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TRIBUNA

En recuerdo de Dionisio Ridruejo

martes 20 de noviembre de 2012, 08:17h
Dionisio Ridruejo (Burgo de Osma, 12 octubre1912-Madrid, 29 junio 1975) fue un falangista que participó activamente en la guerra civil. Llegó a ser el responsable de la propaganda del ejército del general Franco. Se separó del franquismo pronto, cuando se dio cuenta de que el falangismo era un mero pretexto ideológico para los militares sublevados contra el Gobierno de la República; después se marchó a combatir con la División Azul, y tras su regreso de la Unión Soviética, tuvo una profunda crisis en su pensamiento político que le condujo a militar en las filas de la oposición democrática. Participó en el llamado “contubernio de Múnich” (así llamó el periódico “Arriba” a la reunión de los demócratas españoles con sus correspondientes del resto de Europa); tuvo después que exiliarse en Paris, y cuando en España se iniciaba la transición, Dionisio Ridruejo falleció.

Su muerte prematura, en Junio de 1975, podría aclarar el olvido de un pensamiento que se anticipó a las premisas con las que fundamos la democracia en 1978. Esta semana, en la Casa de América, se ha querido remediar ese olvido relativo. Biógrafos, estudiosos de su obra literaria y política, testigos de la “Transición”, etcétera, expusieron sus puntos de vista sobre Dionisio Ridruejo. Como “testigo” de aquellos años —con Ridruejo sólo estuve una vez- me invitó el organizador de las Jornadas, Eugenio Nasarre, a comentar su pensamiento político. Estas son algunas de las cosas que dije:

1.Dionisio Ridruejo murió unos meses antes que Franco. Para entonces había consolidado unas propuestas que triunfarían en el proceso constituyente. Me refiero a lo que me atrevo a definir como “realismo liberal”, que consistió en hacer una Constitución imperfecta, resultado de un pacto, al modo anglosajón, en lugar de una Constitución perfecta, al modo jacobino francés.

2.Repasando la composición de aquel Senado constituyente, del que formé parte activa, encuentro nombres que se movieron a la vez que Ridruejo, incluso muy cerca de él: Mariano Aguilar Navarro, Joaquín Satrústegui, Justino de Azcárate, Fernando Baeza, Camilo José Cela, José Federico de Carvajal, Luis Díez Alegría, Julián Marías, Fernando Morán, José Ortega Spotorno, Miguel Primo de Rivera, Martín de Riquer, José Luis Sampedro, Manuel Villar Arregui, etcétera. Hagamos ucronía: Dionisio Ridruejo encaja con esos nombres. No es una ucronía : su trayectoria intelectual hacia el pacto para superar la Guerra Civil.

3. Dionisio Ridruejo fue protagonista del periodo cumbre de los horrores del siglo veinte. A los veinte años fue un revolucionario. El fascismo, el fascismo italiano, con sus postulados de quebrar el Estado de Derecho liberal, fue un movimiento revolucionario. Como ha visto Peter SLOTERDIJK (“Ira y tiempo”, 2010), el fascismo de Mussolini adoptó muchos de los principios de la Revolución de Lenin, entre otros, “la violencia como gran partera de la Historia”. Fernando de los Ríos, que abominó de Lenin cuando le visitó en Moscú, fue mucho más benigno juzgando la revolución nacional de Mussolini.

Así que Dionisio Ridruejo se encuadró en una de las dos Revoluciones que en Europa continental pretendían superar el caduco Estado liberal, con sus políticos partidistas, sus discursos parlamentarios, sus matices, sus negociaciones, su protocolaria educación, haciendo “su política al margen de los sentimientos de la calle”. Para esos revolucionarios, incluyendo a los falangistas españoles, la prueba de esa decadencia estaba en Gran Bretaña —la pérfida Albión, dueña de Gibraltar-, con sus diputados y lores anticuadísimos.

4.Dionisio Ridruejo, después de combatir como soldado raso en la División Azul, realiza esa dramática transformación desde sus creencias revolucionarias hasta sus nuevos compromisos con los principios clásicos liberal-democráticos: ”Mi proceso ideológico —en sus líneas esenciales- maduró, sin duda, en aquellos años de estudio y reflexión, de libertad intima y de total apartamiento. El comienzo de él fue la desmitificación de mis creencias y opiniones, al tiempo que se producía el entrañamiento y depuración de mi conciencia religiosa y una especie de escepticismo melancólico frente a la política y frente a la misma historia, propicio a la adopción de una mentalidad humanista la más acorde con mi carácter.” Y en otro párrafo de su principal abra, “Escrito en España”, Ridruejo escribe: “Me sentía ya radicalmente distanciado de mis posiciones originarias. La pretendida síntesis falangista entre los valores nacionales y tradicionales y los valores sociales y revolucionarios me parecía vaga y retorica. Harto más clara me parecía, en cambio, la conveniencia de intentar la integración de los bienes concretos, las adquisiciones históricas de las anteriores fases del proceso histórico —estado de Derecho, libertades efectivas, derecho al pensamiento y a la creencia, vida privada, pluralidad de formas de vida y asociación- …Pero éste era el descubrimiento del Mediterráneo, porque en tal movimiento de integración consistía sustancialmente la Democracia.”

5.Su participación en “el contubernio de Múnich” nos da la fecha cardinal y simbólica de su microcosmos personal: Europa como proyecto democrático del futuro; superación de la violencia mediante el Derecho; el federalismo como técnica (muy norteamericana) para trascender la idea de la Nación y la de los diversos nacionalismos; el pluralismo como expresión de un relativismo con fuertes principios democráticos. En fin, “Escrito en España” es como “España a la fecha”, el ensayo contemporáneo de Francisco Ayala, un análisis de España, que se sitúa en la “globalización” intelectual que entonces comenzaba a surgir.

6. Casi todos sus escritos —hasta su obra poética- tienen una potente motivación política. Ridruejo tiene vocación política, con el sentido que tiene la palabra alemana “beruf”, “la vocación como compromiso ascético mundanal”. Lo contrario de la política actual del “argumentario”. Esa vocación política conduce a buscar una justificación en alguna teoría. A Ridruejo no le escriben sus libros, y escribiéndolos se transforma con ellos. Por lo tanto, aspira a encontrar verdades conceptuales. Es el tipo de político que no desaprovecha su experiencia práctica para elevarse hacia los planos de las ciencias sociales, antes llamadas morales. Tucídides es el primer y el mejor ejemplo de ese tipo de políticos. Y por eso sus análisis son especialmente agudos e innovadores. Ahora no es el momento de señalar las muchas interpretaciones de nuestra historia, del feudalismo europeo, del origen de nuestro Estado, de la guerra de los Comuneros, del Estado totalitario y del Estado de Derecho, etcétera, que hoy son interpretaciones consolidadas, pero que cuando las describió Ridruejo no pasaban de ser, especialmente entre nosotros, hipótesis muy arriesgadas. En este punto, me surge una pregunta: ¿Influyó Juan Antonio Maravall (el historiador discípulo de Ortega y Gasset y antiguo falangista) en Ridruejo o Dionisio Ridruejo influyó en Maravall?