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AL SUR DE TARIFA, AL NORTE DE ESPARTEL

Arde la Franja de Gaza

lunes 19 de noviembre de 2012, 08:29h
En la edición del día 12 del mes en curso, Thomas L. Friedman encabezó en el New York Times una de sus habituales columnas de prensa. Llevaba por título “My president is busy” e iba dirigida al gobierno israelí que encabeza Netanyahu.

“My president is busy” venía a decir a Tel Aviv -a Israel, a la larga- que no espere que Estados Unidos y su recién reelegido presidente acudan a la mediación americana en el inextricable contencioso palestino-israelí, que colea desde hace medio siglo. En suma, que si la solución onusina de dos Estados en un mismo territorio volvía a ser torpedeada por los “halcones” de Tel Aviv, Obama no tendría tiempo, ni paciencia, para intervenir como hombre bueno entre dos actores enfrentados sempiternamente -algo que sí hicieron Carter y Clinton en su momento-. Las ocupaciones prioritarias para la administración demócrata están centradas por ahora en el interior de la nación y, como máximo, en la retirada americana de la trampa afgana.

El hecho es que el asesinato selectivo del jefe de las brigadas islamistas Izedin al-Qasam (Hamas) en pleno corazón de Gaza por misiles israelíes de corto alcance, ha venido a precipitar el dramatismo de un calendario previsto y de cumplimiento ¿inexorable?. Lo del calendario viene a cuento de lo que sigue a continuación.

Como todos los años, la Asamblea General de Naciones Unidas se reúne en su sede neoyorquina hacia estas calendas del otoño brumoso. El 29 de noviembre, la ONU ha de abordar la propuesta de reconocimiento de Palestina en calidad de “Estado observante” de pleno derecho. Recuérdese que la elevación de idéntica propuesta fue diluida hace un año en “agua de borrajas” diplomáticas, con lo que Mahmud Abbas hubo de regresar a Jerusalén con la moral por los suelos. La intención palestina de reanudar la solicitud en el seno de la Asamblea onusina del próximo día 29, venía agitando los ánimos -y los fusiles- de guerrilleros pertenecientes a Hamas y a algunos grupúsculos situados a su izquierda; mientras que las tropas de Israel, fronterizas a Gaza, venían siendo advertidas de la posibilidad de efectuar un golpe armado “defensivo” en el momento menos pensado. Un clima de alta tensión en el epicentro de la discordia medio-oriental, es fenómeno detectable, cíclicamente, desde la operación “plomo fundido” de 2008-2009 en Gaza, que aplastó a más de mil víctimas palestinas en el transcurso de una ofensiva israelí.

Lo que ha cambiado ahora con respecto a la situación de hace cuatro años salta a la vista. No es sólo que Obama no pueda rehuir esta vez el envite de Netayanhu con la misma facilidad que lo consiguió hace años, sino que el entorno árabe inmediato (Siria al norte y Egipto al sur) se encuentra en un estado de ebullición bélica y política de magnitud insólita -por no hablar del frágil Estado libanés-.

Por su parte, el gobierno que encabeza el presidente Mohamed Morsi en Egipto posee un claro perfil islamo-moderado, como ha dado en llamarse últimamente a los partidos electos durante la primavera árabe. Ello no empece para que El Cairo pondere la gravedad del caso y sopese la posibilidad de tender una mano, no ya a la formación islamista-radical de Hamas en Gaza, sino también al gobierno palestino de Mahmud Abbas. Morsi ha retirado a su embajador en Israel y ha destacado al primer ministro, Hisham Kandil, en misión de solidaridad con el pueblo de Gaza. En las últimas veinticuatro horas transcurridas, la alarma internacional se ha propalado con la velocidad del fuego: han muerto varios palestinos y algunos misiles catapultados desde Gaza han impactado en los alrededores de Tel Aviv. A la solidaridad inter-árabe, burlada con frecuencia por los propios árabes, se sumaría aquí la solidaridad entre partidos de Dios de diferente aleación, cierto es, pero, al fin y a la postre, partidos religiosos que acaban de experimentar una primavera política y social que les ha permitido obtener mayorías parlamentarias en las elecciones celebradas no hace mucho en Marruecos, Túnez y Egipto mismo.

Así que el juego a cuatro manos en Oriente Próximo vuelve por sus fueros, exponiendo a Barack Obama a una situación comprometedora al máximo, si Mahmud Abbas consigue para Palestina el estatuto de “Estado observante” dentro de la ONU. Sr. Friedman, por mucho que pretenda Obama hacer que la política exterior americana gravite más hacia Afganistán -con el pensamiento puesto en el horizonte de 2014- y Oriente Extremo, jamás podrá involucrarse el presidente de Estados Unidos, con total entrega, en otras dimensiones exteriores de su nación, si antes no decide decantarse a favor -o en contra- de la solución onusina al contencioso palestino-israelí: o sea, de dos Estados de pleno derecho situados en el territorio que comparten en condiciones muy diferentes desde 1948.

El triunfo electoral de una coalición de centro-izquierda en las próximas elecciones generales de Israel, cuya celebración se prevé para el 22 de enero de 2013, no haría sino favorecer el advenimiento de un gobierno israelí más abierto a las negociaciones con la Autoridad palestina para iniciar el curso del entendimiento ¿final? entre las partes en discordia. Netanyahu, con el Likud a su espalda, y con el apoyo de otros pequeños partidos ranciamente judaicos, plantará cara en las elecciones de enero próximo. Esto es para tenido en cuenta.

No parafraseando al Sr. Friedman, precisamente, pensamos desde aquí y ahora que su presidente tiene en estas horas una oportunidad histórica para conseguir el triunfo de la legalidad internacional sobre el principio de la fuerza como última ratio en Oriente Próximo. Sólo la colusión de políticas dialogantes y sensibilidades pro-negociadoras entre la Casa Blanca y el “deseado” gobierno de centro-izquierda en Israel puede generar una nueva paz de los bravos. Sin olvidar la papeleta que le ha tocado en suerte al presidente y gobierno de la República de Egipto en este primer tramo de experiencia gubernamental que atraviesan los Hermanos Musulmanes.