www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Director de cine

Alberto Rodríguez Librero: “No hay ningún país que desprecie su cinematografía tanto como nosotros”

miércoles 13 de febrero de 2013, 17:02h
El cineasta Alberto Rodíguez Librero es uno de los cuatro nominados a mejor director en los Premios Goya por su quinta película Grupo 7, que suma 16 candidaturas y se presenta como la segunda cinta con más posibilidades, sólo por detrás de la Blancanieves de Pablo Berger, en la gran fiesta del cine español del próximo domingo.
Grupo 7 acude a la gala de los Goya el próximo domingo como la segunda película con más nominaciones. ¿Se lo esperaba?
No, la verdad es que no lo esperábamos. Pensé que alguna sí podríamos tener porque la película había hecho un buen recorrido en festivales, había ido bien de público y la crítica la había tratado muy bien, ¡pero 16 candidaturas! No lo imaginé. Recuerdo que estaba trabajando con el guionista cuando empezaron a llegarnos mensajes sucesivos, anunciándonos cada una de las nominaciones, y acabamos los dos dando saltos con una alegría tremenda.

¿Cree que se intuye, por las nominaciones de este año a mejor película, un cambio de rumbo del cine español hacia la variedad de géneros y temas que tanto se le ha reprochado tiempo atrás?
No creo que haya sido verdad nunca, pero sobre todo los últimos años está claro que no lo es. Mirando las películas de este año, por ejemplo, ves que hay de todo. Creo que este año ha sido increíblemente bueno, y no sólo por las cuatro que acumulan las principales nominaciones. Ha sido un año de cine excepcional, con al menos treinta películas buenas.

¿Echa en falta alguna entre las nominadas a mejor película?
Seguro que si me pongo a enumerar me voy a dejar unas cuantas. Me gustó mucho Los niños salvajes, por ejemplo. A puerta fría es otra película, muy pequeña, que me ha sorprendido este año.

Resulta paradójico conseguir una cosecha sobresaliente durante uno de los peores años para el cine desde el punto de vista económico…
Pues la verdad es que sí. Precisamente lo que te encuentras alrededor son rodajes que se caen, películas que no se hacen y proyectos que se malogran de una manera o de otra. Sí es sorprendente que haya habido una cosecha tan buena en un momento en el que estamos tan delicados de salud, por lo menos financiera, que es fundamental.

Supongo que cuesta mucho más conseguir la financiación en los últimos años. ¿Cómo lo vivió a la hora de levantar Grupo 7 en comparación con sus anteriores películas?
Se tarda bastante más en conseguir, y eso que yo tengo un productor, José Antonio Félez, con el que he hecho mis cinco películas, por lo que puedo saltarme esa primera parte del proceso de buscar financiación. Pero indudablemente se tarda más. De hecho, Grupo 7 hubo un momento en el que se paró porque no había dinero. Luego lo conseguimos y se pudo rodar, pero hubo un momento en el que estuvo en el aire, algo que yo creo que habrá pasado con todas las películas este año.

Entre las cintas de 2012 hay algunas, entre las que se encuentra este thriller policíaco y social que es Grupo 7, que han sorprendido por meterse en géneros a los que no acostumbraba el cine español hasta hace muy poco…
Es cierto, pero hay una cosa que me da mucha rabia y es que ya me han dicho varias veces la coletilla de: ‘me ha gustado mucho tu película, es muy buena, no parece española’. Considerar cierto tipo de calidad cinematográfica incompatible con el cine español es un error. Si la gente tuviera oportunidad de ir a festivales internacionales se daría cuenta de la repercusión y el marchamo de calidad que tiene el cine español. La calidad no es una cosa que tengamos que lograr sino que ya está ahí.

Entonces, ¿se valora más el producto nacional fuera que dentro?
Sí, se valora muchísimo más. Me parece que ya vendemos más entradas fuera que en nuestro país.

¿Por qué ocurre esto?
No sé. Tengo un amigo que dice que si quieres tener un éxito seguro en España, montes una campaña de difamación. Me parece que hay una parte de razón en esto. Es una pena porque creo que no hay ningún país que desprecie su cinematografía tanto como lo hacemos nosotros. Es impensable, por ejemplo, que los franceses hicieran eso con su cine.

¿Podría decirse que el caso de Francia es el extremo opuesto al español, que los espectadores van a las salas a ver ciertas películas por el mero hecho de ser francesas?
Es que a parte de todas las subvenciones que tienen, de medidas como la que destina el siete por ciento de cada entrada de todas las películas en cartelera a la producción nacional, y de su política de educación cinematográfica desde la base, además hay un consenso entre la izquierda y la derecha para que el cine sea intocable. Llevan años teniendo películas que han sido éxitos internacionales como, precisamente, Intocable este año o The Artist en 2011. Cuando inviertes en una vía concreta se nota. Ellos han hecho una apuesta muy fuerte por el cine y les está funcionando muy bien. Aquí nos falta ese acuerdo para que el cine se considere un bien cultural. Bajo mi punto de vista puede considerarse, incluso, Patrimonio.

¿Y en esta disyuntiva que se ha creado en torno a la subida del IVA sobre el cine como ocio o como cultura?
Tiene que ser las dos cosas, tiene que haber de todo. Pero creo que tenemos que protegerlo como un bien cultura indudablemente, aunque tenga las dos versiones.

Ahora que se está debatiendo en el Congreso la nueva ley de financiación para el cine, sería el modelo francés un espejo en el que mirarse, supongo…
Totalmente, aunque también hay modelos interesantes en Sudamérica, donde algunos países tienen exenciones fiscales bestiales. Hay cosas muy curiosas por ahí, como una ley, creo que Brasil, que obliga a las petroleras a invertir en cine. El grueso creo que sí podría ser el modelo francés y, sobre todo, que se llegara a un acuerdo para que el partido que esté en el poder, sea el que sea, no toque el cine.

Centrándonos ya en Grupo 7, ¿en qué momento decide volver a la Sevilla de los 80 y retratar ese ‘lavado de cara’ pre-Expo?
La película está basada en una serie de hechos reales, pero que ni siquiera ocurrieron todos en la misma ciudad. Un abogado le pasó al coguionista Rafael Cobo un sumario, que es la cosa más aburrida del mundo. Pero, en mitad de las citaciones y frases huecas, de pronto nos encontramos con algo de literatura. Nos enganchó incluso la forma de narrarlo, que era tosca, y, sobre todo, lo que contaba: el narcotráfico hecho en zapatillas, de trapicheos, todo tan miserable. Esas cosas pasaban a 500 metros de donde se estaba construyendo la Cartuja para la Expo, una ciudad del siglo XXI. Era un contraste tan bestia que nos hizo pensar que ahí detrás había una película fantástica.
Por otra parte, nos pareció que el año 92 fue muy significativo para Sevilla porque marcó un resurgir. Durante un momento en la historia, Sevilla fue el centro financiero de un Imperio. Era el puerto al que llegaba el oro, un poco como Nueva York si lo trasladamos a hoy en día. Desde ese momento y hasta 1992 vivió un declive de 500 años y, de pronto, en ese año hay una inyección económica brutal. Vuelve el oro. El 92 fue como una especie de carta de presentación de España al mundo: demostramos ser capaces de organizar unas Olimpiadas, una Exposición Universal y que Madrid sea Capital Cultural el mismo año.

La corrupción parece estar hoy a la orden del día…
Bueno, todo esto que está saliendo ahora veremos en lo que acaba al final… La película trata de un escalafón pequeño de la corrupción pero que en realidad explica todo. Cuenta cómo hay una auténtica cadena de gente que mira hacia otro lado mientras otras personas arreglan determinadas cosas. De permisividad buscando un objetivo concreto. En Sevilla no existió el Grupo 7 como tal, pero sí hubo indiscutiblemente una fuerte represión policial para limpiar el centro de la ciudad de cara a la exposición. Esto es una de las cosas que hace que la película sea universal y funcione muy bien en otros países. Pasó en Sevilla en los ochenta, pero ahora está pasando en Río de Janeiro con el Mundial de Fútbol. La cuestión universal es el hecho de no atajar los problemas, sino esconderlos debajo de la alfombra.

Nació y vive en Sevilla, ¿cómo fue esa recreación de la ciudad de su juventud?
Fue muy complicado. Parece que las ciudades no cambian porque van poco a poco, pero cuando empezamos a mirar fotos de archivo y a contrastarlas con los decorados reales que teníamos y nos dimos cuenta de que era casi imposible. Primero, porque había cambiado el mobiliario urbano, las casas estaban muy remodeladas y nos sobraban muchos detalles en los que apenas reparas, pero que están ahí ahora y antes no estaban, como los ‘splitters’ de los aires acondicionados o las antenas parabólicas. Además, la película hace referencia directa a una época que mucha gente ha vivido. Es más fácil hablar del siglo XI porque pones un tío con un saco en una calle de piedra y nadie va a saber si era exactamente así o no. Pero de los ochenta todo el mundo tiene un referente. Por último, los ochenta fue una época muy estridente. Lo primero en lo que uno piensa es en hombreras y pelos cardados. Nosotros tendimos a eliminar eso porque creímos que iba a entorpecer y a desviar la atención del espectador. Intentamos ser sobrios en ese sentido.

A parte de sus éxitos en la gran pantalla, dirigió cuatro capítulos de la serie Hispania… ¿estamos en el buen camino hacia una ficción televisiva de calidad, como la que triunfa en Estados Unidos o Inglaterra?
Mi experiencia, que se reduce a esos cuatro capítulos, me dice que, poco a poco, sí. En el caso de Bambú, los productores de Hispania, siempre trabajan con directores de cine. La diferencia son los presupuestos. Los americanos saben que las series que hacen las van a vender al mundo entero y nosotros tenemos un mercado mucho más reducido. Un capítulo de The Wire vale casi lo mismo que el coste de rodaje de Grupo 7.

¿Qué tiene entre manos tras Grupo 7?
Hemos estado escribiendo el guión de encargo para una película sobre Francisco Paesa, un colaborador de los servicios secretos españoles que entregó al director de la Guardia Civil Luis Roldán. La historia recorre su vida, desde sus primeros pasos en Guinea Ecuatorial hasta prácticamente hoy en día.

¿Qué importancia que le da a los premios?
La que tienen es para la película, para que llegue al público y se abra la posibilidad de hacer un siguiente trabajo. Lo que te aportan al ego personal dura cinco minutos, así que de poco vale.

¿Qué posibilidades ve para Grupo 7 el próximo domingo?
Es muy complicado. Son cuatro películas muy buenas y creo que hay otras más favoritas, como Blancanieves. Aunque sí creo que tenemos opciones en algunas categorías y espero que alguno saquemos. Lo mejor es que los cuatro nominados a mejor película nos conocemos y ha sido un placer reencontrarnos. Creo que la sensación al tener tres compañeros así es muy diferente a competir con gente que no conoces o que te cae mal. No me importa mucho quien gane, la verdad.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.