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PUESTA EN ESCENA POÉTICA

No somos ángeles, de María Caudevilla, la poesía en los tiempos del cólera

domingo 04 de noviembre de 2012, 09:30h
No somos ángeles, de María Caudevilla
Directora de escena: María Caudevilla
Música original: Jaume Carreras
Intérpretes: Luis Escudero, Sara Campbell, José Manjón, Elisa Niño y Quique Fernández
Lugar de representación: En gira por España

Por RAFAEL FUENTES



Dentro de la escena emergente, la creadora María Caudevilla merece una atención especial. Y dentro de su producción, el drama No somos ángeles certifica su salto definitivo a un teatro maduro a través de un puñado de personajes jóvenes que dicen adiós a sus recuerdos y fantasías adolescentes en torno a un hecho traumático que les golpea dolorosamente y les obliga a poner los pies en la tierra pero sin renunciar a sus proyectos e ilusiones. Aunque a partir de ese instante, serán ilusiones recorridas trabajosamente con los pies, y no sobrevoladas imaginariamente con las alas de las águilas o de los ángeles.

PIE DE FOTOLa primera obra de Caudevilla: Sueño Lorca o El sueño de las manzanas, cargada de imaginación visual inspirada en la poesía lorquiana, hizo declarar con justicia a Ian Gibson que se trataba de “la obra más conmovedora sobre el poeta el poeta granadino que he visto en muchos años. ¿Visto, digo? No, esta obra no se ve, esta obra nos hace vivir Lorca casi desde dentro.” Ahora, No somos ángeles se adentra aún más en un fresco y juvenil teatro poético, no un texto en verso, sino una lírica que surge de las situaciones y la puesta en escena. Se trata de una poesía de la precariedad. Los textos de María Caudevilla surgen de una exploración previa mediante improvisaciones con los actores, lo que le proporciona a su poesía un vínculo privilegiado con el aquí y ahora, que en estos momentos –o quizá siempre fue así-, es fugaz y frágil, sin el revestimiento de ninguna riqueza material, suplida por la humilde riqueza de una intensa veta de lírica escénica.

Este adiós a la primera juventud que es No somos ángeles se articula en torno a un grupo de actores que se han encontrado casualmente en espacios públicos a través de un desencuentro o conflicto inicial que, después, dará paso a profundos vínculos. Lo primero que destaca de ese dinámico grupo es su carácter intercultural, algo que refleja a la propia compañía teatral Baraka, que ha tejido interesantísimas líneas de conexión entre España, Hispanoamérica, Estados Unidos e Inglaterra. Unos personajes son españoles, otro argentino, otro anglosajón. Un síntoma de globalización que resulta creativo incluso a través de las equivocaciones y malentendidos del primer encuentro entre el español Eloy y la extranjera Claire, donde, sin apenas balbucear el idioma el uno del otro, salta un feliz error de comprensión en el que quizá se encuentre una de las claves de No somos ángeles. Para Claire, el nombre de Eloy le suena a El-oy, mejor sería decir: El Hoy. Y eso es precisamente Eloy: es el hoy, el inapelable ahora, el Today de Claire. Más todavía cuando Eloy sufre un accidente que al menos de forma transitoria no le permite casi moverse ni andar ni recordar nada de su vida, sino solo experimentar las impresiones inmediatas.

PIE DE FOTOEloy encarna así una inteligente paradoja, porque esa situación reafirma más su liderazgo en el grupo precisamente por el sufrimiento y la necesidad de apoyo mutuo. La obra se va confeccionando como un lírico rompecabezas en torno a él, donde los demás integrantes del grupo teatral dan rienda suelta a sus recuerdos, sus frustraciones y sus ilusiones que solo al acabar la obra deja ver el dibujo final que se ha ido construyendo pieza a pieza. Cada trozo del puzzle posee su propia intensidad emocional que nos revela las conmovedoras contracciones de la vida cotidiana.

Particularmente emotiva es la rememoración de la partida del padre de Claire, que se acerca a ella en forma de un abrigo vacío que le dice: “Siempre en todo momento estaré contigo”. Esa paradójica presencia ausente nos llevaría a pensar en el drama de los padres que abandonan a sus hijos con buenas formas y consoladoras palabras, cuando un recuerdo de Alejo nos informa de que su padre siempre estaba presente, presencia que no garantizaba ninguna cosa porque no se enteraba de nada. La verdad, con mayúsculas, se torna auténticamente elusiva y requiere una fatigosa persecución.

María Caudevilla juega con multitud de formas teatrales, el soliloquio, los diálogos colectivos, los títeres, muñecos y maniquíes, que proporcionan al actor una compañía tan fructífera. Sin embargo, es difícil sustraerse a la sugestión de sentir a ese grupo teatral como una sutil metáfora que abarca PIE DE FOTOa toda la generación española que da en estos años su definitivo adiós a su primera juventud en una repentina situación de carencia e incertidumbre. También, dentro de ese emblemático grupo teatral, no es difícil presentir el acertadísimo simbolismo de Eloy, condenado a vivir un Today, un precario ahora dentro de la máxima inseguridad e indeterminación hacia el futuro.

Lo que singulariza a María Caudevilla es que esa incertidumbre no la decanta hacia la amargura o el rencor, menos aún a esa estéril cólera que se agita hoy tempestuosamente. Más bien nos muestra esa tormenta como un reto para recuperar nuestras mayores reservas de solidaridad, energía e ilusión. Así lo expresa mediante las palabras de Eloy que nos llegan a través del recuerdo de Claire: “Yo siempre apuesto por imposibles”. Y esa arriesgada apuesta es la que permite convertir los imposibles en posibles, aunque sea nutriéndose de la propia adversidad. Algo que le sucede al teatro emergente de María Caudevilla, al que vemos crecer alimentándose de lo hostil y desfavorable gracias a unas equilibradas dosis de fe, sensibilidad e inteligencia.
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