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Presencia del Vaticano II

sábado 27 de octubre de 2012, 18:39h
El 8 de este mismo mes de octubre, se ha celebrado el 50 aniversario del comienzo del Concilio más relevante desde el de Trento. Si en Trento se pusieron las bases para la Contrarreforma frente al luteranismo expansivo, en el Vaticano II, los 2.500 obispos reunidos en Roma, en compañía de sus teólogos asesores, tomaron postura ante la secularización invasiva tras la materialización de la vida por obra y gracia de la sociedad de consumo.

Al comienzo el bueno e inteligente/intuitivo Juan Bautista Roncalli, el Juan XXIII de grata memoria, y más tarde el enorme Montini como Pablo VI, estuvieron al frente del intensísimo repaso que los reunidos le dieron a la doctrina y praxis eclesiales, a pesar de los obstáculos puestos desde la Curia vaticana, atemorizada de las consecuencias estructurales que podían deducirse sobre todo de las posturas de aquellos valientes obispos centroeuropeos. Dos documentos conciliares permanecen como hitos eclesiales para el futuro, que es hoy mismo: la Constitución sobre la Iglesia en el mundo moderno y la otra sobre la Naturaleza y Fines de la Iglesia en cuanto tal, en lengua latina original, Gaudium et Spes y Lumen Dei.

Al cabo de 50 años, Benedicto XVI ha organizado el Año de la Fe para promover, de forma un tanto global e intensiva, aquella Nueva Evangelización promovida por Juan Pablo II en el postconcilio, y cuyos resultados no acabamos de distinguir todavía. Y es que de lo que se trata es de modificar los cauces para alcanzar el corazón y las mentes de una generación postcristiana, tan diferentes a las de 1962, cuando comenzara el Vaticano II. Nos ha llegado el momento de cambiar de verdad para encontrarnos también de verdad con la sociedad, sin subterfugio alguno.

A esta tarea somos llamados creyentes. A ninguna otra.

Norberto Alcover

Profesor de la Universidad Pontificia de Comillas

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