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DE REVÓLVER A COMITÉ

Carlos Goñi: "Me daría muchísimo pudor cantar ahora algunas de las letras que escribí en los ochenta"

viernes 09 de noviembre de 2012, 09:00h
Recién cerrada la última gira de Revólver, Carlos Goñi se niega a dejar la carretera, ni si quiera por unos meses. El músico valenciano ha arrancado un nuevo proyecto que este viernes aterriza en la sala Galileo Galilei de Madrid y que recupera los temas del mítico grupo con el que Goñi se dio a conocer en la capital del Turia, Comité Cisne. Este ‘neo’ Comité –pierde el apellido “por elegancia”, ya que el resto de componentes del original no participan en esta gira-, no pretende una continuidad, sino ofrecer algunas canciones de entonces “revisadas” por quien las escribió hace más de veinte años y dotarlas de un sonido “durísimo y muy actual”. Negando cualquier sentimiento nostálgico como motor de este Comité, Goñi sí reconoce que rebuscar en los acordes de aquella época ha sido como descubrirse en una foto antigua luciendo hombreras: “Gran parte de las canciones han pasado muy bien el corte de los años y también hay otras, letras que escribí yo, que me daría muchísimo pudor cantar ahora”, reconoce Goñi. Por Laura Crespo
Por qué volver a subir a las escenarios las canciones del mítico grupo de rock valenciano de los ochenta que precedió a Revólver?
Es algo así como Revólver girando con los temas de otro grupo, en ese caso e Comité Cine. En realidad, ni se ha vuelto a montar Comité Cisne ni nada por el estilo porque estoy girando yo con el bajista y el batería de Revólver. No hay nada ‘remember’ porque lo odio, ni nada nostálgico porque yo creo siempre que lo mejor está por venir. Lo que sí es cierto es que después de haber acabado la gira de Argan –el último disco de Revólver-, en vez de dedicarme a estar unos cuantos meses tomando el sol, preferí embarcarme en esto porque me apetecía muchísimo. Había vuelto a revisar las canciones porque pensaba que había un repertorio muy chulo para tocar y porque una de las ilusiones de mi vida es girar a trío, sólo con guitarra, bajo y batería. Con esta formación el sonido es mucho más rocoso y pensé que algunas canciones de Comité Cisne iban al pelo. También te obliga a tener que tocar de otra manera, a tener que currar mucho más.

Comité Cisne llenó salas en Valencia pero no llegó a tener un verdadero reconocimiento a nivel nacional. ¿Es Comité una forma de compensar a aquel proyecto, de demostrar su verdadero potencial?
Puede ser, pero no es lo principal. Eso sí, jamás se me ocurriría echar la culpa a nadie de que Comité Cisne no fuera más exitoso. Creo que la culpa fue exclusivamente nuestra.

¿Podríamos decir que en su discreta trayectoria tuvo algo que ver la suerte?
Mi concepto de la suerte es que la buena suerte es no tener la mala. Creo que debe de ser horrible levantarse una mañana, ir al médico y que te digan que tienes cáncer y que te mueres. Eso es mala suerte. Todo lo que no sea eso, todo lo que no sea tener mala suerte, es tenerla buena. En el caso de Comité, no hay nadie a quien echarle la culpa, ni siquiera a la suerte. Sencillamente nosotros no lo hicimos bien, éramos nosotros mismos los que le poníamos los palos en las ruedas y, en muchos aspectos de lo que hubiera sido la viabilidad, lo hicimos fatal. Dicho esto, es cierto que en Valencia fue una banda importante. Era la apuesta valenciana en la que todo el mundo confiaba para entrar a formar parte de los grandes. Por cierto que muchos de ellos, de los consagrados en la época, cuando venían a Valencia no tenían más remedio que tocar detrás de nosotros porque si no la gente se iba. Eso era así, pero en cuanto cruzábamos la frontera con Cuenca no nos conocía ni Dios.

El relativo fracaso de Comité, como el de muchas otras bandas de rock, ¿tuvo algo que ver con no querer, por una clase de principios poco compatibles con la fama, pasar por determinados aros?
Sí, puede ser. Era algo mal entendido. La perspectiva de los años me ha dado otra visión y ahora creo que a veces teníamos conceptos un poco provincianos. Mientras todo el mundo entendía que había que hacer ciertas concesiones, tipo playback, salir en televisión o hacer actividades promocionales diversas, nosotros, muy dignos, nos negábamos a hacerlas. Esto era absurdo y significaba hacer gala de un provincianismo de lo más estúpido. Y así nos fue.

¿Hubo proposición al resto de los miembros de Comité Cisne para este nuevo proyecto?
Sí, claro. Mucha gente puede creer que he sido un soberbio y que no les he invitado, y eso no es verdad. Al primero que llamé fue a José Luís Macías, que era el teclista, y lo declinó elegantemente. Después, un día fuimos a cenar el bajista, el batería y yo. Fue una cena maravillosa, muy emotiva, porque hacía casi veinticinco años que no nos veíamos. Sí que empezamos a trabajar, pero llegó un momento en el que este proyecto me enamoró lo suficiente y vi que podía funcionar. Yo no quería que esto fuera un concierto para los amigos. Bajo mi punto de vista, el trabajo que requiere hacerlo para 300 amigos es, como mínimo, el mismo que requiere hacerlo delante de 10.000 tíos en Las Ventas. Se trata de hacerlo lo mejor que sabes. Ahí fue donde los veinticinco años empiezan a pasar factura y te das cuenta de que la vida de cada uno es la vida de cada uno. Yo he seguido aquí, pero los otros componentes han seguido otros caminos, más o menos relacionados con la música, pero sin tanta disciplina. Eso conlleva que, al final, nuestras vidas son muy diferentes. Era un poco menos que imposible intentar conjugarlo todo. Ahí lo dejamos, pero yo en lugar de abandonar el proyecto llamé a mi bajista y mi batería y proponérselo. No quería que esto se me quedara en el tintero.

¿Por qué Comité Cisne se queda sólo en Comité?
Porque no es Comité Cisne. Me parece lo más elegante. De lo contrario, sería usurpar, ofrecer algo que no es cierto. Comité Cisne era lo que fue y esto no es. Nadie que venga a ver esto se va a encontrar ninguna reminiscencia de lo que fue Comité Cisne porque todo lo que suena a los ochenta me lo he cargado. No me gustan los ochenta. Es un Comité Cisne bajo mi punto de vista, por llamarlo de alguna manera. No de cómo debería de haber sido en su momento, sino de cómo es ahora.

¿Y cómo es el sonido de este Comité actual bajo la mirada del Carlos Goñi de este siglo?
Durísimo. Es un ‘power trío’ que suena muy bien porque tengo la fortuna de trabajar con músicos excelentes y estamos muy acostumbrados a tocar juntos, nos conocemos. Las canciones, francamente, me han sorprendido muchísimo. Gran parte de ellas han pasado muy bien el corte de los años, otras no tanto y por eso no las voy a tocar. También hay algunas canciones de entonces que me daría muchísimo pudor cantar ahora. Letras que escribí yo. ¿“Lágrimas en un pañuelo que en el aire morirán”? Esto no lo voy a cantar. Y como esta, unas cuantas más. Pero hay otras de las que estoy orgullosísimo, que suenan muy bien, muy duro y muy actual. Estoy feliz, me lo estoy pasando muy bien.



Queda claro que no es nada nostálgico ni de mirar al pasado con pena, pero ¿no es inevitable, con un proyecto así, pararse a echar cuentas y hacer balance?
Puede ser, porque es cierto que esto ha conseguido que me sienta más orgulloso de lo que hicimos, mucho más de lo que he estado los últimos veinte años. Durante mucho tiempo he abominado aquello, pensaba que no me gustaba y que estaba mal. A día de hoy, me quedo con lo bueno: creo que las canciones eran buenas y creo que, aunque lo podríamos haber hecho mejor, es lo mejor que lo pudimos hacer. ¿El balance? Hace que me sienta más orgulloso todavía de todo lo que he hecho en estos treinta años en la música. Puedo mirar atrás sin excesivo rubor, lo cual está muy bien.

De Comité Cisne destacaban, sobre todo, sus directos. Ahora que la industria discográfica ha pasado o está pasando por uno de sus peores baches y que las ventas de discos no están en su mejor momento, ¿vuelve a tener mucho más peso el directo en la carrera de los músicos?
Habrá artistas cuya carrera haya sido así, pero en mi caso, cuando alguien me dice que con la situación actual voy a tener que volver a la carretera, siempre digo lo mismo: “Yo no me he ido nunca”. Lo que más me gusta en el mundo es tocar, por lo que siempre he seguido esforzándome en los directos. Lo que sí es verdad es que ahora tienes que tocar en más sitios, por mucho menos dinero y delante de mucha menos gente. ¿Y qué? ¡Nada! Me dejo la vida igual que siempre. No sé hacerlo de otra manera. Cuando la industria se caiga a pedazos, con o sin ella, yo seguiré tocando.

¿Es este nuevo Comité un proyecto a largo plazo?
No, tiene principio y final claramente. El final será seguramente durante este año que viene. Ni va a ser un proyecto paralelo a Revólver ni voy a escribir canciones para esto. Sería absurdo porque serían canciones de Revólver y eso sí sería una estafa.

¿Cómo ve el momento de la industria discográfica? ¿Han tardado las compañías demasiado en adaptarse a los nuevo canales?
No es que hayan tardado, es que aún están en las nubes. Como no se enteran, en vez de procurar encontrar la manera adecuada para hacer lo que les corresponde, lo que hacen es coger de otros sitios desde donde no les llegaba antes: de los conciertos, del ‘merchandising’… Así no es. Ellos tienen su negocio, que es el de hacer discos y hacer que sean rentables, ¿por qué no dedican las fuerzas a intentar que sean rentables? Podrían ponerse de acuerdo, por ejemplo, para crear una plataforma propia donde subir su música. Lo que ocurre es que estas soluciones han de salir de ellos porque esos deberían ser sus problemas. Los míos son otros, como que antes tocaba por un caché alto en plazas de los pueblos con dinero público y ahora me la tengo que jugar yo con mi dinero, tocar en sitios mucho más pequeños y cobrar muchísimo menos. A mí no se me caen los anillos porque me encanta tocar, pero es que encima no hay otra. El problema es cuando necesitas siete músicos porque tú solo no suenas, un equipo de 40.000 vatios y 200.000 de luces. A día de hoy adquiere más importancia que nunca la figura del tipo que consigue emocionarte con la voz y la guitarra. Eso sí es factible y asumible para un empresario.

Hoy hay muchas plataformas para darse a conocer, sobre todo en Internet, pero tenemos este problema económico… ¿es más difícil ahora empezar a vivir de la música que cuando empezaban Revólver y compañía?
Es más difícil porque al haber menos dinero, si tu grupo es de seis, seguramente no podáis vivir los seis. La capacidad de crecimiento es muy poca. Creo que es un momento en el que probablemente va a haber una eclosión brutal de dúos, tríos como mucho y, por supuesto de tíos que vayan ellos solos, lo cual va a obligar a componer mejores canciones y tocar mejor. Cuando tocas tú solo se te ve el alma como si fuera papel de fumar, así que ya no va a valer cualquier cosa.
También es cierto que en España era el único país del mundo en el que la industria de la música funcionaba así. Cuando son las fiestas de un pueblo de Estados Unidos no llevan a Bob Dylan a tocar gratis en la plaza. Es así en todo el Mundo menos en España, donde la hija del concejal de turno le pide para su pueblo al cantante de moda, aunque cueste 50.000 euros, porque papá recalifica dos hectáreas y ya hay dinero.



Dejando de lado la industria, personalmente, ¿mejor en digital o en formato físico?
Tengo la música de todas las formas. Ahora mismo tengo dos discos duros de 170 gigas llenos de música porque soy un comprador de discos compulsivo. Hace muchos años tuve que vender mi colección de 5.000 vinilos porque no tenía un duro. Y tengo como 8.000 CD’s. Cuando me parece muy importante, me compro el formato físico y cuando no, me lo descargo de iTunes.

¿Cuál es su última descarga?
La verdad es que me gusta todo tipo de música: jazz, música africana, música sudamericana, rock americano e inglés, música clásica… Me gusta mucho un tío que se llama Facundo Cabral que descubrí cuando se murió y fue una pena. Lo último que me he bajado han sido dos canciones suyas que quería tener.

¿Se ve haciendo otra cosa que no sea tocar y componer?
Mi profesión frustrada era haber seguido jugando a balonmano y haber sido profesor de literatura. Igual es tarde, pero si tuviera la carrera o si me dijeran que mañana mismo puedo ser profesor de literatura, me gustaría. Hubiera sido tremendamente feliz.

Este nuevo Comité ha pasado ya la primera prueba ante el público en Valencia…
Esa prueba no es real porque estábamos en casa, y eso tiene una cosa buena y una cosa mala. Por un lado, todo el mundo se lo conoce todo, y eso es fantástico porque durante el concierto te llevan en volandas. La cosa mala es que tienen con quien comparar, con el original. Si lo hubiéramos hecho solamente bien, me hubiera crucificado. Pero el concierto fue soberbio: todo el mundo salió muy contento y las críticas han sido muy buenas.

¿La de Madrid de este viernes en Galileo es, entonces, la prueba definitiva?
Aquí se invierte: la parte buena es que no me van a comparar con el antiguo y la parte mala es que nadie conoce las canciones. Aún así, les va a encantar porque el sonido es durísimo, muy potente. Pero una de las cosas por las que también me apetecía hacer Comité es porque el riesgo me gusta, y este es un proyecto arriesgado. Llevo muchísimo tiempo acostumbrado a que cualquier concierto que hago es single tras single, todo el mundo lo conoce todo. Ahora me voy a enfrentar al público con quince canciones de las que nadie sabe nada. Pasará lo que tenga que pasar. Cuando acabe la canción, si les ha gustado aplaudirán y si no, no, pero por el medio nadie va a cantar conmigo y eso tiene un punto de riesgo que a mí me atrae muchísimo.

¿Es inconformista
Hasta la médula. Para mí nada está nunca suficientemente bien. Soy perfeccionista por naturaleza, muy cabezón y muy curioso. La cabezonería y la curiosidad, si las juntas, molan, pero también soy consciente de que por este motivo a veces es difícil trabajar conmigo. Sobre todo, no me gusta acomodarme. Cuando sé cómo son las cosas en un sitio, me marcho a otro.

¿Qué pasa con Revólver?
Que el año que viene sale disco segurísimo, incluso puede que salgan dos. Revólver es mi vida, mi proyecto y es algo que me permite una libertad absoluta y me hace muy feliz.

Este viernes, 9 de noviembre, Goñi estará en la sala Galileo Galilei de Madrid presentando el álbum de Comité, que se publicará en próximas semanas. El primer single de este Comité 2012 es Licor:
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