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RESEÑA

José María Merino: Los invisibles

domingo 03 de febrero de 2013, 10:51h
José María Merino: Los invisibles. Edición de Santos Alonso. Cátedra. Madrid, 2012. 336 páginas. 15 €
Es noche de San Juan. El joven Adrián está paseando por el bosque anejo a la casa de su anciano abuelo cuando encuentra una extraña flor azulada, de curiosos pétalos triangulares. No puede evitar tocarla, puesto que es una extraña especie que nunca antes había visto y que por ello atrae poderosamente su atención. A partir de ese momento su vida da un giro radical: se ha vuelto totalmente invisible para el resto de individuos. Pueden oírlo pero no verlo. Ni sus familiares, pendientes todos del destino de la herencia del abuelo, ni su insulsa pareja ni sus compañeros de Universidad pueden verlo. La situación es inicialmente desesperante, no obstante ofrece a Adrián un universo de posibilidades y descubrimientos a explorar, desde el mismo concepto de la invisibilidad, no del todo ajeno al resto de personas, hasta la soledad, la incomprensión, la miseria o el amor. Desde su condición de invisible Adrián percibe detalles y situaciones en las que nunca antes reparó: la invisibilidad que otorga la pobreza, la impersonalidad de determinados lugares, que torna también invisibles a las personas que los ocupan, y la capacidad de un invidente para apreciar la realidad con sorprendente agudeza.

El escritor y académico José María Merino publicó esta sugerente novela en el año 2000. La editorial Cátedra la ha reeditado recientemente en la colección “Letras Populares”, a cargo del crítico, profesor y amigo personal de Merino, Santos Alonso. De entre la amplia producción del autor de Novela de Andrés Choz, Alonso adscribe Los invisibles al conjunto de novelas metaliterarias del autor, en las que se exploran magistralmente los límites entre novela y vida, entre ficción y realidad. Tal como señala el crítico, Merino convierte la literatura en vida y lo fantástico en real, por eso cuenta como un cronista una historia fantástica. En la obra nos encontramos no solo con el relato de Adrián, en el que la fantasía, los mitos, las leyendas, los sueños y el complicado paso a la edad adulta -las grandes preocupaciones literarias y vitales del autor- tienen un importante papel, también conocemos el proceso de creación de la novela a través del personaje de José María Merino. El autor es, por tanto, un personaje más en su propia obra.

Los invisibles es así, en cierto sentido, una novela doble. Las peripecias del invisible Adrián, que recuerdan a veces inevitablemente a las del Griffin de El hombre invisible, de H. G. Wells, constituyen la primera parte de Los invisibles. La segunda, narrada por un José María Merino literario, supone una interesante reflexión sobre la creación literaria en general y sobre los límites y posibilidades de la ficción, al hilo de la historia de Adrián. Si en la parte primera disfrutamos con las aventuras y reflexiones del entrañable Adrián, en la segunda nos sumergimos en los pensamientos, dificultades y rutinas del escritor. Tanto Santos Alonso, en su estudio previo, como el mismo Merino en el título de la segunda parte marcan distancia con otros ejemplos de experiencias metaliterarias. No estamos ante una nivola al estilo de la Niebla de Unamuno, pues tan reales -o tan ficticios- son el novelista como Adrián, sino ante una crónica doble: la del joven invisible y la del escritor que va a convertir sus vivencias recientes en novela, con un objetivo tan misterioso como inesperado... incluso para el mismo autor.

Por Lorena Valera Villalba
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