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Todos somos necesarios

jueves 29 de noviembre de 2012, 20:31h
Leo este eslogan colgado en un puente de la A-3. Es una proclama de los sindicatos UGT y CC.OO en contra de los despidos y de la reforma laboral. A la aparente seriedad de la frase, se sobrepone “necesariamente” aquella otra de la película “Amanece que no es poco”: “Alcalde, todos somos contingente, pero tú eres necesario”. Veo que la frase debería ser tomada al revés: “Todos somos prescindibles” Y no es derrotismo. Habrá un tiempo de adaptación, de acomodo, pero finalmente unos sustituyen a otros o no son sustituidos y parece que sigue avanzando la carroza.

Especialistas en comunicación política dirán que los eslóganes tienen que ser rotundos y sonoros. Admiten rima si son largos (“La sanidad no se vende, se defiende”) Y tienen que tener un punto de totalidad, de falta de precisión que haga que puedan usarse en diversos contextos y que no admitan demasiado concisión en sus términos “Quieren acabar con todo” ¿Quiénes? ¿Todo? Mejor no entrar en detalle. El eslogan es emocional, no se medita ni deconstruye, no vayamos a encontrarnos con un sinsentido completo.

Hace algunos años sorprendía ver una pancarta colgada de un balcón (si no era en el barrio de Huertas en Madrid en donde los vecinos reclaman su derecho al silencio junto a un bar de copas). Ahora todo Madrid se jalona de frases que van desde la obviedad más absoluta (¡No a los recortes!, como si alguien estuviera a favor de todo vaya peor y de que se cuenten cada vez con menos medios para sacar el trabajo adelante) hasta las frases que rozan un guión de Azcona, que remiten cada vez más al argumento de “Plácido”. Ayer leí en la pizarra de un restaurante en Atocha: “invitamos a comer una vez por semana a una familia sin recursos. Sólo matrimonio con hijos. Presentando la tarjetea del paro y el DNI. El orden según se vayan apuntando”. La película de Berlanga tenía previsto por primer título “Siente a un pobre a su mesa”. Influye que estoy leyendo “¿Por qué nos gustan las guapas” de Azcona (Editorial Pepitas de Calabaza) y veo cada vez menos diferencia entre los textos y la circunstancia, cincuenta años después.

Madrid se está llenando de pancartas y alegatos. De eslóganes y soflamas. Por una vez no serán tan elocuentes como las imágenes, ni como la voz de alguien que acercándose con una timidez estudiada te pide diariamente para un café caliente.
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