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Crítica de arte

El legado Casa de Alba: cuatro siglos de arte

Por primera vez, la Fundación Casa de Alba expone en Madrid parte de su patrimonio artístico en un ejercicio de transparencia que permitirá a los visitantes, previo pago de 10 euros, contemplar obras de tanta trascendencia como “La duquesa de Alba de blanco”, de Goya, “La Virgen de la granada”, de Fra Angelico, o retratos de Tiziano y Rubens. Si bien el valor de las 150 obras reunidas es indudable, el hecho de que hayan sido ubicadas de acuerdo con el orden con que fueron adquiridas por la Casa de Alba y no cronológico conduce al visitante a dar saltos en el tiempo, lo que puede dificultar la comprensión de lo expuesto.
Hasta el 31 de marzo, el espacio CentroCentro Cibeles, ubicado en la sede del Ayuntamiento de Madrid, acoge la exposición El legado Casa de Alba, en la que han sido reunidas 150 piezas entre pinturas, esculturas, documentos históricos, joyas, mobiliario, manuscritos y piezas arqueológicas. Se trata de la primera ocasión en la que la Fundación Casa de Alba muestra parte de su patrimonio artístico, lo que es de agradecer dada la trascendencia de las obras que posee. Es el caso de La duquesa de Alba de blanco, de Goya, o de La Virgen de la granada, de Fra Angelico, o de La última cena, de Tiziano.

Dado el carácter centenario de la Casa de Alba y su compromiso con el mecenazgo y la compra de arte, no es de extrañar que sus posesiones hayan sido incluidas en su colección en periodos sucesivos. Ha sido por esta razón por la que la organización de la exposición ha ubicado las obras según el tiempo en el que fueron adquiridas y no por orden cronológico, lo que se traduce en que durante el recorrido sean habituales los saltos en el tiempo. Es decir, la mezcla de pinturas del siglo XV, XVI o XVII, por ejemplo, en un mismo espacio. Si bien las cartelas explicativas ayudan a comprender por qué han sido ubicadas así, esa falta de homogeneidad en lo expuesto afea el fin último de la muestra, que no es otro que dar cuenta del imponente legado artístico de una familia tan significativa en la Historia de España.

Entre las primeras obras que figuran en el recorrido se encuentra la primera de las pinturas religiosas presentes en la colección de la Casa de Alba, Cristo en la cruz, de El Greco, ubicada más o menos enfrente de La última cena, de Tiziano, 1550-1555, óleo de gran formato en el que el pintor italiano incluye los elementos habituales del tema, es decir, la disposición de los apóstoles alrededor de una mesa rectangular presidida por Cristo, sentado enfrente de un Judas vestido de amarillo que da la espalda al espectador mientras sujeta la bolsa de monedas, símbolo de la traición.

No hay que dejar de prestar atención a las vitrinas ubicadas en los pasillos de la exposición, donde es posible completar joyas como la Biblia de la Casa de Alba, iluminada y de grandes dimensiones fechada entre 1424-1430, un mapa de España realizado por Colón en 1492 o cartas autógrafas del descubridor de América.

Una de las pinturas que más interés despierta es La duquesa de Alba de blanco, de Goya, creada en 1795. En ella, el pintor zaragozano representa a la duquesa de cuerpo entero acompañada por un perro y un paisaje insignificante en cuanto al resultado final de la composición final del óleo, en el que Goya da muestra de su talento en detalles como el dorado de las filigranas que decoran los bajos del vestido o en el raso del fajín a juego con el lazo que luce la duquesa en su larga cabellera rizada, así como en la pata trasera del perro.

Junto a la pintura de Goya, de quien también ha sido expuesta La marquesa de Lazán, de 1894, otra de las obras fundamentales de la muestra es La Virgen de la granada, del beato del Quattrocento Fra Angelico. Se trata de una pintura que pese a enmarcarse en el comienzo del Renacimiento, todavía debe su composición al estilo bizantino, como así se observa en el recurso al dorado, en el marco que la engalana o en la disposición algo tosca de las figuras, entre las que merece prestar atención a la granada que sujeta la Virgen y que toca el Niño, un elemento iconográfico considerado como una prefiguración de la Pasión de Cristo.

Resulta también interesante contemplar Camino del mercado, de Rubens, 1616-1630, un gran paisaje compuesto por diferentes escenas en horizontal que pueden contemplarse como cuadros individuales, como ocurre con la calidad pictórica del cielo, el paisaje intermedio que se pierde en el horizonte y, ya en primer plano, las escenas cotidianas en las que las figuras destacan por su calidad.

Otras piezas de interés son una escultura de bronce de Don Jacobo Fitz-James Stuart, XVII duque de Alba, de Benlliure, mobiliario de porcelana y de madera de caoba, joyas de Cartier o trajes.

Entre las últimas obras adquiridas por la Casa de Alba se encuentran Florero delante de la ventana, de Chagall, de 1959, Doña María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart, XVIII duquesa de Alba, de 1930, Mujer con sombrero, de Renoir, de 1880, y Paisaje arbolado con animales, de Corot, de 1870.
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