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publica su nueva novela [i]Un reino lejano[/i]

Isabel San Sebastián: "Hoy la cobardía no sólo se comprende, sino que se ensalza"

jueves 22 de noviembre de 2012, 14:27h
Dos años después de publicar Imperator, la periodista Isabel San Sebastián vuelve a retomar la pasión que profesa por la Edad Media en su nueva novela, Un reino lejano, en la que no sólo retrata una época convulsa a la par que enriquecedora con variopintos escenarios históricos, sino que también invita a preguntarse por valores que, según la autora, están cada vez más en desuso y por cuya recuperación pasa la conquista de una sociedad más comprometida y menos engreída.
¿Es partidaria como novelista de no sólo entretener, sino también de hacer reflexionar al lector?
Sin duda. Creo que la primera intención de una novela es entretener, pero no me conformo sólo con eso. He elegido un marco histórico porque me parece importante recuperar un periodo que ha desaparecido prácticamente del horizonte escolar y vital de los españoles. Ignoramos nuestra propia historia, con lo cual nos vamos a condenar a repetirla, pero al revés, poniéndonos en el bando de los perdedores. En la novela también he pretendido transmitir que no me gusta el mundo de relativismo en el que vivimos. Me parece espantoso porque creo que está en el origen de buena parte de los problemas materiales que tenemos. Considero esencial intentar transmitir un mensaje que trate de restituir valores como el honor, la valentía, la honestidad o la nobleza, principios que son intangibles, que no cotizan en bolsa y que no son lucrativos ni rentables a corto plazo, pero sin los que el mundo no sería lo que es ni habría alcanzado el grado de evolución que ha logrado y que podemos perder si seguimos por esta senda.

¿Dónde reside la cura para el relativismo del que habla?
En esforzarse en la virtud. Está en el esfuerzo cotidiano e individual por ser mejor, por no ceder al bárbaro que todos llevamos dentro, así como a los instintos más primarios y salvajes. También en no ceder a la cobardía y a la pereza y en esforzarnos en cultivar nuestra mejor parte, la que es capaz de ser abnegada, la que trata de llegar un poco más allá en el trabajo, la que no defrauda a Hacienda y la que no roba, es decir, la que cree en la generosidad y la valentía, un valor fundamental hoy por hoy, cuando la cobardía no sólo se comprende, sino que se ensalza. Parece que ser valiente y hacer frente a una situación de riesgo personal te convierte en un imbécil. Por eso, a través de las situaciones ficticias y de los personajes que retrato en mi novela, utilizando la narrativa, que no la moralina, trato de poner en valor esos principios frente al equivalente histórico del relativismo actual. Mis bárbaros tienen mucho que ver con muchos bárbaros contemporáneos mejor disfrazados, pero no por eso menos bárbaros.

Dice uno de sus personajes que la dignidad es más importante que la vida…
La dignidad es una palabra de la que, como el honor, se ha perdido su significado. Si le preguntas a un joven por la definición de dignidad, probablemente tendrá dificultades para contestar. Creo que la sociedad que pierde la capacidad para definir esa palabra es una sociedad enferma que necesita tratamiento cuanto antes.

Ha escrito parte de la novela en primera persona del masculino. ¿Ha sido un reto?
Lograr que un personaje resulte verosímil supone un reto en cualquier caso. En esta ocasión, es la primera vez que escribo en primera persona del masculino. Es un tema que me ha preocupado porque no quería hacer el ridículo, ya que considero que escribir una novela es un asunto muy serio. Yo he leído personajes femeninos escritos por hombres y he sentido que eran completamente inverosímiles. El 99 por ciento de las escenas de sexo escritas por hombres son absolutamente inasumibles para una mujer. Las emociones, los sentimientos o las palabras que ponen en nuestra boca son irreales.



En su novela hay un crisol de culturas y religiones. Cuán diversos hemos sido, ¿no?
Sí. Lo que hubo fueron muchas microiglesias en todos los credos. Hubo mucha diversidad. Dado que no existía el concepto político, la distinción entre unos y otros venía determinada por la religión. Lo que hoy en día son ideologías, entonces eran facciones religiosas. En la Edad Media hubo una relación con Dios que dio lugar a todas estas sectas religiosas y, además, otra relación con el señor natural. Si eras noble, con el rey; si eras rey, con Dios; si eras siervo, con el señor feudal; o si eras comerciante, con los compañeros de gremio. Todo esto está explicado en la novela, es decir, cómo interactuaban las distintas personas que componían una sociedad que no tenía nada que ver con la nuestra.

En nombre de Dios se han llevado a cabo gestas y atrocidades por igual. ¿Está de acuerdo?
Sí. La mayor parte de las gestas y atrocidades se han cometido en nombre de Dios y de la patria. Una de dos. Todo lo demás es secundario.

He tenido la impresión de que Guillermo, uno de los personajes, duda de Dios.
No. El agnosticismo es un concepto ajeno a la Edad Media. Tampoco existían ateos, aunque sí paganos.

Pero sí infieles.
Sí, los herejes. Si estabas en el entorno de la Iglesia cristiana y eras cátaro, es decir que no reconocías la autoridad del Papa, te convertías en hereje y eras castigado como tal, pero eso no significaba que no creyeras en Dios, sino que creías en otra forma de organización. Si eras musulmán, creías en tu Dios, pero no en el de los cristianos. Había distintas creencias religiosas, pero nadie se cuestionaba la no existencia de Dios. El concepto actual de ateísmo y de negar la existencia de Dios no existía en la Edad Media.

¿Tiene la sensación de que lo acontece hoy en día ya lo hemos vivido en otros términos y en otras circunstancias?
Creo que el conocimiento de la historia nos permite avanzar o, al menos, nos debería permitir no cometer los mismos errores una y otra vez, pero lamentablemente cada vez conocemos peor la historia, la manipulamos más y nos miramos más el ombligo. Vivimos en una sociedad arrogante que está convencida de que no hubo nada antes y que no habrá nada después. Por eso nos fundimos los recursos del planeta, el dinero de la época de bonanza o vivimos a crédito. En otro tiempo fueron más previsores, cuando la gente vivía pensando en sus hijos y nietos y en ahorrar para ellos, así como en construir en lo material y en lo espiritual. Tenían una visión más trascendente de la vida. Nosotros somos como una plaga de langostas. Nos comemos todo, lo material y lo espiritual. Vivimos al día y no nos importa lo que viene detrás. Todo eso es lo que justifica las crisis económicas. Vivimos en una sociedad profundamente egoísta y depredadora.

¿Ha llegado el día en que la novela le haya dado más alegrías que el periodismo?
El periodismo te da satisfacciones y disgustos, pero es verdad que la profesión está viviendo un tiempo sombrío y un declinar imparable. Se ve poca esperanza. Hay muchos nubarrones amenazando el futuro de esta profesión tal y como yo la conocí, es decir, con la posibilidad de ejercerla en libertad y desde la independencia. Cada vez hay menos medios y los que hay están cada vez más controlados por poderes ajenos a la información, a quienes no les interesa nada la información en sí, es decir, que contemplan el periodismo como un mero negocio, que si reporta beneficios, bien y si no, se cierra. Creo que el periodismo no nos va a deparar muchas más alegrías. También el libro está en crisis como sector económico, pero escribir una novela, aunque supone un ingente trabajo, es muy satisfactorio y estimulante desde el punto de vista intelectual. Si no hay mercado y no se paga por los libros, también desaparecerá la literatura.
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