www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Obama: el reto del universalismo contra los nacionalismos

sábado 03 de noviembre de 2012, 18:35h
Hace 4 años el mundo miraba con una nueva esperanza el desenlace de las elecciones presidenciales de EEUU. La posibilidad de que esta gran potencia tan libre y a la vez tan prejuiciosa eligiera un presidente negro suponía la ruptura de las barreras más grandes de la discriminación que había afectado a la población negra durante la mayor parte de la historia del país. Junto con el hecho de que este candidato se presentaba con un discurso conciliador, abierto, no dogmático, no belicista por principio, con un carácter social y como siempre, con un discurso fuerte sobre la libertad entendida más allá de su mero carácter económico, implicaba un gran paso, -no solo para el propio EEUU, sino para el mundo entero que sabe que baila al son y al ritmo de este gran país- para comenzar a cambiar un mundo que había girado peligrosamente hacia extremismos múltiples tras el 11-S, y donde la radicalización de los nacionalismos era uno de los síntomas mas graves.

Como buscando un orden, fuera cual fuere, cada trozo de mundo post muro de Berlín y post 11-S había optado una vez más por encerrarse en su mismidad, cada estado en sí mismo y las armas como su mejor instrumento. Liderados por la administración Bush y exaltando el nacionalismo facilón de un EEUU tocado, muchos países se sumaron al belicismo interviniendo Afganistán primero y luego toda la región sin que la población de esos países se alterara demasiado ni por mucho tiempo. Se dejó hacer, se dejó matar sin que dentro hubiera ni siquiera la conciencia de lo que estas guerras estaban provocando allá donde estallaban las bombas.

Cuatro años después de la elección de Obama no ha habido grandes cambios en el mundo. La crisis económica ha hecho, si cabía, girar todavía más la mirada de los pueblos hacia su mismo centro ayudados y alentados por la propaganda que ha puesto en circulación nuevos discursos nacionalistas, como si la ayuda económica a un país vecinos supusiera un riesgo para uno mismo, las suspicacias y las hostilidades entre países han vuelto a la tapa de los periódicos oponiendo de nuevo a Francia con Alemania, el norte de Europa con el sur y de última, EEUU-Europa.

Y una se pregunta si no resulta al caso una evidencia de perogrullo que la crisis no se resolverá marcando las diferencias sino encontrando lo que todos los países tienen en común. El verdadero trabajo para una salida de esta crisis que es la necesidad de un nuevo orden para un desarrollo conjunto de los estados debe pasar por la lucha contra el hambre, por la asistencia universal de la sanidad, por la educación con objetivos renovados en la era digital, y sobre todo por la lucha por la libertad en todo el mundo por igual.

Luchas que son tan necesarias como siempre pero más posibles que nunca, hoy contra el universalismo libre y plural surgen las pequeñeces de los nacionalismos que no hacen sino evidenciar como la perspectiva política y de la opinión pública está errada desde la raíz.

Quizá Obama no produjo el “Change” que hizo ilusionar a millones de personas, pero de matices vive la política a falta de algo mejor, y cuatro años más -y con más motivos en medio de esta crisis mundial en la que tanto estamos perdiendo todos- serán mejor en rojo que en azul.

Desde la vieja Europa deberíamos dejar de mirarnos los estrechos ombligos de los estados y volver a aspirar a una verdadera unión política donde la mediocridad de las amenazas de Cataluña y Euskadi se convierta en un sinsentido porque ya no haya lugar para reclamar al vecino sino para tenderle la mano y buscar el bien común.

'Común', ¡qué palabra tan bella y tan medianizada que debería ayudar a buscar eso que nos une a los europeos y más allá, éstos con los americanos del norte y del sur, con los asiáticos y los africanos, y los australianos, eso que nos preocupa por igual, eso que nos hace posible la vida por igual!. Porque las diferencias son muchas pero no son ni buenas ni malas en sí mismas, sino solo en función de como las vivamos.

Cerrándonos en nosotros mismos como individuos, como pueblos y como ciudadanos nos equivocamos de camino. Solo imaginando un destino común de verdadera convivencia plural y libre encontraremos la respuesta al malestar de la cultura hoy.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.