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Cataluña desde Francia

lunes 26 de noviembre de 2012, 00:52h
Las elecciones catalanas del 25-N han suscitado una gran expectación en Francia. La posibilidad de una independencia catalana ha llamado la atención dentro de una opinión pública francesa de hondas raíces jacobinas y centralistas. ¿Qué significaría una Cataluña independiente? ¿Qué posibilidades hay para que se realice esta opción?

Tales han sido las preguntas que los periodistas y medios de comunicación me han hecho en la vispera de las elecciones y que este lunes volverán a hacerme, resultados en mano.

Mis primeras conclusiones apuntarán al fracaso del desafío de Artur Mas. Efectivamente, no solo no consigue la mayoría absoluta que esperaba, sino incluso que retrocede. Y lo hace a favor de ERC. Para mi, la tentación independentista de Mas obedece a varios factores: existe una larga tradición de identidad catalana sobre la cual se ha desarrollado un discurso autonomista que, hoy por hoy, para seguir vigente, necesita abrir nuevos horizontes de espera y esperanzas. Sin esta carrera hacia un horizonte siempre más ambicioso, el nacionalismo pre-etatico corre el riesgo de desaparecer del mapa político. Ningún partido asentado en un proyecto nacionalista puede asumir la responsabilidad de darlo por cumplido: sería reconocer su caducidad política. Quiza una de las carencias de la España autonómica es este desequilibrio entre un sistema constitucionalmente cerrado y un mapa político que tiene que ser desestabilizado para seguir dando juego a las opciones nacionalistas. Mas ha jugado con el proyecto catalán como si la única opción era el ordago independentista. Pero eso nos lleva al segundo factor: el clima económico español.

España, y por lo tanto Cataluña, pero también, por desgracia, Europa entera, estan sumidas en la más honda crisis económica desde los años 1930. Más aún: los diez años que vienen serán durisímos. España no ha salido de la zona de riesgo en la cual se encuentra. Pues bien, la sociedad española (y la catalana) están sometidas a un auge de las angustias e inquietudes de todo tipo. El populismo puede ser una respuesta política (¡huelga decir que de corto plazo!) a esta crisis. Creo detectar en la apuesta de Mas una huida hacía el populismo. Un populismo sutil que utiliza la frustración de una parte de la opinión pública catalana para presentarse disfrazado. Para mi, el proyecto de independencia ya no esconde esta dimensión de reinvidicación populista : el dinero catalán para los catalanes. Pero ahí Mas ha perdido. El populismo ha encontrado en ERC un mejor exponente. CiU representaba un cierto grado de racionalidad política: el electorado catalán ha castigado el abandono de esta tradición centrista, moderada y liberal.

Mas se ha creido el Moises del pueblo catalán. Hoy por hoy, se queda en un lider bastante debilitado. Ha demostrado que no tenia la talla de Pujol. El mismo Pujol que habia dicho “soy catalan y español, pero si el ser español me impide ser catalan, no tendré otro remedio que ser solamente catalan”. Pues bien: ¿Qué ha cambiado desde 2003 para que esta frase se corresponda con la actualidad y la realidad? El electorado catalan acaba de demostrar que se puede seguir siendo catalán y español. Mas se ha equivocado: no hay un proyecto español en marcha que supondría impedir a los catalanes ser catalanes.

Desde Francia, que el lector me permita exprimir un temor. La cultura constitucional española no es honda ni solida. Y sin embargo la constitución del 78 y el funcionamiento de la democracia española son los mejores legados que los españoles se han hecho a si mismos. No hay que seguir jugando con esto. Es un tesoro frágil que hay que cuidar. Por favor, más razón, más racionalidad, más sentido común en una España que se enfrenta al desafío económico y social más peligroso de su historia contemporánea.
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