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Una gran estafa

lunes 12 de noviembre de 2012, 20:19h
Las elecciones son una de las más señaladas señas de identidad de la democracia, pero hay veces en que las urnas no son otra cosa sino los instrumentos con que los demagogos, los dictadores o, simplemente, los políticos desvergonzados, manipulan –o tratan de manipular- a sus conciudadanos en su propósito de hacerlos cómplices de su impudicia y de sus desatinos. Tal es el caso –nos parece- de las elecciones que se van a celebrar en Cataluña el próximo día 25,convocadas antes de plazo y con la única finalidad de hacer de ellas un plebiscito, previo a otro: el definitivo de la independencia. Ciertamente, en las campañas electorales es muy frecuente que queden al descubierto los rasgos más deleznables de algunas ofertas políticas y de los candidatos que las encarnan, pero en pocas ocasiones se ha visto una exhibición tan obscena, tan plagada de insensateces e imposturas como las que, a diario, ejercitan Mas y cuantos siguen tras él la deshilachada bandera de la independencia de Cataluña.

Como es bastante cierto aquello de que no hay mal que por bien no venga, el descabellado proyecto de convocar un referéndum (ilegal) para que los catalanes practiquen un inexistente “derecho a decidir”, en uso de una no menos inexistente soberanía, ha servido para que voces autorizadas, de dentro y de fuera de España, expongan los argumentos de todo tipo que descalifican y hacen imposible –de toda imposibilidad- ese propósito, tan desorientado como desorientador. No vale la pena volver a repetir los argumentos constitucionales, legales, de derecho internacional y europeo, históricos, culturales, económicos y de simple sentido común que infirman esa iniciativa y llevan a sus promotores a esa zona de la infrapolítica donde habitan los demagogos, los traidores, los corruptos, en suma todos aquellos que estafan al pueblo, halagándolo y explotando sus altas o bajas pasiones, sus sentimientos más nobles o más abyectos. La tentación totalitaria siempre acecha a estos movimientos y Mas, el del mussoliniano mentón, es un buen ejemplo de ello. Retomando aquellos tristes modelos que, en buena hora, se han llevado los vientos de la historia, los nacionalistas han decretado que solo se puede ser catalán del modo y manera que ellos han establecido.

Esta aventura en la que, irresponsablemente, Mas ha embarcado a los catalanes (los nacionalistas y los no nacionalistas, los que no quieren seguir siendo españoles y los que tienen a gala seguir siéndolo, sin dejar de ser y sentirse catalanes),pero también a todos los otros españoles, me ha recordado el más conocido –y sangriento- intento de secesión que ha tenido lugar en el mundo occidental, dejando aparte las desintegraciones del mundo comunista (Unión Soviética, Yugoslavia, Checoslovaquia) que obedecen a otros patrones y otras circunstancias. Me refiero a la secesión de los estados sureños de los Estados Unidos de América que, a más de siglo y medio de distancia, tiene algunas connotaciones en su planteamiento con la presente situación catalana y que derivó en una terrible guerra civil que, por fortuna, no entra ahora en nuestro horizonte, aunque también entonces nadie pensaba que se fuera a llegar tan lejos.

El papel que aquí ha jugado el llamado pacto fiscal (“o me das el pacto fiscal o atente a las consecuencias”, que le dijo Mas a Rajoy) allí lo jugó no tanto la bochornosa institución de la esclavitud (inicialmente se pretendía mantenerla donde ya existía) como la pretensión sudista de extenderla a los nuevos territorios adquiridos o por adquirir. El mensaje que se envió a Washington era simple: extensión de la esclavitud o secesión. Aquí sabemos de ese expansionismo nacional-catalanista que tiene como lema esa bobada de los Países Catalanes. Allí los esclavistas exhibían sin rebozo sus pretensiones imperialistas: Cuba, México y América Central. Aquí los nacional-catalanistas se han cansado de ser solidarios con los otros pueblos de España y pretenden ser diferentes, no iguales a ellos. Por eso, allí se rechazó, expresamente, el ejemplo de la Revolución francesa porque de su famoso trilema, Libertad, Igualdad y Fraternidad, solo nos vale –decían- lo primero. Querían la libertad, evidentemente solo para ellos, pero rechazaban, abiertamente, la igualdad y la fraternidad, con sus hermanos del norte y, sobre todo, con los negros, que eran simples objetos de su propiedad.

Como le ha pasado a Mas en sus incursiones internacionales, finalizadas en el más completo ridículo, los secesionistas americanos se creían que el mundo estaba con ellos. Transcribo un párrafo de la historia de la política exterior de los Estados Unidos de Herring (Oxford University Press). “La diplomacia confederada se fundaba en la ingenuidad y la ilusión…De hecho, los sureños eran extrañamente ambivalentes hacia el mundo exterior. Se creían sofisticados y en línea con las elites europeas. Pero estaban fuera de onda respecto las corrientes que entonces prevalecían en Europa… y no supieron interpretar las actitudes europeas hacia su causa”. Algo muy parecido a lo que le pasa a los nacionalistas, que han pretendido presentarse como más europeos que el resto de los españoles. Más a más, como dicen por allí, Mas ha pretendido engañar a los catalanes haciéndoles creer que una Cataluña independiente sería acogida en la Unión Europea con los brazos abiertos. Pero le ha salido el tiro por la culata.

Cuando Lincoln –odiado hasta el crimen por los esclavistas- fue elegido (noviembre de 1860) la secesión se puso en marcha. Como en la Diada, multitudes enfervorizadas se echaron a la calle en Charleston, Savannah y Nueva Orleans. ¡Se habían liberado del Norte antiesclavista! Otro autor americano, McPherson, comenta: “Era un gozoso momento que impulsaba a la gente a bailar en plena calle. Su orgullosa alegría –escribe, dando un salto hasta el siglo XX- anticipaba las alborozadas multitudes que se reunieron, en agosto de 1914, en los Campos Elíseos de París, en la avenida Unter den Linden de Berlín y en Picadilly Circus de Londres en un mundo aparentemente inocente”. La terrible Primera Guerra Mundial acababa de empezar, pero “las masas” (ese término que gusta tanto a la izquierda) se creyeron que iban de desfile. Y es que, a veces, las inocentes multitudes, manipuladas por políticos desaprensivos, se echan a la calle, sin calcular las consecuencias y en la más absoluta de las inconsciencias. No les vendría mal a los nacionalistas, estudiar un poco de historia. Pero la real, no la que ellos manipulan para entontecer a sus gentes. Porque lo que está pasando en Cataluña en muy buen medida es el resultado de treinta años de intoxicación masiva, sistemática e impune. Una gran estafa.
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