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8-N: Argentina y CFK un año después

sábado 10 de noviembre de 2012, 18:13h
Hace un año Cristina Fernandez de Kirchner ganó las elecciones a la presidencia de la nación argentina en una convocatoria a las que no se iba a presentar. Era Nestor, su marido, el que iba a tomar el relevo tras el primer mandato de él y el primo de ella, de forma que en la alternancia tenían la fórmula de la presidencia eterna eludiendo así la ley argentina que prohíbe ser presidente más de dos legislaturas consecutivas. Pero la eternidad no existe y Nestor murió poco después de proclamarse como candidato. Así, ella, de luto, se tomó su tiempo de reflexión. Pocos apostaban por ella sin él y hasta wikileaks desveló una cierta preocupación de la diplomacia internacional por su estado de salud mental. Y ella decidió presentarse. Y ella ganó con una mayoría casi inaudita en la historia electoral de este país. Pero así como los muchos que la votaron la quieren, los que no la votaron la odian. Esta polarización de la sociedad argentina está en la calle dificultando en muchas ocasiones hasta los debates críticos sobre política, que hoy no es más que mucha, mucha muchísima propaganda.

Un año después esa mayoría de votos se ha disuelto en parte. Desde el apoyo de los sindicatos que ni se atrevían a chistarla y ahora le dan la espalda, intendentes afines a ella que ahora callan cuando hay que defender algún desmán, hasta muchos ciudadanos de clase media que fascinados por las leyes de medios y de defensa de los derechos humanos pensaron que por fin la progresía alcazaba a la caciquil Agentina, muchos de ellos también están hoy en la calle.

¿Pero qué levanta a la sociedad argentina y la hace tomar las cacerolas y salir de sus casa y negocios? Hoy por hoy, no se trata tanto de las leyes sino de las consecuencias económicas que están produciendo tantas mentiras.

El primer desmán-mentira es la proliferación de “Planes”, ayudas del gobierno a las madres, a los enfermos, a los discapacitados, a tantos y tantos que se cuentan por centenares de miles los planes. Planes que en el colmo del cinismo se llaman “Plan niño”, “Plan trabajar” y que incitan precisamente a que no trabajen. Este es el método “K” para mantener a una masa empobrecida de la población como voto cautivo. Un ejemplo de la proporción de la proliferación de estos planes es un pueblo del norte del país que cuenta con 30.000 habitantes y 11.000 planes, muchos de ellos productos de pensiones por invalidez que son ficticias y que se logran con la venia de algún médico y la ceguera de todo un aparato burocrático. El centro comercial del pueblo es un hervidero de dinero que circula y circula. Las colas para sacar el dinero del banco los primero días del mes son de varias cuadras. Y a nadie le importa esperar un día entero para retirar sus 1000 o 1500 pesos, porque no tienen nada más que hacer que esperar a que la máquina les de su dinero, lo gastan en unas pocas horas y luego se retiran a sus casas en el campo a esperar el primero del mes siguiente mientras toman mate y ven la vida pasar sin hacer nada.

Esta masa es la verdadera base electoral de Cristina, herencia de Néstor bien cultivada que sin embargo tiene graves consecuencias: la primera en cuanto al progresivo empobrecimiento social que implica esta política y la segunda, en cuanto al empobrecimiento del estado que todos los meses tiene que desembolsar cantidades ingentes de dinero para mantener esta situación.

Entre tanto, un año después de la victoria la situación se ha vuelto insostenible. Por ello han tenido que implantar un cepo cambiario para tratar de mantener el peso argentino con vida ante la constante fuga de capitales a dólares. Hecha la ley, hecha la trampa: el mercado negro de divisas hoy goza de su máxima salud y mientras la inflación crece y crece.

Hace un año una cerveza de un litro en España costaba en el supermercado aproximadamente un euro. En Argentina costaba más o menos 5 o 6 pesos que al cambio equivalía a algo más de un euro. Hoy la cerveza argentina cuesta ya 10 pesos, que a cambio oficial es más de un euro y medio aunque a cambio en el mercado negro sigue siendo un euro y poco. La gasolina en este mismo año ha pasado de costar 5,5 pesos el litro a 7 y 8 pesos. La yerba mate costaba 10 pesos el kilo y hoy cuesta entre 15 y 20 pesos. Y etcétera, etcétera etcétera.

Para mantener la ficción económica, tras expropiar YPF y generar todavía más inseguridad jurídica para las empresas internacionales que invierten en el país, se han cerrado las exportaciones para evitar que la balanza comercial se descompense demasiado. Los productos argentinos no son competitivos en el exterior por la farsa cambiaria, así que miles de contenedores se pudren en los puertos sin que puedan entrar los productos. Empieza a haber falta de abastecimiento de materias primas plásticas por ejemplo, no se encuentran repuestos para máquinas industriales o caseras ni para coches y entre tanto, se supone que la industria argentina se frota las manos con un supuesto aumento del mercado interno. Pero no llega ni a eso porque la industria argentina no produce de todo ni de buena calidad y el argentino lo sabe, acostumbrado a épocas de bonanza en que compraba en Miami y en Europa, no es fácil de engañar.

Así las cosas, la judicatura tampoco se salva de estar intervenida. El cambio de jueces favorables en causas que afectan a los miembros del gabinete de la presidenta es un secreto a voces, la falta de independencia del poder judicial afecta a la ciudadanía que no ve justicia ni para los ricos ni para los ladrones que proliferan aumentando la sensación de inseguridad. Este escenario por supuesto viene azuzado por los medios de comunicación que van a perder mucho de su poder en 7 de diciembre cuando se aplique la ley de medios, apoyando así una visión del estado de la nación casi cataclísmica que el ciudadano medio de alguna manera cree porque también, en cierto modo, se basa en datos reales que el ciudadano puede comprobar por sí mismo. Claro que las interpretaciones no son datos y son nuevamente propaganda, propaganda y más propaganda aunque en el sentido de la oposición al gobierno.

Así los argentinos llevan saliendo a la calle los últimos meses cacerola en mano denunciando su malestar y la incertidumbre preocupante de hacia donde va el país, panorama oscuro en el que probablemente Cristina caerá, otros y otras le sucederán sin mucho drama, pero en todo caso será la ciudadanía argentina la que más pierda.
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