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ENTRE ADOQUINES

M5S: la revolución de Beppe Grillo

viernes 01 de marzo de 2013, 08:32h
El M5S o Movimiento cinco estrellas, la autodenominada formación ciudadana liderada por Beppe Grillo, ha alcanzado en Italia cotas de epidemia y ya sabemos que en la Europa del Euro cuando un país enferma, a los de al lado les sale sin remedio un sarpullido. De modo que después de constatar en las urnas que sí, que el país transalpino se ha pillado un buen resfriado — o lo que sea -, en España nos hemos puesto a estornudar sin pañuelo mientras que en Bruselas ya están los sesudos expertos discutiendo si es más efectivo el Frenadol o la Couldina. El ex actor cómico con nombre de conciencia, Pepito Grillo, llevaba tiempo avisando de que mucha gente ya está harta de guantes y bufandas, sobre todo, si quien se los manda poner es un Gobierno que no ha elegido. Y a Mario Monti se lo habían traído desde Bruselas.

Este Grillo es, sin duda y como poco, todo un personaje. A pesar de que en teoría ya no se dedique a hacer reír, aunque estos días más de algún listillo se haya dedicado a hacerlo sin querer entrar en el fondo de la cuestión, su blog es uno de los más leídos en lengua italiana. Y su defensa, entre otras cosas, de un sistema político en el que ningún condenado por sentencia firme pueda ocupar un cargo público ha conseguido apuntalar el movimiento que él llama de revolución sin sangre, surgido de la convocatoria, allá por 2007, del Vaffanculo-Day — no creo que precise de traducción - en el que, aparte de salir a las calles como protesta por la corrupción, se pretendía reunir firmas para aprobar una ley que garantizase un Parlamento pulito, es decir, como la patena. El germen del V-Day brotó, y aunque ahora nadie sepa cuál será la flor que veamos en la inminente primavera, lo cierto es que Grillo, que no encabeza listas porque él mismo fue condenado en sentencia firme por homicidio culposo a raíz de un accidente de tráfico, ha asegurado a la prensa extranjera — con la de su país no se trata demasiado — que si alguien está pensando en que van a llegar a acuerdos con Bersani o Berlusconi es que todavía no se han enterado de nada. Una pena que no televisen igual que un reality las reuniones que en pocos días tendrá que mantener el presidente de la República, Giorgio Napolitano, con los líderes más votados para formar un gobierno claramente fragmentado y, de momento, difícil de imaginar.

En todo caso, Grillo, a través de su movimiento con nombre de servicios secretos, defiende tantas cosas en ese programa idílico que no es extraño que quien ha perdido casi todo se agarre al clavo ardiendo del “vaffanculo a tutti” o corte de mangas colectivo. Más extraño, si me apuran, es que a estas alturas uno esté tan desesperado como para volver a dar su voto a Berlusconi, para la mayoría un cadáver político sin posibilidad alguna, “eppur si muove”, que habría dicho Galileo. Porque el magnate milanés, contra todo pronóstico, ha quedado segundo y eso sí que es raro, raro. Los señores elegantes de Bruselas aún se están preguntando cómo es posible que el serio y equilibrado Mario Monti haya quedado cuarto en las carreras por detrás del polémico Grillo, quien hasta se atrevió a llamar “vecchia puttana” — tampoco creo que haga falta traducirlo - a Rita Levi-Montalcini, insinuando que la científica turinesa había sido galardonada con el Nobel porque una compañía farmacéutica lo había comprado para ella. Aquello le costó a Grillo una multa de 4.000 euros por difamación pero también le sirvió para ganar seguidores en su blog y en su ideario político, que propone financiar la investigación científica con los fondos destinados a la investigación de carácter militar, así como sufragar el tratamiento en el extranjero de pacientes aquejados por enfermedades raras cuando dicha cura no exista en la estructura sanitaria nacional. Y eso, utópico o no, demagógico o no, es mucho mejor que lo que Berlusconi pueda ofrecer a estas alturas de la historia porque la memoria política no debería mostrarse tan frágil ni tan corta.

Giorgio Napolitano lo tiene complicado, pero en Italia no es la primera vez que los gobiernos duran meses y se cocinan pizzas con los ingredientes más impensables o variados. Será la ocasión para comprobar si es verdad que Beppe Grillo ha vendido su Ferrari, su barco, así como su casa a las orillas del lago suizo de Lugano y sigue manteniendo que eso de pactar no está en su ADN y que izquierda y derecha son exactamente iguales.