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RESEÑA

Rodrigo Rey Rosa: Los sordos

Rodrigo Rey Rosa: Los sordos. Alfaguara. Madrid, 2012. 240 páginas, 18 €. Libro electrónico: 7,99 €
“Guatemala vive la 'vergüenza' de haber superado ya las muertes violentas de mujeres de Ciudad Juárez con un aproximado de seiscientas mujeres por año, cien más que en esa urbe mexicana, dijo hoy en Panamá la secretaria presidencial de la Mujer Guatemalteca, Sonia Escobedo”. Éste fue uno de los titulares que el acaudalado empresario y banquero Don Claudio leyó mientras intentaba, sin resultados, hallar el paradero de su hija Clara. Pero este teletipo de agencia es también una pista del panorama sombrío que Rodrigo Rey Rosa desarrolla en la última novela de su Guatemala natal.

Los sordos transcurre con un ritmo denso, lleno de colores y de aromas a frituras, cuerpos curtidos, mercados callejeros, pólvora, sangre, pero también lujo, automóviles de alta gama, cenas de gala benéficas para recaudar fondos para hospitales de dudosas prácticas y lavado de dinero, muchísimo dinero. Un viejo banquero, un hijo desinteresado en la fortuna familiar, una hija de mediana edad que todavía conserva una figura atractiva cuyo amante es el abogado familiar, dos guardaespaldas -un viejo zorro y su sobrino, el aprendiz y futuro héroe ocasional de esta historia- completan la trama de mezquindades e intereses que transcurren en un escenario rodeado de volcanes, flora tropical e indígenas que viven al margen de la vorágine de los ricos de piel clara, que preservan el costumbro olvidado, hablan en lenguas originarias y tienen sus propias leyes que hacen valer a fuerza de juicios marciales y linchamientos públicos a plena luz del día.

La novela de Rey Rosa es como uno de esos filmes de factura hollywoodense que poseen todos los ingredientes para entretener al gran público: un thriller de personajes de la alta sociedad en un paisaje latinoamericano que duele por sus profundas desigualdades, un posible secuestro de la heredera de un banquero rico, la extraña desaparición de un niño sordo en un pueblo del interior guatemalteco, un centro de salud enclavado en la piedra de bella arquitectura, alta tecnología y oscuras prácticas. Pero, como los grandes tanques de Hollywood que entretienen e incluso atrapan, a medida que avanzan en la trama, parece que ya conocemos el final, porque todos se parecen entre sí.

Sin embargo, lo más logrado de la novela de Rey Rosa, lo que realmente despega a Los sordos del resto de los thrillers de su tipo e impide que caiga en los lugares comunes del género es la pintura que el autor guatemalteco ganador del Premio Nacional de Literatura de su país en 2004 hace del milenario sistema de justicia maya, de la autoridad ancestral de los tatitas o nahuales y de las prácticas milenarias que entrañan en sí mismas el sentido originario de la tierra mestiza. El propio autor es el que destaca en la Nota preliminar la necesidad que tuvo de indagar, de forma rudimentaria, en el milenario sistema de justicia maya. Gracias a la pluma de Rey Rosa, el lector podrá acercarse a una Guatemala profunda, llena de memoria y de pies descalzos que, por fortuna, se eleva sobre el narcotráfico, la prostitución y las pistolas humeantes.

A veces lo que en apariencia es menos significativo es lo que marca la diferencia.

Por Verónica Meo Laos
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