www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Adiós a las catalanas (y a los catalanes)

domingo 02 de diciembre de 2012, 13:55h
Parece como si hubiera pasado un siglo desde que Artur Mas se estrelló con su plan soberanista. Y apenas ha pasado una semana. Los medios de comunicación vamos engulléndolo todo y dejando atrás las noticias por importantes que éstas sean. Todavía no se sabe si CiU va a gobernar en solitario o con apoyos puntuales de unos y de otros. Anda mareando la perdiz. O las perdices. Podría seguir adelante con su plan secesionista con los votos de los radicales de ERC y el CUP, mientras el PP le ofrecería su apoyo para los recortes económicos. Porque del PSOE nada se sabe. Rubalcaba sigue ahí, mudo y asustado.

Pero sería el colmo que Artur Mas gobernara con un pié en la extrema izquierda independentista y, con el otro, en el PP, la derecha, perdón, el centro derecha español. Rajoy es muy capaz. El futuro político de Cataluña sigue siendo una incógnita. Incluso, podría y debería dimitir Artur Mas después del ridículo. Cosa harto improbable.

Lo que resulta grave de todo este circo independentista es que cada día se suman más voces de quienes ya están hartos de los secesionistas y sus fanfarronadas y comienzan a desear que, de verdad, se independicen y se queden solos en mitad del desierto. De hecho, ya hay multitud de españoles que rechazan los productos catalanes. Han descubierto que todo lo que proviene de allí lleva impreso en el código de barras el número 15 y lo dejan en la estantería por mucho que les atraiga el producto de marras.

Ya ocurrió cuando Carord Rovira, del que por fortuna ya ni nos acordamos, hizo unas declaraciones en contra de la candidatura de Madrid como ciudad olímpica. Ocurrió poco antes de Navidad y los pobres empresarios del cava tuvieron que beberse barricas y barricas de caldo catalán. Los más espabilados lo embotellaron en empresas de otras regiones, como Extremadura, con lo que muchos bebieron cava catalán creyendo que era extremeño. Pero las pérdidas de los empresarios fueron atroces.

Pero, aparte de lo antiestético y burdo que puede resultar un boicot, el problema es más profundo. Se trata, como decíamos, de que muchos españoles desean que Cataluña, y llegado el caso, el País Vasco se independicen de verdad y nos dejen en paz.

Pero eso no es posible, porque el Estado no lo podría permitir. Se rompería la unidad de España, 500 años de Historia, la coherencia de uno de los grandes países del mundo, que llegó a ser imperio y que, tras el franquismo, hasta que llegó Zapatero estaba en lo más alto de la credibilidad y la influencia internacionales, y, además, el ridículo y la humillación en el exterior nos dejarían arrinconados y avergonzados. Pero la sociedad tiene derecho a expresar sus sentimientos. Y ese deseo empieza a extenderse como la pólvora.

Es un sinsentido que no se producirá. Pero el ambiente se tensa y los ciudadanos empiezan a estar hartos de las balandronadas de los nacionalistas y de las cesiones del Estado. Rajoy, bien apoyado por Europa, incluso por los Estados Unidos, como lo está en este caso, tiene la obligación de parar los pies a estos descerebrados políticos. Y si se les ocurre instalar colegios electorales para celebrar un referéndum sobre la independencia, alguien (la Policía Nacional, la Guardia Civil o el propio Rajoy) tendrán que desmontar el circo y tirar las urnas al mar. No hay que decir adiós a los catalanes y, menos aún, a las catalanas. Pero hay que poner a Artur Mas, a ERC y al CUP en su sitio. Y el PSOE tendrá que buscarse el suyo que nadie sabe por dónde cae.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.