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AL PASO

Azaola, Sole y Trujillo: Pensadores federales

jueves 14 de febrero de 2013, 08:39h
Repaso algunas notas que he tomado para el curso sobre el pensamiento político federal de Azaola, Solé y Trujillo que voy a impartir dentro de unas fechas en la fundación Giménez Abad de Zaragoza. Llama la atención el optimismo de estos autores que no tienen ninguna duda sobre la capacidad de las formas federativas para resolver las tensiones nacionalistas del Estado español, sin cuestionarse los títulos preferentes del modelo federal desde el punto de funcional antes que desde el propiamente territorial. Hoy tenemos más dudas sobre la significación integradora del federalismo. Los partidos nacionalistas pueden acogerse al acomodo federal si entienden que la etapa federal sirve de preparación del marco institucional y personal del propio Estado, reconociendo cierta virtualidad simbólica a la Federación, pues tal sistema permite a cada nación disponer de su propia forma política, aunque no exclusiva ni independiente, basada en la soberanía. Pero a la idea fuerte del nacionalismo se le hace difícil la renuncia a la independencia, asumiendo la compatibilidad de las lealtades políticas, propia de la lógica federal, y adecuarse a una cultura política de transacción y acomodo, admitiendo la condición jurídica de las disputas competenciales. Por eso el federalismo de los nacionalistas siempre, en primer lugar, es equívoco, de modo que cuando hablan de federalismo en realidad se refieren al confederalismo, que es una forma política no sólo diferente sino en buena medida opuesta a la federal; y además se trata de un federalismo táctico, aunque el rendimiento político de esta actitud no deba despreciarse, como solución temporal a las tensiones territoriales.

José Miguel de Azaola , en su monumental Vasconia (Madrid 1972 y 1976), reflexiona sobre el modelo territorial a establecer tras el franquismo, pues la regionalización de España constituirá dice, remedando a Ortega, “el tema de nuestro tiempo”. A Azaola, que hizo la guerra civil y que pertenece al grupo de vascos razonantes de los años sesenta del pasado siglo XX (Arteche, Caro, Michelena, y tutti quanti) le interesa especialmente la inserción del País Vasco en el Estado español, que se argumenta en términos ideológicos menos compartidos que en el caso de Cataluña. La fórmula nacionalista vasca, a pesar de asentarse quizás sobre unas bases culturales más claras, no tiene una cobertura suficiente. Además los problemas de penetración del nacionalismo se incrementan a partir de la presencia de ETA. Insistiré especialmente en el curso en la sorprendente prefiguración que hace Azaola sobre el modelo territorial que se incorporará a la Constitución de 1978.

La reflexión política de Jordi Solé Tura y de Gumersindo Trujillo, en muy buena medida parte de supuestos algo diferentes, al existir la organización territorial autonómica que ellos conocen bien en su condición de reputados constitucionalistas. La aportación de Solé está más directamente pegada a la realidad. Solé es verdaderamente un intelectual, por paradójico que resulte el empleo de este adjetivo contrapuesto al de profesor: alguien que profundiza en el análisis de la realidad para transformarla. Solé fue un dirigente cualificado del Partido Comunista, y figuraría como ponente en la constituyente. Parte de la obra de nuestro autor debe entenderse como explicación, pero a veces también como justificación de su propia actuación política.

Solé Tura dedicó un libro muy importante a explicar el catalanismo de Prat de la Riba, que es el fundador del moderno nacionalismo burgués en Cataluña. La obra de Solé no es exactamente la de un historiador, esto es, la de alguien que se limita a ofrecer un relato, magnífico por otra parte, aunque sea de la formación de un pensamiento político. Solé en el fondo presenta la obra, ideológica e institucional de Prat de la Riba, como un caso de nacionalismo, que se explica de acuerdo con una teoría de lo que es una nación como formación política, y que yo trataré de desarrollar en el curso.

Gumersindo Trujillo es un excelente conocedor del Estado autonómico, de sus límites y posibilidades. El Estado federal es la forma política del Estado democrático español, la referencia a que podía aspirar el sistema autonómico, su modelo, entonces, en cuanto correspondencia natural a la condición constitutivamente plural de España.

Trujillo, que tenía una idea dinámica del Estado establecido en la Constitución, dedicó mucho tiempo al estudio de algunas instituciones, particularmente a lo que suelo llamar amarres federales (Senado, mecanismos de cooperación) así como a los hechos diferenciales: partía de una idea realista de la forma política autonómica, y prestaba atención al sistema de partidos, y a la dimensión interna de la descentralización, esto es, su organización institucional. Pero creía que la explicación y la legitimación de nuestra forma territorial en muy buena medida debían ofrecerse en clave histórica, lo que justifica la importancia que ha de darse en la obra de Trujillo a sus estudios sobre la República federal y Pí y Margall.