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RESEÑA

Gaizka Fernández Soldevilla y Raúl López Romo: Sangre, votos, manifestaciones

domingo 03 de marzo de 2013, 13:23h
Gaizka Fernández Soldevilla y Raúl López Romo: Sangre, votos, manifestaciones: ETA y el nacionalismo vasco radical 1958-2011. Prólogo de José Luis de la Granja. Tecnos. Madrid, 2012. 406 páginas. 22 €
En una recensión anterior evocamos aquí la figura de , Mario Onaindia uno de esos hombres que conocieron a fondo el nacionalismo vasco radical, primero y durante mucho tiempo desde dentro, como militante y “héroe” etarra. Luego con un distanciamiento personal e ideológico, paulatino pero progresivo. De esa trayectoria llegó a desprenderse una muy precisa elucidación sobre el carácter totalitario de un movimiento abertzale cuyo control no tardó en pasar a manos de ETA, más concretamente a aquellas escisiones que siguieron la senda de una radicalización rampante. Pero es conveniente recordar que, a pesar de constituir su peor faz, la de la violencia no fue la única línea de actuación adoptada por ETA y el nacionalismo vasco radical. Antes bien, sus líderes fueron lo bastante hábiles (fanáticos y despiadados, sí, pero también hábiles) como para aprovechar todas las oportunidades de presión y expresión disponibles, complementando el terror con una movilización callejera permanente y con estrategias electorales destinadas a abusar de las instituciones que ellos mismos despreciaban. Estudiar cómo se combinaron esas tres metodologías para secuestrar a la sociedad vasca y desgajarla del resto de España es el objetivo perseguido en Sangre, votos, manifestaciones.

En un oportuno prólogo, el prestigioso historiador José Luis de la Granja introduce la obra advirtiendo el factor de intimidación que la propia existencia de ETA ha supuesto para la historiografía vasca, disuadiendo a no pocos historiadores de adentrarse en el estudio del último medio siglo de Euskadi. De ahí el indudable interés de esta obra y de las que debieran seguirle. Apoyados en un marco teórico que solo se deja ver lo justo y necesario para poner orden y conceder sentido a la completísima documentación manejada, los jóvenes historiadores Gaizka Fernández y Raúl López han logrado construir una rigurosa narración sobre la historia del nacionalismo vasco radical durante la segunda mitad del siglo XX, con parada principal en los años de la Transición. Aunque afectado por algunas reiteraciones propias de un texto compuesto con ensayos inicialmente elaborados de forma independiente, el libro se lee con comodidad y cada capítulo va ampliando y profundizando la perspectiva ganada en los anteriores.

Entre ellos sobresalen los dedicados a recorrer la evolución de los partidos y movimientos sociales imbricados en el nacionalismo radical vasco; la senda institucional tomada por ETA político-militar a partir de las primeras elecciones democráticas de junio de 1977, entrando en claro conflicto con sus camaradas de ETA militar y creando las condiciones de su posterior disolución; o los esfuerzos realizados por los nacionalistas vascos radicales para absorber a la extrema izquierda vasca no nacionalista. Finalmente, el texto se cierra con una excelente pieza analítica en la que los autores aportan una explicación comprehensiva sobre las causas que permitieron que la violencia política prendiera en Euskadi. No adelantaremos las conclusiones a ese respecto porque es preferible extraerlas de la lectura de este magnífico estudio. Conviene, no obstante, recordar lo que los propios autores nos dicen en las últimas líneas. El respaldo de la izquierda abertzale al terrorismo ha sido el principal elemento diferenciador de dicho movimiento, de modo que no cabe dudar que la renuncia de ETA a las armas abre una nueva etapa en la historia del nacionalismo vasco radical. Sin embargo, la izquierda abertzale no está pronta a renunciar a sus objetivos. Y lo peor no es eso. Lo peor es que “las huellas del fanatismo no se borran de la noche a la mañana”. Por tanto, la evolución del problema permite ser moderadamente optimistas. Optimistas, sí, pero no ingenuos. Repito: un volumen notable.

Por Luis de la Corte Ibáñez
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