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Analfabetos sentimentales

jueves 14 de febrero de 2013, 21:21h
En San Valentín, el día de los enamorados, en muchos medios se habló del amor, muchos hicieron regalos a sus parejas y hubo miles de cenas con velitas para dos. Estuve a punto de escribir un artículo sobre el enamoramiento desde el punto de vista psicológico, pero he pensado que es mejor tratar un tema mucho menos conocido y que hace estragos en muchas parejas. Quizá así pueda aportar alguna pista para comprender el problema que tienen muchos hombres y que lo sufren muchas mujeres. Les hablaré de la Alexitimia.

Ya saben que los médicos tenemos nuestra jerga, como los abogados, los físicos o cualquier otra disciplina de conocimiento. Se trata con ella, en el fondo, de que no se nos entienda. Así, nombrando a las cosas con palabras en griego, damos la impresión de que sabemos más. Alexitimia si lo traducimos daría: A (falta de), lexi (palabra), timia (sentimiento). Esto es, falta de palabras para los sentimientos. Y eso es precisamente lo que le ocurre a más del veinte por ciento de los hombres, que no saben expresar sus sentimientos. En las mujeres es muy poco frecuente. Por eso la alexitimia es una limitación, un problema o un trastorno que lo tienen los hombres pero lo sufren las mujeres. Con mucha frecuencia escucho en la consulta a mujeres que se quejan de que sus maridos no son cariñosos y cuando se analiza en profundidad lo que en realidad ocurre es que no saben expresar los sentimientos, es como si no supieran distinguirlos en su interior, como si no tuvieran matices en su manera de sentir, como si su repertorio sentimental fuera muy limitado. Por eso se les ha llamado también analfabetos sentimentales, sólo aciertan a reconocer sentimientos muy básicos.

No hay que confundir la Alexitimia con la Atimia. Los atímicos son personas que no tienen sentimientos, no es que no sepan expresarlos, ni distinguirlos, sino que carece de ellos. La atimia se da en un trastorno grave de personalidad denominado sociopático o psicopático. Son personas frías y crueles sin sentimientos de ningún tipo, incluyendo la ausencia de sentimiento de culpa tras cometer actos criminales. Nada de esto tiene que ver con las personas alexitímicas.

¿Y por qué se produce la alexitimia? Como ocurre tantas veces contestar al por qué es mucho más difícil que contestar al qué. Hay casos en los que la causa de la alexitimia está clara, son las llamadas alexitimias secundarias, aquéllas que aparecen tras un acontecimiento muy traumático. A veces ocurre tras un estrés postraumático intenso, como puede ser el sobrevivir a una gran catástrofe natural o a un atentado terrorista, y la persona queda entonces con este trastorno como secuela. Pero la inmensa mayoría de los casos son alexitimias primarias, una característica de la personalidad que el individuo tiene desde siempre. Y es aquí donde resulta difícil contestar a la pregunta del por qué. Puede haber factores psicológico-culturales como la educación. En general se tiende a inhibir la expresión de los sentimientos en los chicos, “los niños no lloran”, mientras que en las chicas se fomenta la sensibilidad. Lo que ocurre es que esto no está claro que sea sólo cultural porque niños y niñas se muestran distintos psicológicamente desde etapas muy tempranas del desarrollo evolutivo, lo que lleva a pensar que hay también factores genéticos, hormonales, biológicos en definitiva.

Las nuevas técnicas de neuroimagen cerebral han permitido constatar que las personas alexitímicas tienen menos conexiones interhemisféricas, es decir, que el hemisferio derecho y el hemisferio izquierdo funcionan más independientemente. Esto quizás también explique que los alexitímicos sean muy racionales e integren mal los aspectos afectivo-emocionales.

¿Y qué se puede hacer? Lo primero es comprender que no se trata de algo voluntario que la persona pueda modificar fácilmente, sino de una limitación. No es que no quiera expresar los sentimientos es que no sabe. Lo segundo es ser consciente de la limitación e intentar superarla, porque siempre hay posibilidad de aprendizaje. Los avances en neurociencia nos permiten saber que el cerebro es un órgano capaz de modificarse, que tiene una plasticidad extraordinaria y que los esfuerzos de aprendizaje dan siempre su fruto.

Pero sobre todo conviene que ellas, como en tantas otras cosas, tengan paciencia y nos enseñen.
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