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Los muertos “de” Felipe Calderón

jueves 29 de noviembre de 2012, 20:46h
Ya he oído bastante. Va mi turno. Permítame explorar caminos inexplorados. La presente entrega llega cuajada de palabras duras y polémicas, sin duda. Empiezo: El 30 de noviembre de 2012 termina el sexenio de Felipe Calderón del Partido Acción Nacional (PAN) como presidente de México, que da paso el 1 de diciembre a Enrique Peña Nieto del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Quiero poner un punto final a este gobierno de claroscuros que se agota, colocando solo el acento en un rubro: los muertos que se achacan a Calderón, tema de obligada consideración. Se acaba el sexenio y despedimos un gobierno con grandes avances en áreas diversas como infraestructura y salud y también con funcionarios improvisados en áreas claves cometiendo errores gratuitos graves, diversos, que nos han costado caro, si bien no tanto como las devaluaciones del PRI que arruinaron a México en décadas pasadas.

El tema acaso más álgido consiste en valorar si fue eficaz la guerra (sic) contra el crimen organizado, el narco para mas señas, que acarrea dos asuntos: a) la postura de la clase política no panista frente a la cuestión –oposición ácida, bien orquestada, presente, activa, innegable y omisa muchas veces de su responsabilidad particular– y b) la metodología para cuantificar los muertos que tal guerra ha dejado y que busca así horrorizarnos a todos por ser una guerra sin duda atroz, deplorable –porque hay un narco que no cesa de agredir– triste, trágica, desastrosa para nuestro país, con elevados costos humanos y económicos, que afecta su imagen internacional de la que también vive, pero que pese a ello sigue vivo. Tamaña tragedia que no repara en su origen: un mercado de drogadictos en Estados Unidos y otros tantos en Europa, ávidos y en ascenso de consumo mirando a través de un país de paso, de producción y ahora también, consumidor de drogas. Olvidarlo es perdernos en el análisis.

El inciso a) es muy importante porque nos mostró a los opositores de Calderón esbozando un discurso lastimero pero si aportar soluciones alternas viables que sonaran cuerdas, frente al narco armado hasta los dientes, que le dispara a la gente y que va dispuesto a no ceder un solo privilegio ni un solo céntimo que reclama para sí, dispuesto a no perder un ápice de su poder (no hablamos de hermanitas de la caridad, pues). Oposición que va reclamando que el ejército no saliera a las calles a prevenirlo y combatirlo, pues solo engendraba más violencia y él no lo consiguió. El inciso b) es importante porque la metodología usada olvida el origen de esta guerra, limitándose a condenar las acciones militares a través de usar frases comunes y enumerar cifras de muertos atribuidos al combate del gobierno Calderón en exclusiva, solo que callando metodos de cuantificación y lo más importante y quiero llamar la atención del lector: callándose cómo es que se produce el nexo entre el ejército en las calles/el aumento de la violencia/los muertos. ¿Cómo sucede ese trinomio variable imperfecto, muy imperfecto? Era más fácil y más mediático solo condenar a Calderón.

La postura de los opositores a Calderón se ha mezclado desde un inicio azuzada desde partidos de izquierda, con la necesidad de combatir al narco bajo presiones de Washington, con la impericia de hacerlo y la oposición recalcitrante de toda medida del gobierno Calderón, usando hábilmente los medios para generar el odio a esa política, por lo demás insuficiente, mas sin atinar a decirnos en qué lo es, envenenándolo todo hasta esta la lucha contra el narco (que también mancha a la izquierda) y con un discursillo amañado alrededor de evitar tal combate (lo que solo beneficia al narco, por supuesto), lo cual ha terminado por enturbiar toda medida y hace sospechosos muchos intentos de reclamo al gobierno.

Así, los opositores a Calderón actúan muchas veces de forma que no sepamos a ciencia cierta cómo es que tantas muertes le pertenecen a Calderón, pues se cuantifican sin distingo alguno –y ese es mi “pero”– revolviéndolas con las perpetradas por otras modalidades del crimen organizado y sin que muchos sesudos analistas de renombre ni sepan ni quieran o no puedan distinguir categorías de muertos según andanzas e intenciones o de entre quienes actuaban dentro o al margen de la ley. No aclaran sabiondos ¿por qué entonces se disputan las plazas los narcos? eso no les importa descubrirlo. No minimizo a los muertos, mas diré que no todos pueden achacársele sin recato a Calderón y su política anticrimen, guste o no, pues hay que separar las razones para que ellos existan de las animadversiones políticas que están interesadas en medirse en dictámenes, insultos y supuestos para descalificar a Calderón, no dejando oír las razones reales; porque endilgarle los muertos paga mucho políticamente a muchos, embauca a despistados boquiabiertos y a activistas que, lo sean o no de buena fe, mastican cifras de occisos en delirante espiral sin considerar varios factores como son el reto desde el narco al Estado Mexicano, –obligado a preservar la soberanía nacional, pero dispuestos desde el narco a disputársela–.

Son grupos a los que no les importa decírnoslo y sobre todo, no les conviene políticamente distinguir el origen de tales cifras alucinantes. De hacerlo, se les desinflaría la estrategia. Dicen solo que son los muertos “derivados de esta guerra” lo cual no es preciso y sí tramposo, porque no les interesa deslindar responsabilidades. Generalizan y no distinguen si son civiles, militares, bandas en pugna, migrantes de paso y cómo es que la política calderonista los generó. Y no caben obviedades y faltan sus explicaciones. De los muertos casi nadie o nadie detalla las cifras ni las desglosa distinguiendo cada caso o explicando el universo contado, el tiempo, el modo, el lugar y las circunstancias y menos los criterios de medición del número de muertos presumibles ni los fundamentan con seriedad para que sean de Calderón, sino que los confiesan como simples “cálculos” sin sustento real o al menos, no mostrados de forma clara, arrojados sin más como datos sueltos para noticia de a ocho. Así como se lo cuento y aquellos se quedan tan orondos– pues en una semana te dicen que van 65 mil muertos y a la siguiente 95 mil. Y obvian lo afirmado por la OCDE sobre que la delincuencia en México está segmentada por regiones y advierte que es menester indagar primero los sitios más recurrentes y el origen REAL de la violencia. Algo advierte la OCDE que no quieren ver ni lo harán. Así de serios y creíbles muchos cuantificadores de muertos. Yo desconozco una cifra y no me fío de ellos dada la manipulación que han efectuado dándola sin nexos ni razones probadas. Y no la adelanto.

No caigo en la trampa de quienes dicen que nada de eso revivirá a los muertos. No lo hará pero los vivos merecemos certezas y no la manipulación informativa por sacar raja política. Ni todos murieron por la misma causa ni nos dicen qué relación real y probada guardan con esa estrategia o porqué el narco rivaliza entre sí o acribilla pacientes en rehabilitación en sus propios centros (de ese tamaño el narco). No lo explican. Solo pintan esta guerra como capricho presidencial que no lo fue, mientras con su doble moral Estados Unidos comercia armas legales e ilegales, pide combatir el narco y autoriza allí la marihuana “recreativa” (porque la corrupción también habla inglés) y su tibieza le ha costado mucho a México, que no acaba de verle lo recreativo al asunto.

Aquí va mi reconocimiento a los soldados mexicanos que se la han jugado frente a un narco que les sostiene los combates, mientras aquellos tragan la mezquindad de los opositores a Calderón que nada mejor hacen que vociferar. Opositores que reclaman que el ejército no debe estar en las calles confrontándolo y se olvidan del artículo 89 constitucional fracción VI, que le autoriza al presidente a “disponer de la totalidad de la Fuerza Armada permanente o sea del Ejército, de la Armada y de la Fuerza Aérea para la seguridad interior y defensa exterior de la Federación”. Más claro, imposible. A esos listillos opositores les pregunto: siendo legal actuar contra quien pone en riesgo esa soberanía ¿cómo y en dónde pretenden entonces que actúe y dentro de cuánto tiempo?¿a qué clase de desafíos entienden que solo deben afrontar las fuerzas armadas? Hagámosles caso: que regresen al cuartel ¿se acabará el narco? ¿dejará de vender droga? ¿estaremos más seguros? ¿a quién le ponemos enfrente a los narcotraficantes asesinos? ¡vaya!… esos opositores o son ciegos o irresponsables. Oponerse por oponerse les paga y mucho. Por fortuna no todos pensamos como ellos al ver lo que hay.

Así, ni todos los muertos son de Calderón ni sabemos una cifra precisa, pues quienes las comunican jamás les ha importado proporcionarlas. El PRI que llega tiro por viaje desmiente que negociara con el crimen organizado con frases sueltas y espacios comunes. ¿Palabras al viento las del PRI? A saber. Lo dije al inicio: serían palabras duras y seguro polémicas. Espero no haberles defraudado y haberlo conseguirlo. Es cuanto.
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