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En manos de ERC

miércoles 19 de diciembre de 2012, 20:37h
La conclusión del pacto entre Convergència i Unió y Esquerra Republicana de Catalunya, el martes de esta semana, no es una buena noticia. Y la solemne firma, la mañana del miércoles, de este acuerdo por la gobernabilidad no ha hecho más que aumentar todos los temores. Artur Mas se ha lanzado a los brazos de Oriol Junqueras. Y este último le ha colocado casi todas sus peticiones, que se resumen en dos: aumento de impuestos a ciudadanos y empresas, que pagarán, sin duda, las clases medias, y convocatoria del dichoso referéndum para la independencia. Este va a tener lugar, si algo muy gordo no lo impide, en 2014, al margen de legalidades e ilegalidades. Empezamos mal. 2014 va a permitir “liberar” a los catalanes de la inventada opresión española iniciada, supuestamente, en 1714. Mientras algunos ya han puesto el cava a enfriar, otros se esfuerzan en convertir las ruinas del Born, en donde Mas dio fin a la campaña electoral del 25-N, en el gran lugar de memoria de los catalanes. Con permiso de los historiadores, que en su mayoría van a apuntarse, como siempre, a la movida.

La cuestión de la consulta ha sido, en concreto, la que ha demorado el acuerdo hasta hoy miércoles. Los nacionalistas vuelven a las andadas. Hace años, con el tripartito –en el que la ERC de Carod-Rovira y Puigcercós participaba, no se olvide-, el nuevo Estatuto sirvió para distraer a la población de los problemas reales de Cataluña; ahora, cuando la crisis acecha y los gobernantes deberían dedicarse en cuerpo y alma a resolverla o, como mínimo, a mitigarla, el referéndum y el tan manido derecho a decidir van a ser utilizados para desviar de nuevo la atención. La crisis de Cataluña es muy profunda y las causas nada tienen que ver con la supuesta malquerencia de España ni con el mítico expolio fiscal. El ensimismamiento no es buen consejero ni solución adecuada.

CiU ganó las elecciones autonómicas, pero perdió en su voluntad de liderar en solitario el proceso de “transición nacional”. Artur Mas, en lugar de dimitir, como hubiera sido lógico tras la parcial condena electoral de su apuesta por un viaje a ninguna parte, ha cortejado y se ha puesto en manos –o, mejor, en garras- de ERC. Supongo que ahora volverán a contarnos la fábula sobre este partido consistente en asegurar que es una formación de gobierno y con una larga historia. ERC no es, sin embargo, ninguna de las dos cosas, en especial si entendemos la primera en términos de responsabilidad. Recuerdo que, justamente antes de formarse el primer tripartito, una colega y amiga intentó convencerme, ante mi escepticismo, que ERC había cambiado y que se había convertido, en manos de Carod-Rovira, en un partido serio, responsable, fiable y de gobierno. No tardó mucho su líder, como todo el mundo recuerda, en ir a Perpiñán a conversar amablemente con ETA. El balance de la participación de ERC y de los ex comunistas verdes en los gobiernos de Maragall y Montilla es muy negativo. Los socialistas lo siguen pagando. Y también todos los catalanes, abrumados por el dinero malgastado, que hoy suma en la deuda del país, y la mediocridad de los dirigentes implicados. No solamente tenemos ejemplos de esta incapacidad republicana en el gobierno de la Generalitat, sino también en un buen número de ayuntamientos o en la Diputación de Gerona, que en la pasada legislatura estuvo en su poder. La formación dirigida por Oriol Junqueras no puede inspirar ninguna confianza, ni en base a la experiencia ni teniendo en cuenta las personas que la encabezan, empezando por el propio secretario general.

El republicanismo de la ERC de hoy poco tiene que ver con el republicanismo histórico, pese a la voluntad de los dirigentes y militantes de considerarse herederos del partido que tenía ese mismo nombre en la Segunda República. Lo de Macià y Companys era otra cosa, aunque, en el segundo caso, la irresponsabilidad de 1934 pueda recordarnos algunos acontecimientos recientes. El republicanismo actual es una tradición inventada. En la segunda mitad de la década de 1970, el republicanismo se extingue casi totalmente. Tres razones, como mínimo, permiten explicarlo: el peso negativo del pasado, que incluye una lectura catastrofista del final del régimen republicano de 1931-1939; la ausencia de espacio político en el nuevo modelo democrático; y, finalmente, la conformación de una monarquía, la juancarlista, no solamente compatible, sino además puntal básico, de la democracia, con lo que la dicotomía república-monarquía perdió, hasta fechas muy recientes, todo sentido movilizador. En consecuencia, el resurgimiento de ERC no pudo venir del lado republicano, sino del lado nacionalista en versión independentista. La ERC de 2012, en definitiva, heredera de la de los Àngel Colom y Pilar Rahola, de la de los Joan Puigcercós y Josep-Lluís Carod-Rovira, no puede ser, de ninguna manera, un buen aliado para la gobernación de Cataluña. Mas se ha equivocado nuevamente. Me temo que, si las cosas no cambian de manera sustancial, esta legislatura no solamente va a ser muy agitada, sino, además, bastante corta.

Jordi Canal

Historiador

JORDI CANAL es doctor en Historia y profesor en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París

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