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Y, ahora, a por Rubalcaba

lunes 26 de noviembre de 2012, 08:35h
Artur Mas, aunque hay unanimidad en que debería dimitir tras el fiasco de su plan soberanista, no parece que lo vaya a hacer. Aún más: ya ha sacado pecho, ha proclamado su nueva victoria y ha insistido en que su plan secesionista sigue adelante. Y con el aumento de independentistas en el Parlamento catalán, que él mismo ha propiciado, lo tiene chupado. En poco tiempo, lo sabremos. Pero aquí nadie ha ganado. Ha perdido la coherencia. Y ha ganado la independencia.

Pero el turno, ahora, es de Rubalcaba. Desde que se aupó a la secretaría general del PSOE ha ido de fracaso en fracaso. O, mejor, de descalabro en descalabro. Ha obtenido los peores resultados de la Historia de los socialistas en todas las convocatorias con las urnas que se han celebrado desde que Zapatero se instaló en su hamaca de Somosaguas. En las elecciones generales, en las andaluzas (pese a gobernar con IU), en Galicia, en el País Vasco y, ahora, en Cataluña. Y aún se atreve a criticar al Gobierno y al que se ponga por delante. Todo le parece mal. Salvo las manifestaciones sindicalistas y las algaradas de los radicales de todos los colores. Sobre todo, los del 15-M, su niña mimada.

Es verdad que la sombra de Zapatero es alargada. Y todavía hay gente que relaciona a uno con otro. La herencia económica del anterior presidente ha sido un baldón para Rajoy, pero la de su nefasta política es Rubalcaba el que se lleva la palma. Es como un viacrucis de mil estaciones que nunca acaba. Porque todavía hay gente que confunde la barba rala del actual secretario general con las cejas arqueadas del anterior. Pero Zapatero es que se troncha de la risa. Pensará que nada de lo que ocurre en España y en el PSOE es cosa suya. Es capaz de creer que el drama de la crisis y la del PSOE ocurren, precisamente, por su ausencia. Así son los iluminados.

El caso es que Rubalcaba puede dar la espantada y dejar el PSOE en parihuelas. O convocar un Congreso para elegir en primarias al próximo candidato. O enrocarse en la poltrona y verlas venir. Mientras, se limita a atizar a las masas y a ocurrencias como plantear el federalismo en Cataluña, la genial idea que ha llevado al PSOE, una vez más, a lo más hondo del pozo.

Los cadáveres de las elecciones catalanas, Artur Mas y Rubalcaba, siguen vivitos y coleando. Mientras, Cataluña se convierte en una bomba de relojería con los más radicales y antiespañoles tomando el Parlamento en aluvión gracias al presidente de la Generalidad y sus genialidades secesionistas y el PSOE parece un gallinero donde los pollos andan sin cabeza. Eso pasa por jugar con fuego.

Pero en el PSOE ya están hartos. Nadie se atreve a dar el paso, porque saben que la guillotina tiene la cuchilla muy afilada. Y nadie, además, tiene ahora fuerza ni apoyos y, es probable, que ni ganas, de plantar cara al veterano político, al más peligroso y astuto.

Las espadas están en todo lo alto. Y el batacazo catalán puede ser la guinda. Pero, eso, sólo está en sus manos. Mientras, el Parlamento catalán se ha quedado sin manos y cojo. ¡Pobre Rajoy! ¡La que le espera! Porque esto no ha hecho más que empezar.

Pasen y vean el circo de España. Los enanos crecen y los payasos no dejan de actuar. Y hasta mandan. Al menos en Cataluña y en el PSOE. Y la crisis, ¿qué?
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