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Crónica económica

Qué se juega España en las elecciones italianas

domingo 24 de febrero de 2013, 23:24h
Domingo y lunes son los días que tienen los 47 millones de electores italianos para votar en las elecciones generales. Todo apunta a que saldrá un Parlamento “colgado”, es decir, sin un mandato claro. España se juega mucho.
Olli Rehn ofreció una rueda de prensa en la que comentó las conclusiones del informe de previsiones de inverno de la Comisión Europea sobre la futura marcha de la economía de Europa. El panorama que dibujaba para el continente era gris oscuro: Una décima de crecimiento este año, y un 1,6 por ciento en 2014. Y una tasa de paro que no caerá del 11 por ciento hasta 2015.

Las buenas noticias o, más bien, las noticias esperanzadoras sobre la economía europea se van sucediendo. Irlanda prácticamente ha vuelto al mercado. Portugal, aunque está lejos de resolver sus problemas, empieza a hacerlo. Grecia crecerá en 2014. España parece haber dejado atrás lo peor. Mentalmente, porque la verdad es que lo peor es lo que estamos viviendo en 2013. Pero la recuperación ya puede atisbarse.

Pero eso no quiere decir que Europa haya solventado su crisis económica, que también es fiscal y, en última instancia, institucional. Hay dos países que preocupan especialmente. Uno de ellos, al que nos hemos referido en alguna ocasión, es Francia. Es el ejemplo perfecto de lo que piden casi todos los medios de comunicación: nada de austeridad, aumento de gasto público, ausencia de reformas… Francia contaba con una economía privada ahogada, pero productiva y diversificada. Pero que tiene graves problemas. Francia tendrá que hacer las reformas que ha preterido, y tiene que revisar su amplio Estado de bienestar, así llamado.

El otro es Italia. Mario Monti ha logrado algo sólo al alcance de un político italiano: Ha gobernado sin salir elegido en las urnas, y se ha revestido de un aura de eficacia y reformas pese a que su ejecutoria no ha ido muy lejos. Tan efectiva ha sido la representación, que Monti llegó a proponer que se celebrasen elecciones, que él no se presentaría, pero que se postularía para repetir después de los comicios como primer ministro. Es decir: vosotros haced vuestras elecciones, que yo me dedicaré a gobernar. Lógicamente, su propuesta no ha ido muy lejos.

Las elecciones son ahora, y todo apunta a que ganará el candidato de la izquierda, Pier Luigi Bersani. Él representa el compromiso con Europa y, por tanto, con las reformas y la austeridad, aunque con un obligado tinte socialdemócrata. Las últimas encuestas, del día 8, situaban en segundo lugar, y muy de cerca, a Berlusconi, que no habla de recortes ni de cerrar el déficit público, sino de rebajar los impuestos y perdonar a los defraudadores fiscales. También pide abandonar el euro y volver a la lira. Grosso modo, el líder de la izquierda acoge los mensajes de la derecha y viceversa. Berlusconi hace el papel de antisistema, con su idea de abandonar el euro. Nada, eso sí, como Beppe Grillo, cuyas propuestas son tan alocadas y desastrosas que da lo mismo mencionarlas. Y Monti, que todavía concita de un 12 a un 15 por ciento de los votos, está en cuarto lugar.

Así como Francia supone un riesgo económico claro, reforzado por el hecho de que el electorado no quiere un giro en la política, Italia supone un grave riesgo político. La política de austeridad, aunque muy limitada, funciona. Pero tiene que ser consistente. Si un país como Italia se echa atrás, si pone en riesgo el euro o amenaza con hacerlo saltar por los aires, el mercado reaccionará. Los inversores no tienen por qué invertir en Europa. El mundo es muy amplio. Asia crece endiabladamente. Iberoamérica va por barrios, pero hay países muy interesantes. Qué decir de los Estados Unidos. O de Oceanía. África está emergiendo consistentemente desde hace década y media.

Si la frágil confianza en que los europeos reconduciremos la crisis financiera, económica y fiscal, se quiebra, el dinero huirá. Y lo hará de nuestro país que, pese a todo, sigue teniendo graves problemas. Y sin capital no hay recuperación. Y sin recuperación, todo lo hecho hasta el momento servirá, pero no para mucho. Y tendremos que profundizar en el camino de las reformas y, sí, también en el de los recortes. En un entorno más recesivo, y con crecientes protestas en la calle. Nuestra recuperación está en el aire. Y depende, aunque no enteramente, del buen sentido de los votantes y de la clase política italiana. Nada menos.
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