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SU INCLASIFICABLE [i]BLANCANIEVES[/i] OPTA A 18 PREMIOS GOYA

Pablo Berger: “Todos los que me dieron un ‘no’ han hecho posible lo que [i]Blancanieves[/i] es ahora”

sábado 16 de febrero de 2013, 08:00h
Aunque dice preferir no pensarlo, lo cierto es que Pablo Berger parte como favorito de cara a la gran gala de los Goya de este domingo. Su particular versión de Blancanieves, muda, en blanco y negro y con el mundo taurino y el flamenco como telón de fondo, ha enamorado a medio mundo. El proyecto tardó en cuajar casi nueve años, los mismos que se han contado desde la primera y, hasta 2012, única película de este cineasta vasco que empezó sus andanzas en el Bilbao punk de los ochenta junto a un "muy delgado y con cara de empollón" Alex de la Iglesia. Después de llamar a muchas puertas y desearla "como a un hijo", Blancanieves llegó y triunfó. Para Berger, todos los 'noes' que recibió en este camino "han hecho posible lo que Blancanieves es ahora". Por Laura Crespo
A dos días de los Goya, todas las apuestas señalan a Blancanieves como la gran triunfadora. ¿Qué sensaciones tiene?
No me lo creo mucho y tampoco he tenido tiempo para pensar en los Goya. Desde que se estrenó la película estoy en una especie de montaña rusa de viajes, festivales, nominaciones y galas. Posiblemente será el mismo día 17 cuando me empiece a poner nervioso.

En el tema de los favoritos hago caso a Maribel (Verdú), que ha estado nueve veces nominada y sólo ha ganado una. Ella me dice que en muchas ocasiones ha sido favorita y al final no se lo ha llevado y me recomienda que cuando llegue el momento esté pensando que se lo va a llevar otro. De lo contrario, la cara que va a salir en directo no va a ser la correcta. La verdad es que no me lo estoy creyendo mucho y, desde luego, hoy no estoy todavía nervioso.

Ha contado en varias ocasiones que parte de la “culpa” de Blancanieves la tiene un juego que comparte con su hija: ella le da tres palabras y usted inventa un cuento a partir de ellas. ¿Cuáles serían las tres palabras que cimientan esta versión suya del cuento de los hermanos Grimm?
Emoción, sorpresa y fantasía.

¿Por qué una Blancanieves torera
La razón del contexto taurino nace del origen de la película, que es una foto de Cristina García Rodero en la que se ve un grupo de bomberos-toreros. Yo incluí mi propia Blancanieves en el medio, vestida de luces. Esa es la razón. No soy aficionado a los toros, aunque sí que soy de esa generación que ha crecido con ellos sin complejos, de la ‘generación Cuéntame’, en la que las corridas se emitían por televisión, en blanco y negro, constantemente. No soy aficionado, pero siempre he creído que la ceremonia, el rito o el baile con la muerte entre el toro y el torero son elementos muy dramáticos y muy cinematográficos.

Desde luego que es una versión del cuento original de lo más libre. ¿Qué le ha dicho su hija, la máxima instigadora de sus historias, después de ver la película?
Mi hija es fan de su padre. Sobre todo porque llevaba ocho años oyendo que su padre era director de cine y no veía que hiera películas. La única película que había hecho, Torremolinos 73, sobre una pareja que hacía porno, obviamente no la podía ver. Blancanieves la ha podido ver en muchas ocasiones, incluso en un evento especial que se hizo con orquesta en vivo, y está encantada. Chulea mucho en el colegio de que su padre es el director de Blancanieves y, como le gusta mucho leer y los cuentos, me dice que algún día tenemos que escribir un guión juntos.

Durante los casi nueve años que estuvo moviendo el guión y recibiendo sucesivos ‘noes’, ¿no pensó en ningún momento cambiar algo de la idea original para hacerla más atractiva a los productores?
Sí, claro que lo pensé. Al primero que le presenté este proyecto fue la productor de Torremolinos 73 y me dijo que le encantaba el guión y los personajes y que podíamos buscar dinero para hacerla en blanco y negro, pero que era imposible financiar una película muda. Me aseguró que si cambiaba de opinión y hacía hablar a los personajes, la produciría y me llamó de vez en cuando durante todos esos años.

Uno de los pilares fundamentales de esta película era para mí el hecho de que fuera muda. Quería compartir con un público mayoritario lo que yo siento cuando veo una película muda. A mí el cine mudo me ofrece sensaciones y experiencias diferentes y, en muchos casos, superiores a las que me da el cine sonoro. ¿Y si esto que yo siento lo puede sentir gente que jamás ha visto una película muda? Pero durante estos ocho años hubo un momento en el que veíamos que no podíamos financiar la película y decidimos hacer dos versiones, una muda para los cines y una sonora para las televisiones, con la intención de convencer a alguna tele para que entrara. No fue posible ni aún así, y ahora me siento afortunado de que las televisiones nos dijera que no. Eso creo que hubiese sido el fin de mi carrera porque lo que hace de nuestra película algo original y diferente, una experiencia sensorial, es el hecho de que sea muda. Mi conclusión es que todo pasa por alguna razón y que toda la gente que me dio un ‘no’ en este camino ha hecho posible lo que Blancanieves es ahora.



¿De qué vive un director de cine que durante nueve años no hace películas
Afortunadamente también soy productor de mis películas y Torremolinos 73 fue un éxito de taquilla, así que tenía un pequeño colchón, que por supuesto ya se acabó. También me dedico mucho al mundo académico dentro del cine. Trabajo con una escuela de cine americana, la New York Film Academy, desde que empezaron a mediados de los noventa. Hago cosas con ellos tanto en Estados Unidos como en París o en Londres y, a partir de verano, queremos traerla también a España. Los directores de cine siempre buscamos maneras paralelas de vivir porque no hacemos tantas películas. Algunos se dedican a la televisión, otros a la publicidad, y a mí me encanta el mundo académico porque es encontrarte con gente joven que tiene mucha ilusión. Me siento de alguna manera un vampiro con respecto a ellos, me gusta alimentarme de la juventud, de las nuevas ideas y de la nueva forma de ver cine. Un director no puede perder nunca la curiosidad.

Me choca que, tras nueve años, se consiga una financiación tan alta y para una película tan ‘sui generis’ justo en este momento de crisis en el que de lo que se habla es, precisamente, de dificultades para cerrar presupuestos…
Yo he estado en crisis desde Torremolinos 73 hasta ahora, pero mi película no se ha financiado con dinero español. Blancanieves se hace gracias a ayudas europeas, a que es una coproducción con Francia, a inversiones en Bélgica o, incluso, a inversores privados españoles que hemos conseguido a partir de las desgravaciones fiscales. No hemos recibido ninguna ayuda adicional a las normales que se dan a cualquier película que se produzca en España. Además, Blancanieves viene de antes. En realidad, todas las películas que están este año en los Goya han conseguido la financiación hace ya tiempo, antes del hachazo a las subvenciones. La gran crisis del cine español y de la cultura en general se va a notar a partir del año que viene.

Pero ahora que parece que vivimos en un mundo materialista, medido muchas veces por cuánto tienes, de repente llega un productor que acepta un proyecto en el que el beneficio está más que en el aire. ¿Queda gente así en el siglo XXI?
En el cine sí, y muchos. Estoy seguro de que todos los directores y actores que estamos nominados a los Goya nos movemos por vocación. En el caso de Blancanieves, tanto Maribel Verdú, como Ángela Molina y el resto de actores y jefes de equipo hicieron grandes recortes en sus exigencias económicas porque querían hacer la película. El productor, obviamente, no quería perder dinero pero tampoco había ningún interés de ganar, simplemente cubrir.

Nadie, al menos en este país en el que el cine es más una artesanía que una industria, se dedica a esto para ganar dinero. Para eso nos hubiéramos dedicado a la política o seríamos constructores.

Es la eterna contradicción del cine, que se mueve entre la industria y el arte o la cultura…
El cine son las dos cosas, eso está claro. Pero no es como la pintura o la literatura, en las que sirve un lienzo o un procesador de texto, sino que es algo que cuesta muchísimo dinero. Es importante que las películas cubran su costo para poder hacer la siguiente. Nosotros hemos tenido la suerte de que Blancanieves ha sido un éxito de taquilla y se ha vendido a todo el mundo.

Como director, es fundamental que tus películas hagan dinero. Yo no me meto en la cama pensando en los premios o en las buenas críticas, que son muy gratificantes, claro, pero duran cinco minutos. Yo pienso en lo que quiero hacer después, en seguir trabajando, y eso no es posible sin dinero en lo que, al fin y al cabo, funciona como una industria. Además, esa industria no sólo está formada por las caras visibles, por gente que como yo o como Maribel Verdú salimos en los medios. La industria está formada por las 500 personas que hacen cada película y que, como todos, pagan hipotecas, colegios, ropa y comida. Es necesario que nuestras películas den dinero para poder seguir adelante.

Habla de ventas internacionales, ¿se vende mejor una película española en la que hay toros y flamenco?
Lo local siempre es universal. Lo que nos caracteriza, las cosas únicas de un país, gustan fuera, como el cine de Almodóvar, por ejemplo, que está muy unido a las raíces de España. Parece impensable que Estados Unidos reniegue del western o del jazz, pero aquí, curiosamente, sí hay ciertos temas que acomplejan a algunos sectores, no solamente intelectuales sino también de la población general. No soy para nada nacionalista, he vivido fuera de España, mi mujer no es española y creo mucho en el cine europeo como concepto, pero hay cosas que son innegables y no tiene porqué molestar. El flamenco es una música que comunica, que emociona y que es muy respetada fuera de España. Los toros están en las páginas de cultura de nuestros periódicos, caen dentro del Ministerio de Cultura, es incuestionable que forman parte de nuestra cultura. No se trata de reivindicarlos, pero ¿por qué no vamos a poder mostrarlos en una película? El hecho de que un director vasco con una productora catalana haga una película que tenga elementos taurinos y flamencos parece un poco surrealista, y puede que lo sea, pero creo que no podemos estar acomplejados de una realidad.

PIE DE FOTO


Tengo entendido que cuando se enteró de la existencia de The Artist, fue su mujer quien le ayudó a restar pesimismo al asunto. ¿Cómo lo ve ahora, con el éxito de Blancanieves sobre la mesa?
Mi mujer fue fundamental. Cuando yo recibí la noticia me llevé un gran chasco porque gran parte del elemento sorpresa de Blancanieves era el hacer una película muda para el gran público. Películas mudas modernas sí se habían hecho, pero dirigidas a un público muy cinéfilo, y yo quería hacer una cinta de gran presupuesto, que se pudiese estrenar en una multisala y no solamente en un festival. Precisamente lo que hizo The Artist. Mi mujer, al ser japonesa, tiene una filosofía oriental, más reflexiva y pausada, y me dijo que todo pasa por alguna razón. Al final ha sido verdad. Lo que consiguió The Artist es romper prejuicios y crear un público que ya no se asusta ante la palabra muda. De hecho, lo mudo puede ser ahora hasta comercial, un elemento atractivo. El público al que le gustó The Artist ha venido a ver Blancanieves y también ha pasado lo contrario, gente que ha visto Blancanieves y ahora está alquilando The Artist. Espero que gracias al éxito de las dos películas vengan más cintas mudas de otros países porque hay hueco para todo y sé que el espectador disfruta con ellas.

¿Cree que el éxito arrollador de The Artist en la última edición de los Oscar ha influido en que, finalmente, Blancanieves no haya entrado este año en los premios de Hollywood?
Sí que hay gente que me lo ha dicho, algunos analistas e incluso periodistas americanos. En España los medios os habéis portado muy bien con Blancanieves porque sabíais que era un proyecto anterior, que no estábamos chupando de la rueda de The Artist sino que se empezó a gestar mucho antes. Aquí eso se trata como una anécdota, no como un handicap. Pero allí, los académicos no lo sabían, estoy seguro de que una parte de ellos pensó que mi película nacía en un intento de aprovechar el éxito de otros y eso no le gusta a nadie.

Las interpretaciones en Blancanieves son soberbias y así se ha reconocido con las nominaciones de Maribel Verdú, Macarena García, Daniel Giménez Cacho, José María Pou, Ángela Molina y Emilio Gavira. La única que se ha quedado fuera es la pequeña Sofía Oria. ¿Qué le parece la norma de la Academia que impide, desde la pasada edición, las nominaciones a los menores de 16 años?
No me parece bien. Nuestros premios de cine, como los de muchos otros países, siguen un poco el ejemplo de los Oscar, que no tienen esa regla. Menos mal que Macarena García, que está nominada a mejor actriz revelación, es amorosa y generosa y en todos sus discursos, cada vez que ha recibido un premio, siempre habla de Sofía y comparte con ella el éxito de su papel. Sofía va a venir a la gala de los Goya y va a participar de la fiesta, porque además estoy convencido de que hubiera conseguido la nominación. Es espectacular.

¿Tendremos que esperar otros nueve años para disfrutar de una nueva película de Pablo Berger?
Espero que no. De momento estoy en este tren bala que son los festivales, la promoción y los estrenos en diferentes países. Para verano, cuando preveo que esto se habrá calmado un poquito, tengo previsto releer un par de guiones que escribí en los años en los que intentaba arrancar Blancanieves. Necesito sacarlos del cajón y ver si ahora siento por ellos lo mismo que cuando los escribí. Cada una de mis películas es como si fuese un hijo, un acto de amor que hay que desear. El esfuerzo que exige hacer una película es tan terrible que un director no puede hacerla por hacer. Si cuando vuelva sobre esos guiones veo que no me motivan, me pondré a escribir, que además es la parte que más me gusta del proceso.

Las cuatro películas que optan al máximo galardón este domingo son muy diferentes entre sí. ¿Qué cree que valoran los académicos españoles a la hora de votar?
El cine es como el vino, hay añadas peores y añadas mejores, y la cosecha cinematográfica española de este año ha sido muy buena y muy variada. Tenemos desde una gran superproducción que conecta enseguida con el público, una maravillosa película de autor, un thriller de gran calidad, realidad y actualidad y la mía, que a mí me cuesta clasificar. Los académicos son público antes que nada, y el público no toma las decisiones de forma analítica sino visceral y emocional. Como la Academia está formada por miembros cada uno de su padre y de su padre, la votación también ha ido en distintas direcciones y han salido cuatro películas muy diferentes entre sí.

Terminemos por el final. Sin dar demasiados detalles a los espectadores rezagados, ¿por qué un final abierto para este cuento ?
Para mí es importante que el público participe en el proceso creativo cuando va a ver una película y siempre me han encantado los finales abiertos. Me encanta que el espectador, a la salida del cine, hable con su pareja, con su amigo o con su madre durante cinco minutos sobre lo que han entendido y se planteen su están de acuerdo o en desacuerdo con el director. Creo que los directores siempre dejamos las películas inacabadas. Las películas las acaba el espectador.
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