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POR LIBRE

Chávez, el cáncer de América

martes 08 de enero de 2013, 08:32h
Hugo Chávez, según las informaciones que se filtran con cuentagotas, agoniza en un hospital cubano. El iluminado impulsor de la revolución bolivariana, el populista, gritón y esperpéntico presidente de Venezuela, ha despedazado el equilibrio y la democracia de su país y ha trastocado el mapa geopolítico de Iberoamérica y del mundo entero.

El objetivo de su revolución, el único, ha consistido en atacar sin miramientos y con saña al mundo occidental y democrático y, en especial, a Estados Unidos. En Venezuela, un país que podía ser de los más ricos del mundo, la población vive entre la miseria y la violencia, sin libertad de ningún tipo, amenazada, asustada por el monstruo político que ha presidido el país. El suculento dinero de las inmensas bolsas de petróleo que se extraen diariamente se dedica, en exclusiva, a expandir esa revolución populista-comunista que se ha inventado el fanfarrón de Chávez.

Cuba recibe gratuitamente miles de barriles de ese petróleo para mantener a los Castro en el poder, mientras Perú, Bolivia, Nicaragua y, en buena parte Argentina, han caído en las garras de la revolución antioccidental impulsada y dirigida por el presidente venezolano y sus petrodólares. Chávez también ha apoyado a Irán, uno de los mayores peligros, sino el mayor, de la estabilidad mundial. Ha acogido y pertrechado a terroristas y narcotraficantes de todos los rincones del mundo, entre ellos a muchos etarras. El hombre que hoy agoniza, en fin, él solito ha supuesto un cáncer para la paz y la estabilidad en América y en el mundo entero.

Y ahora qué. Qué pasará cuando muera Chávez. Nicolás Maduro, el vicepresidente venezolano y sucesor “in péctore” intentará seguir al pie de la letra la política de su jefe. Aunque en unas hipotéticas elecciones tendría que derrotar a Capriles, el hombre que aglutina a toda la Oposición, quien, pese a no pasar por un buen momento tras su última derrota, ya no se enfrentaría a Chávez y a su popularidad, ganada al controlar todos los medios de comunicación y a su verborrea imparable.

Se supone que los Estados Unidos, en especial, y las cancillerías de todo el mundo ya mueven sus fichas. Unos, para impedir la continuidad del régimen de Chávez y otros, para mantener la revolución y la locura del iluminado venezolano.

El régimen cubano, por ejemplo, tiene más interés que nadie en prolongar esa unión fraternal, pues el comunismo castrista se quedaría aislado y la miseria en la que vive el pueblo se agudizaría al faltarle el oro negro venezolano. Estados Unidos y los cubanos de Miami están al acecho, con todo preparado para llevar la democracia y la estabilidad a la isla. Porque el país caribeño subyugado por los Castro es uno de los más bellos lugares del mundo, pero ha sido arrasado en todos los sentidos: la gente vive en la calle, buena parte de las casas están agujereadas literalmente, sin paredes, ni puertas y el pueblo se encuentra atemorizado y empobrecido hasta límites insoportables.

Los únicos que viven razonablemente bien son los adictos al castrismo. Los cubanos, por ejemplo, que viven en España u otros países tienen la misión y la obligación de espiar y pasar todo tipo de información al Gobierno. Son los que entran y salen libremente del país, no los exiliados que huyeron, pero que no podrán volver mientras el castrismo se mantenga.

El resto del pueblo vive atrapado en una cárcel, en una hermosa cárcel, empapada de ron e infectada por el comunismo más cruel y sanguinario. Y si cayera el régimen de Chávez, Cuba podría soñar con la libertad, buena parte de Iberoamérica se quedaría huérfana, Irán sin un aliado fundamental y muchos terroristas, sin el apoyo y el refugio del que ahora disfrutan.

El mundo vive pendiente de la salud del sátrapa venezolano. Pues todo cambiará cuando muera. Pero deja una pesada herencia y muchos adeptos a los que ha engañado y lavado el cerebro con sus discursos estrambóticos, pero eficaces. Un cáncer puede acabar con el cáncer de América.