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CRÍTICA

Javier Tomeo: Cuentos completos

domingo 20 de enero de 2013, 13:12h
Javier Tomeo: Cuentos completos. Edición y prólogo de Daniel Gascón. Páginas de Espuma. Madrid, 2012. 872 páginas. 29 €
La editorial Páginas de Espuma da la bienvenida a sus lectores al mundo narrativo de Javier Tomeo con un extenso volumen que recopila buena parte de la producción breve del escritor aragonés. Las más de ochocientas páginas que lo componen, prologadas y editadas por el filólogo y escritor Daniel Gascón, suponen una sugerente invitación a un universo en el que reinan los elementos fantásticos, grotescos y muchas veces despiadados. Los animales, incluso los más indeseables, dan cuenta de la vileza de los hombres y éstos, desconcertados ante su papel en la naturaleza, sufren con frecuencia insólitas fusiones y relaciones con las bestias.

Los inicios literarios de Javier Tomeo (Quincena, Huesca, 1932) se remontan a los años cincuenta, cuando publicó varias novelas del oeste y de terror bajo el popular sello editorial Bruguera. El escritor y dramaturgo aragonés cuenta actualmente con seguidores en todo el mundo –en Alemania tiene una excepcional aceptación. En Europa, sus dramas se han llevado a los escenarios en repetidas ocasiones con éxito de crítica y público. Sus obras han sido traducidas a más de quince lenguas, por lo que son muchos los lectores que disfrutan sumergiéndose en el particular mundo narrativo de Tomeo. Críticos y compañeros de profesión aprecian en él las huellas de autores como Kafka, Mihura, Valle-Inclán o Gómez de la Serna, entre otros, y es que ciertamente Tomeo comparte con ellos el gusto por lo inverosímil, por lo deformado y monstruoso, por lo onírico e irracional.

En Cuentos completos se incluye una parte representativa de la prolífica obra de Tomeo. Las piezas breves que forman el volumen pertenecen a Bestiario (1988), Historias mínimas (1988), Problemas oculares (1990), Zoopatías y zoofilias (1992), El nuevo bestiario (1994), Cuentos perversos (2002) y Los nuevos inquisidores (2004). Se han incluido asimismo algunos textos de carácter inédito, tanto obras nuevas como reescrituras, que cierran el libro.

Las piezas breves de Tomeo constituyen pequeñas dosis de irracionalidad que ayudan a afrontar la muchas veces anodina realidad desde una perspectiva diferente. Sorprende el autor por su capacidad de observación de los detalles, incuso de los más nimios, y por su habilidad para convertirlos en metáforas y comparaciones disparatadas, grotescas, a veces también bellas por sus inesperadas e insólitas asociaciones. En los relatos de Bestiario, que recuerdan un poco a esos álbumes de animales de la infancia, encontramos bellas descripciones de seres generalmente considerados viles e indeseables, como avispas, gusanos, cucarachas o arañas. Muestra Tomeo un especial interés por los insectos, pues son muchos los que aparecen en Bestiario. Las bestias se caracterizan a sí mismas haciendo uso de valores y criterios aplicados a los seres humanos y se defienden de las atribuciones peyorativas que el tiempo y la tradición les han imputado. El escarabajo no duda en recurrir a su pasado de ser glorioso, en tiempos de faraones y pirámides. La mantis compara sus estructuras con la forma de una orquídea y se plantea la posibilidad de ser una bella flor en vez de un cruel insecto. El lector constata así que hasta el elemento más vil puede ser sometido a muy distinta consideración si se huye de lo convencional y lo establecido.

Las Historias mínimas, pequeñas piezas dramáticas protagonizadas en muchos casos por parejas de personajes arquetípicos y a veces contradictorios como payasos melancólicos o suicidas inmortales, invitan a través de los diálogos a la reflexión sobre cuestiones tan consustanciales al ser humano como la soledad o la incomunicación. Ni siquiera las relaciones amorosas escapan a la frustración que genera la sensación de plena incomprensión. En algunas piezas el espectador constituye también, de alguna forma, un personaje más, puesto que en las acotaciones Tomeo adivina y calibra las reacciones del “patio de butacas” ante la situación que acaba de representarse en escena.

Es la de Tomeo una visión lúcida sobre la realidad, sobre la vida y la muerte. Curiosamente, esa visión se transmite mediante personajes afectados de deficiencias visuales. La miopía que padecen algunos de los personajes de Problemas oculares, a veces real, a veces fingida, les permite captar una realidad plagada de interrogantes que enriquecen la existencia y, en ocasiones, la hacen incluso menos cruel. En los Cuentos perversos encontramos situaciones cotidianas que, gracias a una visión deformada del narrador, se tornan escenas absurdas e imposibles, cuya perversidad reside muchas veces en las ansias del protagonista por rodearse de un entorno acorde a su estatus y condición, además de cambiante en función de sus caprichos, como sucede en “El sargento Gutiérrez”. Los finales brutales y sangrientos confirman el egoísmo de las personas, en radical contraste con el reino de los animales, cuya existencia se encuentra en clara y pacífica armonía con la naturaleza y sus ciclos vitales.

Javier Tomeo se considera un claro defensor del cuento y de la brevedad narrativa, que resulta para el autor aragonés mucho más cercana al lector actual y a sus rápidos ritmos y costumbres que las narraciones extensas. Sus cuentos constituyen pequeños y sugerentes aperitivos de un mundo singular que puede parecer ajeno a la realidad que nos rodea pero que no es sino otra visión de la misma. Su personal universo narrativo, emparentado con el surrealismo y el absurdo, puede ser una buena terapia para contemplar la vida con otros ojos, huir de la rutina y la cotidianeidad y, como diría el inteligente tábano de Bestiario, recordar que a pesar de las dolorosas picaduras de viles criaturas, seguimos vivos, contemplando la belleza que nos rodea.

Por Lorena Valera Villalba
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