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Las tres reformas posibles del Estado Autonómico

Juan José Solozábal
martes 30 de octubre de 2012, 20:40h
Cuando se habla de la reforma del nuestro sistema autonómico, pueden tenerse en mente tres posibilidades, que conviene distinguir claramente. Se trata de la rectificación centralista, de la superación confederal y de la profundización federal. A mi juicio la rectificación centralista del modelo autonómico tiene dificultades, constitucionalmente hablando; en cambio la superación y la profundización pueden reclamar verdadera continuidad con el sistema actual del Estado autonómico. Creo que ni la superación ni la rectificación del orden autonómico parecen plausibles desde un punto de vista lógico. Me inclino en cambio por las ventajas de la profundización federal.

Una reforma contemplada como rectificación podría pensarse en términos estrictos, pero sobre todo en términos más sutiles, aunque también claramente. Hay muy pocos que aboguen manifiestamente por recuperar la forma centralista de Estado, acabando con el sistema autonómico, así rebajando lo que es la descentralización política a una mera descentralización administrativa. La transformación se presenta de manera más disimulada, como neocentralismo que se propone rectificaciones para la recuperación por parte del Estado central de competencias importantes, que conllevarían una reapropiación centralista, así en educación, sanidad, o subrayando la legislación básica o la competencia de coordinación del Estado central. Se trataría de propuestas que no se presentan como rectificación de la organización del Estado, pero de verdad equivalen a ello.

Dudo que estas reformas sean lícitas constitucionalmente hablando, especialmente si por su hondura alcanzasen a la base democrática del Estado, verdadero límite lógico a la reforma constitucional. Es tan fuerte la identificación entre descentralización y democracia en el orden constitucional español que una desustanciación del sistema autonómico, que desde luego no se produce por la mera recuperación de algunas competencias por el Estado central, tendría una siginificacion antidemocrática que carece de base constitucional alguna para llevarse a cabo.

No es exactamente la misma situación si se piensa en una reforma constitucional que suponga la implantación de la organización confederal sobre el Estado autonómico. Si se entiende por confederación una forma política en la que el poder fundamental, la soberanía, corresponde a diversos sujetos o pueblos, si que hay entonces en el sistema confederal una condición demócratica , aunque el demos sea diferente, pues ya no estaríamos hablando del pueblo español, sino de los pueblos de España o del Estado español, los cuales recuperarían su soberanía en esta modificación y acogerían una Constitución, que conservaría la soberanía en estos titulares diversos. La soberanía tendría una condición plural, y las instituciones comunes dispondrían de competencias mínimas, cuyo ejercicio dependería del consentimiento de las organizaciones políticas de los pueblos a las mismas. Pocas instituciones comunes, con dominio siempre sobre los ciudadanos a través de las instituciones propias, que podrían abandonar la confederación cuando lo quisieran. Soberanía plural y dominio consentido. Tal organización no puede presentarse como forma estatal, pues verdaderamente la confederación no es un Estado compuesto, sino un complejo de Estados, casi más una Unión internacional. Esta modificación con tal alcance radical, no tiene constitucionalmente hablando obstáculo para que pueda llevarse a cabo; otra cosa es el acuerdo que suscite. Se convendrá en que la opción por esta alternativa, vista la experiencia histórica al respecto, sería sencillamente un disparate.

Entre estas dos posibilidades de modificación, la rectificación y la superación de que hablamos, hay un tercer camino, que es el camino de la reforma en el sentido federal, reforma que es una profundización, no una rectificación o degeneración del Estado autonómico. Se acoja este nombre o no, se utilice una cláusula definitoria o no en tal sentido, lo que se propone aquí va en esa dirección. Se ha dicho que el federalismo tiene muchas apariencias (many faces), con independencia del nombre, y la cuestión del nominalismo quizás no es sustancial, de modo que el Estado autonómico permitiría modificaciones, competenciales o institucionales, en la línea federal, se acoja o no la rotulación correspondiente o estricta. Pero sobre la cuestión del nombre, mejor hablamos en otra ocasión.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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