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Nacionalismo no es violencia

domingo 27 de abril de 2008, 23:06h
Sin que sirva de precedente, me veo en la obligación de defender a ese nacionalismo que, por otra parte, tanto daño creo que ha hecho a nuestra sociedad. La existencia de ETA en el País Vasco ha hecho que se confundan términos, que nadie sepa explicarse y que mezclemos churras con meninas. Sé que mucha gente se sentirá defraudada por lo que voy a decir, pero creo justo y necesario decir que es un error confundir todo el nacionalismo vasco con la locura etarra. Ambos comparten los mismos fines, sí, y no voy a negar que muchos sectores del PNV o EA toleran o transigen con la violencia etarra hasta un punto insostenible. Pero también existen muchos nacionalistas -incluso dentro de la izquierda abertzale- que aborrecen la barbarie etarra y que sienten que cada disparo o cada bomba emborronan un poco más su sueño de una Euskadi libre y soberana.

Considero que en esta discusión hay dos dimensiones bien diferenciadas. Por una parte esta la primera fase, la de la lucha entre violentos y demócratas, que es fundamental superar para empezar a hablar de otras cuestiones. Hasta que no se asegure el derecho a la libertad de expresión y la integridad de las personas, sean cuales sean sus ideas, no podemos decir que nos encontramos en una sociedad sana, susceptible de afrontar, de forma democrática, los cambios que sean necesarios. No se puede hablar de un referéndum sobre la autodeterminación del pueblo vasco, cuando la mitad de los vascos no pueden hablar por miedo a que les maten, extorsionen o agredan. Por ello, el nacionalismo vasco debería ser el primer interesado en solucionar el problema de ETA, que es quién deslegitima, en gran medida, sus peticiones. Es necesario que asumamos que en este momento de la película, todos deberíamos estar unidos en el bando de los demócratas -nacionalistas y no nacionalistas- frente a aquellos que no aceptan otro lenguaje que no sea el de imponer a base de violencia.
La segunda dimensión de la discusión llega cuando nos encontramos en una situación en la que los derechos fundamentales de las personas están asegurados. La discusión y el enfrentamiento dialéctico son la base de la democracia. Me considero una persona profundamente antinacionalista, por motivos que ya he explicado en múltiples ocasiones, pero prefiero combatirlo a través de los argumentos y las razones, en un ring democrático en el que se garantice que gane el mejor. Negar la discusión, metiendo a todo el nacionalismo vasco en el mismo saco, me parece igual de perjudicial, absurdo y simplista, que tachar a todo el nacionalismo español de franquista.
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