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Positivismo en la calle : de espaldas a la ciencia

lunes 28 de enero de 2013, 20:37h
Pero ni los científicos de hoy ni la ciencia del siglo XX son como el positivismo las piensa. Los científicos hoy más que nuca saben que el conocimiento progresa cambiando, desechando las teorías anteriores por nuevas hipótesis que saben que durarán solo hasta que otra nueva teoría tenga más capacidad para explicar los problemas que se plantean. Los mismos problemas van cambiando, las preguntas de los seres humanos al igual que las de los científicos -si bien son las mismas desde que el hombre es hombre-, se van modelando siempre descubriendo nuevos matices, nuevas vetas que explorar.

Las preguntas generan otras y siempre plantean nuevos problemas, nuevas perspectivas. Por ello, ni el conocimiento científico es definitivo ni es objetivo. No es igual un problema planteado por un científico que por otro, la subjetividad y la personalidad de cada uno es particular e influye en la forma de investigar y resolver cuestiones. Ello no afecta negativamente al conocimiento sino que -como bien han entendido los físicos después de mucho renegar de su mismidad-, ello enriquece las investigaciones.

Así físicos, matemáticos y en general los investigadores de las ciencias de la naturaleza están hoy de acuerdo con los filósofos y psicólogos sobre los límites del conocimiento racional, la necesidad de conjugarlo con la imaginación, la sensibilidad y la intuición, haciendo participar la subjetividad de cada investigador, enriquecida por su contexto, sus experiencias vitales en la formulación de preguntas y en el diseño de experimentos, dialogando con las especialistas de otras disciplinas, creando intersujetividad y comunidad.

Y no es que la ciencia haya dado la espalda a la sociedad. En los últimos 30 años los textos de científicos de primera línea como los Nóbeles Prigogine (Física), Kandel (medicina) o los investigadores punteros en neurociencia (por ejemplo Iacoboni) ha publicado multitud de textos accesibles a todos a precios asequibles, la sociedad, el sistema de educación y de investigación, les ha dado la espalda.

Y entre tanto al comunidad científica española sigue emigrando fuera de sus fronteras porque mientras recibían una formación de altísima calidad el CSIC entraba en quiebra técnica, el dinero de investigación siempre disminuía y el país entraba en la devacle. Pero la historia viene de lejos, de una incapacidad manifiesta de dar el paso entre la enseñanza y la profesionalización del propio sistema de investigación.

Y mientras, seguiremos viendo como los científicos se van sabiendo que estén donde estén tienen la verdad y pensando que igual da que estén acá o allá. Cuando la realidad es que la verdad se construye procesualmente, entre científicos y sociedad, unión que nunca debió romperse.

Mariana Urquijo Reguera

Filósofa, profesora e investigadora.

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