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Locura colectiva

lunes 12 de noviembre de 2012, 20:26h
En Psiquiatría hay descrito un trastorno conocido clásicamente como “folie à deux” (locura a dos) y que hoy se denomina Trastorno Psicótico Compartido. Se trata de un cuadro clínico en el que un paciente psiquiátrico induce en la persona con la que convive estrechamente el delirio que padece. Los delirios son creencias falsas, cargadas de certidumbre y resistentes a toda argumentación lógica. Para que se de este fenómeno psicopatológico tienen que concurrir una serie de circunstancias. La primera es que el inductor sea un paranoico, es decir un enfermo que padece un delirio crónico pero que se muestra del todo normal y lúcido en el resto de su comportamiento, no dando la impresión de ser un enfermo. De hecho a estos enfermos se les llama también “locos razonadores”, porque conservan una extraordinaria capacidad para pensar lógicamente; capacidad para encontrar argumentos que confirmen su creencia; y capacidad para convencer a los suyos de la veracidad de sus ideas. Otra circunstancia que ha de concurrir es que el inducido mantenga con el inductor un grado alto de cercanía, de dependencia o de sumisión.

La inducción del delirio puede extenderse y el paciente contagiar o transmitir su locura a más personas de su entorno. Son tristemente famosos algunos casos en los que un paciente paranoico se erige como líder de un grupo al que contagia su delirio. Quizá sea la tragedia de Jonestown en la Guayana Británica el caso más terrible de suicidios colectivos. Ocurrió en 1978 y murieron 909 personas, incluidos 303 niños, siguiendo las directrices del pastor Jim Jones, líder de la secta “El Templo del Pueblo”. Más reciente y estrambótico fue lo ocurrido en el Rancho Santa Fe, en California, donde 39 adeptos de la secta “Heaven’s Gate” se suicidaron para transportarse así a una nave espacial que iba tras el cometa Hale. La dinámica es siempre la misma, un líder carismático paranoico muy dominante que induce en personas sumisas y estrechamente relacionadas con él, sin apenas contacto con personas ajenas a la secta, toda un sistema de creencias delirantes.

Lo de Hitler y el pueblo alemán no es muy distinto a la dinámica antes expuesta. Hay psiquiatras que aseguran que Hitler era un paranoico que contagió su patología a todo un pueblo. Cuando vemos los documentales en los que el líder nazi dirige sus discursos a los asistentes a las espectaculares paradas militares, comprobamos como enfervorizaba a las masas, como los individuos quedaban absortos contemplándole, como quedaban en última instancia abducidos. Independientemente de que fuera o no paranoico, tengo mis dudas, lo que resulta indudable es que sabía como pocos manejar a las masas, decía de ellas que son femeninas y que por lo tanto había que llegar a ellas más con la emoción que con la razón.

En las últimas semanas, aquí y ahora, en la España del siglo XXI, se está haciendo un paralelismo entre lo ocurrido en Alemania y lo que ocurre en Cataluña. Un paralelismo entre Adolf Hitler y Artur Mas. Sin duda es un exceso comparar Alemania con Cataluña, y un esperpento comparar a Adolf con Artur. Artur Mas no es ningún paranoico, y una de dos, o es un cara con mucha cara que utiliza la dinámica secesionista con fines partidista o es un iluso iluminado que se ha creído su propia fantasía desiderativa, ser una especie de Mesías o de Moisés que conducirá a su pueblo a la tierra prometida, a Utopía (que por cierto significa “ningún lugar”).

Creo que la idea falsa que defiende, “España nos roba”, tampoco es un delirio que nazca de su mente enferma, sino una creencia que comparten muchas personas en Cataluña desde hace mucho tiempo. Pero eso no es un delirio, tiene otra estructura, más parecida a lo que podríamos llamar Neurosis Colectiva, o incluso Histeria Colectiva, porque hay mucho de victimismo y de ganancia secundaria. Conviene tener un chivo expiatorio, un enemigo externo a quien se le proyecte y se le responsabilice de todos los males que aquejan a la colectividad, los judíos fueron el chivo para Adolf, los españoles y “Madrit” lo somos para Artur y el nacionalismo catalán.

Ojalá que triunfe la cordura y que la proverbial sensatez del pueblo catalán se imponga. Lo deseo con el corazón porque amo a Cataluña, pero la cabeza me dice otra cosa…Terminemos con humor, la vida es demasiado importante para tomársela en serio. El otro día, en un foro de elmundo.es en el que se opinaba sobre las polémicas declaraciones de Artur Mas cuando se despachó diciendo que ni tribunales ni Constitución le pararán, cientos de lectores hacían todo tipo de análisis, unos viscerales, otros más racionales. El mejor para mí fue el de un lector de Jerez que sólo puso esta frase: “Cuando un tonto coge una linde, se acaba la linde y sigue el tonto”.
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