) como que la exportaba a 170 países, tal y como presumían sus comerciales de radio y televisión. Apenas si nos enteramos de los detalles y no calibramos aún todo el alcance de lo sucedido. Se afirma que derivado de esa compra, a las principales cerveceras otrora mexicanas, hoy las operan ya manos extranjeras. Eso importa en la medida en que el mercado mexicano crece y crece y vale más que lo pagado por ellas, desde luego.

No se trata de enrollarnos en la bandera nacional, pero merece saberse: ¿conoce usted qué es lo que compró la multinacional belga-estadounidense? Casi nada: al séptimo consorcio cervecero del mundo y entre otros, a uno de sus productos, «Corona extra», que es la cuarta cerveza a nivel mundial y la primera importada por los EE.UU.. Ya le digo, casi nada. Y lo que es más sorprendente es no saber porqué un gigante empresarial de esas dimensiones se fue deshaciendo de tal sin más, siendo dueño además, de museos como el Modelo de Toluca o promotor de grandes festivales de música como el Corona Capital, de fuerte impacto económico. Resulta a todas luces inexplicable.

Algunos datos sobre esta venta son ejemplificadores de que difícilmente las cosas seguirán igual. Para empezar, la empresa mexicana cedió la mitad de participación todavía bajo su control por 20 mil 100 millones de dólares, aunque sus anteriores dueños conservan su lugar en el consejo de administración, cuando la empresa ha registrado un crecimiento del 30% más entre 2009 y 2011. Eso sí, la friolera pagada pasa por el traspaso de acciones en la bolsa de valores, lo cual implica dicen expertos en el tema, que no pagarán un céntimo al fisco mexicano derivado de dicha operación. No es la primera vez. Así, la noticia nos pilló a punto de irnos al verano. Me sonó tan peculiar como aquella de otra tiempo ha, acerca de la venta de la emblemática Cruzcampo sevillana a la Heineken, empresa que ya reporta bajas notables en sus ventas y que la Eurocopa no salvó, según afirma algún medio mexicano. Para esos resultados, Cruzcampo merecía mejor suerte.

Ya sé que mis amigos administradores y economistas y quienes no lo sean también, me dirán que eso l venta fue tener visión de mundo, un negocio redondo y acaso, aplaudan a rabiar. Lo que no parece es ser un negocio para México. Business are business? No estoy seguro de que este sea el caso en las condiciones que le contaré. Rompe muchos esquemas que machacan unos y otros. Eso sí: la empresa adquirente por boca de Grupo Modelo nos asegura en un comunicado, que mantendrá nombre, identidad y legado. Esto último tampoco lo tengo tan claro.

Me entero de que los mercados cerveceros estadounidense y europeo han disminuido y que el mexicano va es ascenso (¿por qué vender, entonces?). Resulta que la cervecera orgullo de la academia empresarial y de negocios mexicana, exportaba a lo grande (¿por qué venderla a inversionistas extranjeros?). Sabemos que ya estaba posicionada en el mundo (¿para que venderla al grito de que es para posicionar mejor a la cerveza mexicana?) y que aquí se producirá como hasta ahora (¿para qué venderla, pues?) Y se lo tengo que contar: he visto a los alemanes disputarse una Corona en detrimento de sus cervezas, como lo presencié afuera del pabellón de la Chrysler-Damlier durante mi visita a la Exposición Universal de Hannover 2000 en septiembre de aquel año o como sucede en los bares de Madrid cuando he visto como se prefería a la mexicana. Entonces ¿por qué vender la gallina de los huevos de oro?

¿Qué ganamos los mexicanos con semejante venta anunciada de sopetón, que con solo saberse impactó de forma positiva al valor de sus acciones en los mercados? Fue una operación concretada en el lapso de tres o cuatro días en que pasó del rumor a los hechos. Mas no nos llenan el ojo expresiones pomposas y engoladas como aquellas que rezan que se trata de mera globalización que nos alcanzó; que se trata de una transacción símbolo de confianza en México (es que nos vienen a dejar dinero en inversiones ¿sabe?) o una frase que está como para enmarcarla: (la compra) representa una muestra de que el mundo no se detiene y las alianzas y las fusiones son inevitables….¡Vamos! que aquí no se ríe el que no quiere.

Solo que pondré reparos que tronarán en mis orondos amigos economistas y administradores, puesto que no podrán encandilarme tan zalameras explicaciones si somos un poquito receptivos. Dice el comunicado de Grupo Modelo que el proceso de alianza (bonita palabra, tan empresarial, dinámica y en boga, sí) se efectuará una vez que se proceda a “simplificar la estructura corporativa de Grupo Modelo”. ¡Zas! Frases incluidas como “crecimiento considerable” o (haber dado) “un paso natural” no me entusiasman. Yo lo que quiero saber es si corren o no peligro los empleos de los trabajadores mexicanos. Es que tanta compra y optimismo leídos en columnas financieras me da mucho escozor. ¿Qué quiere qué le diga? Lo de la “alianza” tiene guasa. Se la engulleron a la Modelo, no se aliaron a ella. ¿Matices lingüísticos? Nada de eso. Estamos muchos hasta el copete o la coronilla de semejantes matices lejanos a la realidad. Simulación pura y solo eso.

Total, que permítame ser un descreído. Cuando en México hemos visto vender empresas a grandes corporativos, vimos perder empleos. Recuerdo bien la venta de los bancos a ñoños empresarios que del tema sabían nada. Aseguraron que no se perderían empleos. En unos cuántos año México perdió 40 mil empleos en el ramo entre fusiones, reestructuraciones y demás. Cómo creer que los nuevos dueños mantendrán una planta como la de Grupo Modelo, que declaraba estar en crisis en 2009 y sustituyó a parte de sus trabajadores mediante outsourcing, mientras aceptaba tener incrementos de ganancias del 30% en el mismo lapso, según denunciaron empleados despedidos. Quisiera ser optimista pero me es imposible. Ya he visto otras alianzas engullidoras en diversas áreas de la economía mexicana y créame: también he visto, como usuario o empleado, esa reducción de beneficios y no otra cosa. Mas como dice el refrán mexicanizado: “tú fíate de la Virgen….y échate a correr”. Pero que conste que ya le dijes que venía más quisquilloso y puntilloso que en otras ocasiones. Yo afirmo que el emperador va desnudo para mal y en perjuicio de los mexicanos. Aunque a mis amigos economistas y administradores quizá todo les diga lo contrario. No concuerdo. Es cuanto.
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