www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

EPPUR SI MUOVE

Autobuses de la muerte en Israel

viernes 23 de noviembre de 2012, 12:01h
Un artefacto explosivo hería ayer a una veintena de personas que viajaban a bordo de un autobús, en Tel Aviv. Su único delito, usar el transporte público de la ciudad en la que viven. No eran soldados del Tsahal ni espías del Mossad. Tampoco escondían a terroristas en sus casas, ni se dejaban utilizar de parapeto humano. Nada de eso, se trataba de personas normales y corrientes que tuvieron la mala fortuna de estar en un lugar donde el terrorismo sigue siendo empleado como forma única de expresión. Hace algunas décadas, en Auschwitz, los nazis -con la inestimable ayuda de voluntarios árabes enviados por el Gran Mufti de Jerusalén- ya empleaban también el transporte colectivo para masacrar judíos, con camiones reconvertidos en cámaras de gas. Los nietos de aquellos musulmanes son los que hoy intenta asesinar a los nietos de aquellos judíos haciendo estallar autobuses cargados de niños. Toma yihad.

La violencia ha vuelto a Oriente Medio. De hecho nunca se fue; lleva allí desde tiempos inmemoriales. A título personal, reconozco no simpatizar demasiado con Benjamin Netanyahu. Bajo unos modales aparentemente pulcros se esconde la torpeza y el resentimiento de un hombre que no digiere vivir bajo la sombra de su hermano Yonatan. Este, todo un héroe de la Sayeret Matkal -unidad de élite del ejército israelí-, perdió la vida en una operación antiterrorista que tenía como objetivo liberar a los rehenes israelíes que un comando palestino retenía en el aeropuerto de Entebe -Uganda-. Bibi -apodo de Netanyahu- nunca tomó parte en acciones de calado como su hermano ni tampoco tiene la presencia de su antecesor en el Likud, Ariel Sharon. En su defecto, se ha dedicado a poner chinitas en el ya de por sí difícil proceso de paz, oprimir a los palestinos y revitalizar una política de asentamientos nefasta en todos sus aspectos.

Pero nada de esto justifica atentado alguno. Es más, la mucha o poca razón que cualquiera pueda tener para sostener sus argumentos la pierde en el mismo momento que opta por hacerla valer a costa de bombazos. Es lo que los palestinos nunca han entendido. ¿O es que acaso Gandhi lo tenía mejor en India? ¿O Martin Luther King en Estados Unidos a la hora de luchar contra la segregación racial? En absoluto. Ayer era portada en medio mundo la imagen de militantes de Hamas arrastrando el cadáver de un supuesto colaborador de Israel. La ira de sus rostros contrastaba con la alegría que les produjo a muchos de ellos el atentado contra las Torres Gemelas; aún recuerdo las escenas en las que palestinos tanto de Cisjordania como de Gaza lo celebraban en plena calle.

Esta vez, como casi siempre, las hostilidades han partido desde el lado palestino, con el lanzamiento de cientos de proyectiles contra objetivos civiles israelíes. Estos se han defendido -y como casi siempre, se les ha ido la mano-, al ver cómo sus ciudadanos son atacados. Mientras, parte de la opinión pública occidental mira hacia otro lado cuando las víctimas son israelíes y clama al cielo cuando algún terrorista de Hamas es abatido. Tampoco dicen nada de que las ambulancias de la Media Luna Roja sean empleadas para transportar cohetes Qassam o de que los asesinos de Hamas se parapeten tras mujeres y niños o instalen sus laboratorios de explosivos cerca de hospitales o colegios. Miedo al Islam, hipocresía y rescoldos de un antisemitismo aún latente son un cóctel lo suficientemente asqueroso como para justificar la violencia palestina. Ya está bien.