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TRIBUNA

Una cumbre con dos vertientes

miércoles 13 de febrero de 2013, 10:55h
Sorprende la escasa atención —en algunos casos insignificante- que los medios informativos españoles han prestado a la cumbre de la UE que se celebró la semana pasada. Inmersos en la cultura del escándalo -que se ha convertido en el recurso prioritario para intentar vender periódicos y mantener o recuperar audiencias- prefieren dedicar tiempos y espacios a las diversas y abundantes corrupciones, reales o inventadas, del odiado personal político, al que hay que machacar con ocasión o sin ella. A algunos parece molestarles que España haya salido bastante bien parada de esa compleja reunión de mandamases europeos que pintaba muy mal y que parecía condenarnos, desde ya, a la condición de contribuyentes netos. Un horizonte muy negativo para nuestro país que, en una situación de crisis económica como la presente, se vería obligado a asumir la condición de quienes dan más de lo que reciben de las instituciones europeas. Por fortuna no ha sido así y gracias a la eficaz negociación de Rajoy y a la búsqueda de aliados de tanto peso como Francia e Italia, se nos despeja el horizonte para el septenio 2014-2020, pues lo que se negociaba eran las perspectivas financieras para ese periodo.

El frente nórdico, encabezado por el Reino Unido y por Alemania -que sin dejar de mantener sus tradicionales tesis centradas en la austeridad y los recortes, ha desempeñado un discreto papel de mediadora, que ha evitado lo peor para los países del sur- ha impuesto como ya se sabía una disminución del presupuesto de la UE, por primera vez en su historia. No es, evidentemente, una buena noticia ya que supondrá que algunas importantes políticas, como las dedicadas a I+D, verán reducidas sus asignaciones y sus posibilidades, lo que no positivo en un momento en que Europa tiene que jugar a fondo en la economía global la carta de la competitividad. Los nórdicos han tomado como lema el de la austeridad para todos y no aceptan de buen grado la tesis de que hay que dar un cierto respiro a los países que, como el nuestro, están imponiendo a sus poblaciones unos sacrificios que están llegando, si es no han llegado ya, al límite de lo posible y de lo razonable.

Los ricos de la UE ya no disimulan su vocación renacionalizadora, que trata de reducir las competencias de la Unión y, en consecuencia, sus propias aportaciones económicas. Esta actitud llega al colmo con Cameron, que acaba de prometer a sus ciudadanos un referéndum para preguntarles si quieren quedarse o salir de la UE y que ha sido uno de los más activos defensores de un presupuesto jibarizado. Como es tradicional desde Margaret Thatcher, Cameron ha logrado que se mantenga el llamado “cheque británico”, que le compensa de las aportaciones que hace el Reino Unido, y que pagan “a escote” los otros 26 miembros de la UE. Nadie se atreve a discutir este privilegio del que se beneficia el menos europeísta de los países que forman la Unión. Con un par…Además, el primer ministro británico ha logrado meter la tijera en los sueldos y pensiones de los funcionarios de la UE. Quizás habría que hacer algo así en estos tiempos de austeridad, pero no deja de ser paradójico que un país que puede estar fuera de la UE en tres o cuatro años esté dictado sus perspectivas financieras para los próximos siete.

Este Consejo Europeo se había reunido con la idea de que era necesario hacer un esfuerzo a favor del crecimiento, sin el cual el dinamismo económico y la disminución de las cifras de paro son imposibles. Y, por supuesto, ese esfuerzo adicional sólo puede venir de aquellos Estados a los que ha afectado menos la crisis, esto es los ricos del norte. ¿Quién va a financiar, si no, ese necesario crecimiento? La sola idea de que esa responsabilidad recaiga sobre los Estados, que sólo podrán afrontarla endeudándose más y, por lo tanto, aumentando su déficit, es una locura que perjudicaría a todos, incluidos los austeros ombliguistas del norte.

Todo esto quiere decir que, desde el punto de vista de la “vertiente europea” de la cumbre no es posible echar las campanas al vuelo. Menos mal que ya no se pone en duda el futuro del euro, que es quizás el pilar más importante sobre el que se asienta la Unión, sin olvidar, claro está, que el futuro de la moneda única se sustenta en el principio de la estabilidad presupuestaria y en que lleguen a buen puerto las acordadas uniones fiscal y bancaria. Pero tampoco brilla la política exterior de la UE, cuyo perfil bajo en todas las grandes crisis internacionales, no deja de ser preocupante.
Pero si la “vertiente europea” de la cumbre suscita todas estas dudas, la “vertiente española” es muy positiva. Que países tan reacios a las alegrías presupuestarias como Finlandia hayan apoyado la concesión de fondos estructurales, de desarrollo rural y de empleo juvenil a España, como el mejor camino para fortalecer el conjunto de la Unión, quiere decir que a la gestión de Rajoy se le da una nota muy alta y que se confía en la política que viene aplicando. A pesar de las críticas internas, poco comprensibles y, en ocasiones, totalmente insensatas. Los 1.800 millones suplementarios de euros para las comunidades autónomas y los novecientos largos para luchar contra el desempleo juvenil son una garantía de futuro para España. Además, la disminución del presupuesto de la Unión que, en sí misma, es negativa, como ya hemos indicado, tiene un aspecto positivo y es que disminuirá la contribución española, lo que en estos tiempos no deja de ser un respiro.

Rajoy, junto con su equipo, ha mostrado una capacidad negociadora indudable y a lo largo de la larga noche del jueves aplicó ese principio básico según el cual el que resiste, gana. Y en una negociación de este tipo nunca puedes sentirte ganador hasta que todo acaba, de acuerdo con esa otra máxima comunitaria que afirma que “nada está resuelto hasta que todo está resuelto”. Y para eso hace falta eso que los italianos llaman “culo di ferro”. Claro está que nada ha terminado todavía porque ahora estas perspectivas financieras tienen que obtener el visto bueno del Parlamento Europeo y se anuncia una animada batalla que, creemos, en ningún caso perjudicará a lo que España ya ha obtenido. Parece que los grupos parlamentarios europeos no están nada satisfechos con lo que les envía el Consejo Europeo y el propio presidente del Parlamento Europeo, el socialista Schulz, amenaza con no aceptar el trabajoso acuerdo financiero, precisamente porque es mucho menor de lo que pedía y se necesitaba.

Pero la situación española empieza a ser valorada positivamente por las instituciones internacionales y por especialistas y empresarios de alto nivel.

Larry Fink, que dirige la mayor gestora de fondos del mundo, afirma que España será una de las economías estrella de Europa, si siguen las reformas; Carlos Ghosn, presidente de Renault y de Nissan, considera que el nuestro es “un país en alza” y apuesta por los centros que tiene en España y la agencia de calificación Fitch mantiene su nota a España y subraya la decisión del Gobierno de reducir la deuda pública. Pero la oposición ni se fija en ninguno de estos síntomas. Se permite criticar lo que ha obtenido Rajoy en la cumbre y se vuelca en la hipotética corrupción del PP. De la suya ni hablan ni la ven, aunque muchos de ellos estén bien rebozados en ella.