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CRÍTICA

Paul Auster: Poesía completa

Paul Auster: Poesía completa. Traducción y edición de Jordi Doce. Seix Barral. Barcelona, 2012. 328 páginas. 18,50 €
Seix Barral publica por primera vez en España la Poesía completa de Paul Auster, que ofrece una ampliación de la antología titulada Desapariciones editada por Pre-Textos y Anagrama anteriormente. La aparición de este libro de Auster supone un paso adelante más que sustancial en el conocimiento de su obra y sus raíces literarias, pues en él encontramos facetas poco conocidas de su producción. Desapariciones fue un libro sorprendente para la gran masa de lectores que Auster posee en nuestro país, debido a que, por lo general, a pesar de la poeticidad y elaboración estructural de muchas de sus novelas (por ejemplo, Trilogía de Nueva York), su lírica resultaba mucho más compleja, hermética y desconcertante. La narrativa de Auster tiene la virtud de funcionar en distintos niveles de lectura debido a su alto grado de depuración estilística, pero en muchos casos ha sucedido que esa aparente sencillez ha sido malinterpretada o poco meditada. La edición de la poesía completa de Auster, al igual que sucede con sus ensayos y su obra autobiográfica, nos ayuda a reorientar la lectura de muchos de sus trabajos populares y a reinterpretarlos desde una perspectiva más profunda y filosófica.

Este hecho ya se vislumbraba en la lectura de Desapariciones, pero resulta mucho más radical con la publicación de Poesía completa. Aquí aparecen rasgos de su escritura que resultan mucho más acusados debido a la desnudez y el desgarro; todo ello, a pesar de que Auster siempre mantenga una considerable distancia y un notable grado de hermetismo en su lírica. En ese sentido el trabajo que ha llevado a cabo Jordi Doce, uno de los más destacados traductores de nuestro país en lengua inglesa, es encomiable, pues no ha dudado en revisar su propia traducción de los poemas contenidos en Desapariciones para ofrecérselos al lector en una nueva versión. Ese mismo esfuerzo enriquecedor que ha llevado a cabo Jordi, Doce parece también la condición necesaria para todos los lectores habituales del estadounidense que quieran dar cabida a un nuevo punto de vista sobre su obra.

Poesía completa incluye sus ocho libros de poemas, junto a un texto titulado Notas de un cuaderno de ejercicios (1967), que constituye una suerte de poética cercana a lo aforístico. Todos sus trabajos poseen un carácter propio a pesar de la fuerte recurrencia simbólica y temática de los mismos, y de su cercanía temporal (escritos entre 1970 y 1979). La poesía de Auster, a diferencia de lo que sucede con otro narrador popular estadounidense contemporáneo como Raymond Carver, no es de carácter narrativo. Su estilo es fragmentario, cortante y abrupto (incluso cuando practica el poema largo), y se ocupa más de lo existencial del ser humano en relación al lenguaje y la escritura que de los incidentes externos de lo cotidiano. Además, contiene unas intensas dosis meditativas asociadas al dolor y al desgarro expresadas en forma de imágenes que resultan muy notables. En la mayoría de los casos, Auster lleva a cabo una frecuente utilización de símbolos (colores, muros, el ojo y la visión, diversos tipos de aves, las piedras, la respiración, etc.) y de elementos asociados a la tradición hebrea para expresarlo. La imbricación de los elementos anteriores con el ámbito de la naturaleza (en especial el paisaje) resulta magistral en su poesía. Es ahí donde el trabajo del autor de Brooklyn puede resultar más novedoso para la gran mayoría de sus lectores, puesto que en sus novelas lo que predomina son las acciones de los personajes y la trama, frente a este yo en primera persona que medita en alto, y que a medida que lo hace cuestiona el (sin)sentido de su propia meditación.

En ocasiones este yo resulta tan pesimista respecto al lenguaje y la existencia del ser humano como el que dibuja en el retrato de Daniel Quinn en Ciudad de cristal. Asimismo, resulta muy próximo a uno de sus maestros reconocidos, Samuel Beckett. Llama la atención cómo algunos de los poemarios del libro, los más depurados a nivel léxico (en especial Espacios blancos) semejan a una de las obras más inclasificables del irlandés, me refiero a Worsward Ho (la traducción al castellano es Rumbo a peor); un breve escrito extremadamente denso y contraído en lenguaje minimalista que deambula entre el monólogo existencial y el poema en prosa. Al lector que no conozca la poesía de Auster le sorprenderá encontrarse con un autor que se nutre de fuentes europeas como Paul Celan, Edmond Jabès, la poesía francesa del siglo XX y la obra de Maurice Blanchot. Muchos de los poemas no dejan de indagar en las mismas inquietudes que obsesionaron a los anteriores. La escritura de Auster, tras esa década (1970-1979), tomará otro rumbo y transformará el poema en prosa con el que se cierra su producción poética, Espacios blancos, en su primer libro oficial de prosa, La invención de la soledad, trabajo que recomiendo encarecidamente a los lectores de su poesía, pues de algún modo constituye el reverso de su escritura poética y el punto final de la misma.

No querría olvidar un aspecto poco explorado cuando se habla de su poesía. Se trata de la importancia que la visión, el ojo y la luz poseen en su lírica como puentes entre el lenguaje y el mundo: “Frágil amanecer: la linde / de tu lámpara oscurecida: aire / sin palabra: rosácea y redonda, plegada / corola de ceniza. / Desde el más pequeño / de tus soles, aprietas / la escaldadura: vaina / de luz aplacada: la semilla genuina /en tu palma en barbecho, hundiéndose / en la mudez. Más allá de esta hora, el ojo / te enseñará. El ojo aprenderá / a anhelar.”

Esa presencia de lo visual, preexistente en sus poemas, profetiza quizá el camino que después lo llevará al cine (recordemos su faceta como guionista y director: Smoke, Blue in the face, Lulu on the Bridge y La vida interior de Martin Frost), la fotografía o la pintura (en La historia de mi máquina de escribir, junto al artista plástico Sam Messer).

Los poemas de Paul Auster contenidos en este libro suponen un buen comienzo para una relectura de sus novelas porque en ellos se advierten de forma condensada muchos de los elementos que después aparecen en su escritura en prosa, los cuales socavan la aparente simplicidad de algunas de sus tramas de ficción. Su poesía, aparte de constituir una de las cimas de su escritura, nos traslada a zonas estéticas solo sugeridas en sus novelas. Las preguntas a las que tratan de dar respuesta muchos de los protagonistas de su narrativa son en última instancia filosóficas -generalmente metafísicas-, a pesar de que se encuentren disfrazadas de intrigas. Esa búsqueda que se plantea en tercera persona a través de los personajes de su prosa de ficción, aquí aparece completamente cruda a través de un yo lírico desnudo, meditativo y desesperado.


Este libro constituye la piedra angular para redescubrir el universo austeriano. La magnífica introducción de Jordi Doce con el título de “Manos que se abren: la poesía de Paul Auster” es la mejor entrada posible en este trabajo fundamental del autor de Brooklyn.

Por Óscar Curieses
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