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Naturaleza muerta

jueves 14 de febrero de 2013, 19:54h
Como dijo hace poco una miga ante mi pregunta sobre sus planes de futuro cuando se acabe su actual contrato laboral dentro de unos meses, respondió: - Veremos, pero si no sale nada, nos echaremos al monte.

Esta expresión que en la historia de las guerras de España significa unirse a la guerra de guerrillas, aprovechar el conocimiento del terreno y de los recursos naturales para combatir al enemigo y procurarse los recursos para sobrevivir, hoy viene a significar recorrer el camino de la ciudad al mundo rural.

Vivir en contextos rurales donde los gastos son menos, el coste de vida mucho más bajo y uno puede procurarse verdura de una huerta, huevos y fruta para su autoabastecimiento con un esfuerzo moderado que además enriquece como actividad (veáse como es casi una necesidad incluso en los núcleos urbanos como posibilidad de contacto con la naturaleza en la proliferación de huertas urbanas).

Este 'echarse al monte' pareciera que pierde su significado de guerrillero y sin embargo, es parte de una guerra silenciosa, la de la energía y los carburantes.

La propaganda oficial insiste en que debemos usar bombillas de bajo consumo, apagar las luces cuando no las usamos, comprar electrodomésticos avanzados que optimizan el consumo etc. etc.

Y dice otro amigo: -Pero si sumamos el ahorro que ello implica nada arreglamos porque el mundo lo está consumiendo y ensuciando la industria, que poco ahorra y nada racionaliza y frente a cuyo consumo la suma de los individuos en sus casas no representa más que un pequeño porcentaje poco representativo.

De modo que un día se puso a calcular y aunque miles de personas se echaran al monte uniéndose a la batalla por el ahorro y la racionalización energética no impedirían la implosión del planeta a la que nos lleva el gasto industrial.

Así, la naturaleza muerta parece un destino inevitable a nivel individual. Y una vez más, es un reto que solo colectivamente se puede afrontar. Para ello es preciso que esas individualidades se sumen para potenciarse de forma que puedan luchar contra el ejército de la 'obsolescencia programada', de las industrias impunes y de los gobiernos voluntariamente ciegos.

Hay proyecto porque podemos imaginarlo. Hay futuro porque la naturaleza sigue viva y nosotros en ella. Falta andar el camino para no llegar al precipicio.

Mariana Urquijo Reguera

Filósofa, profesora e investigadora.

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