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El Rey de España

viernes 04 de enero de 2013, 20:07h
El rey Juan Carlos I cumple, este sábado, 75 años. Nació en Roma, en 1938. Su abuelo Alfonso XIII había sido destronado en 1931 y los Borbones españoles vivían, por aquel entonces, en el exilio. Educado en España, en plena dictadura, tras un acuerdo entre Don Juan de Borbón y Francisco Franco, contrajo matrimonio, en 1962, con Sofía de Grecia. La pareja ha tenido tres hijos: Elena, Cristina y Felipe, el actual Príncipe de Asturias. A finales de 1975, Don Juan Carlos se convirtió en Rey de España. En los años siguientes tuvo un papel muy importante en la consolidación del nuevo régimen democrático. Su figura acabó adquiriendo las cuatro legitimidades sobre las que, hasta hoy mismo, se fundamenta: constitucional, democrática, popular y dinástica, adquirida, esta última, en 1977, tras la renuncia de Don Juan a sus derechos al trono. La Monarquía se ha convertido en un símbolo unificador, moderador y de referencia en el seno de una España democrática y moderna.

Los últimos tiempos del reinado han sido, sin embargo, complicados, tanto por la situación de crisis en España como por las turbulencias mediáticas provocadas por el propio Rey y por otros miembros de su familia, en especial el yerno, el ex balonmanista Iñaki Urdangarín. La implicación del marido de la infanta Cristina en negocios más que dudosos, investigados en el marco del caso Nóos, supuso –y sigue suponiendo, puesto que el proceso sigue en curso- un importante mazazo para la institución monárquica. 2012 ha sido calificado como “año dificilísimo” por parte del jefe de la Casa del Rey, Rafael Spottorno. El episodio de la cacería en Botsuana, bien acompañado y con accidente final, que acabó mostrando públicamente que el matrimonio con Doña Sofía hace aguas, causó indignación y algo de conmoción. La foto recuperada de Juan Carlos I posando, junto a otro cazador, frente a un elefante abatido dio la vuelta al mundo. Los reiterados e intranquilizadores problemas de salud del Monarca no ayudan, en absoluto, ante este panorama. Este domingo 6 de enero termina oficialmente su baja –con la excepción del mensaje televisado de Navidad- tras la última operación. Su estado físico no inspira demasiada confianza y la palabra abdicación ha sido bastante repetida.

El gran reconocimiento y la amplia legitimidad popular de que, todavía a inicios del siglo XXI, gozaba la monarquía de Juan Carlos I, tanto dentro como fuera de España, se han erosionado. Mientras que los medios de comunicación, en especial los del corazón y la carnaza, han hecho su agosto durante muchos meses con las aventuras y desventuras de la familia real, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), en cambio, se ha “olvidado” de preguntar, en la gran encuesta de octubre de 2012, sobre el Rey y la institución monárquica. Recuérdese que un año antes, los españoles habían suspendido por vez primera, con un 4’98, a la Corona.

El pasado jueves 3 de enero, el diario El Mundo dio a conocer los resultados de un sondeo preparado para el periódico por Sigma Dos, con informaciones interesantes sobre la Corona, el Rey y la familia real. A la pregunta ¿Cuál es su balance del reinado de Don Juan Carlos?, responden muy bueno un 6’6%, bueno un 43’5%, regular un 26’5%, malo un 11’9% y muy malo un 6’4% (con 5’2% de no sabe/no contesta). Si comparamos los datos con los de doce meses antes, han bajado significativamente los porcentajes positivos y han aumentado los negativos: del 23’9% de muy bueno, en enero de 2012, al 6’6% actual; del 12% de regular al 26’5%, por ejemplo.

Otras preguntas de la encuesta –con algunos problemas a la hora de representar gráficamente los datos- matizan una percepción que, no puede olvidarse, debe bastante a la propia situación de crisis económica, social y política de España. Un 53’8% contesta afirmativamente a la cuestión ¿Respalda la Monarquía como forma de Estado para España?, frente al 41% que lo hace de forma negativa. Por franjas de edad, únicamente en la de 18-29 años el No se impone. Sobre el heredero de la Corona, Felipe de Borbón, tienen muy buena o buena opinión el 62’3% de los encuestados, y el 63’1% así la expresan sobre la reina Sofía; menos, el 51’9%, lo hacen sobre Doña Letizia. Finalmente, el 44’7% opina que el Rey debería abdicar ya en su hijo Felipe, mientras que el 40% se inclina por una continuación del reinado de Juan Carlos I.

Cierto es que, como se ha asegurado, según las encuestas de la propia Zarzuela los españoles han pasado página sobre Botsuana y la recuperación de la popularidad resulta evidente, pero los datos publicados por El Mundo desmienten esta visión e incitan necesariamente a reflexionar. Resulta lógico que la opinión de los españoles sobre el reinado de Don Juan Carlos sea hoy mucho más crítica que ayer. Pero, una valoración general sobre la monarquía juancarlista, al margen de elementos coyunturales y con perspectiva histórica, no puede ser más que positiva. Ha dado lugar a una larga etapa democrática, modernizadora y de crecimiento, algo no frecuente en nuestra historia. Los brotes no especialmente verdes de hoy no pueden ocultarnos el envidiado paisaje de ayer.

Juan Carlos I ha sido, sin duda, como afirmé hace pocos días en el dominical de un diario nacional, uno de los mejores Borbones en el trono de nuestro país. Aunque les duela en el alma a Iñaki Anasagasti, a los gestores de la televisión pública catalana, a algunos republicanos conversos y a otros críticos viscerales. Ha cometido, como no podría ser seguramente de otra manera, equivocaciones y errores. Algunos, de bulto. Pero, insisto, el balance general, al cabo de poco más de treinta y siete años, es mucho más que satisfactorio. La monarquía de España, hoy como ayer –y como mañana, en una sucesión que no va a resultar sencilla y para la que Don Felipe parece estar ya, tras unos erráticos inicios, preparado-, como buena monarquía democrática, popular y republicana que es, debe seguir relegitimándose día a día. Este es su sino y la base del éxito. Y solamente puede llevar a cabo esta tarea mostrándose ante los españoles, en fin de cuentas, como garantía de estabilidad, de unidad y de convivencia democrática.

Jordi Canal

Historiador

JORDI CANAL es doctor en Historia y profesor en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París

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