www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Populismo a la europea

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
Los resultados de las elecciones italianas del 24-25 de febrero –peores incluso de lo que se había previsto-muestran que esa degradación de la política y de la democracia que es el populismo está echando en Europa unas raíces mucho más profundas de lo que podía imaginarse y anuncian unas nefastas consecuencias no sólo para Italia sino para toda la zona euro, cuyos miembros están inextricablemente unidos. Durante mucho tiempo, se pensaba en Europa que el populismo era propio de países poco desarrollados, escasamente cultos, cuyas ignaras masas apostaban por cualquiera capaz de explotar hábilmente su resquemor, tantas veces justificado, contra sus tradicionales dirigentes, halagando al mismo tiempo sus más bajas pasiones y su credulidad. Cortar metafóricamente unas cuantas cabezas, acabar con los privilegios, reales o supuestos, suprimir instituciones cuyo sentido y funciones se desconocen (pongamos, por ejemplo, el Consejo de Estado o, ya puestos, la Monarquía) y como por arte de birli-birloque surgiría –según estos nuevos apóstoles de la demagogia- una sociedad próspera que garantizaría la felicidad para todos. En Iberoamérica este tipo de populismo se ha consolidado en diferentes variantes –de Venezuela a Argentina- con resultados que son bien conocidos. Basta repasar el siempre útil Manual del perfecto idiota latinoamericano (de Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa) que, aunque escrito hace un par de décadas, sigue siendo un fiel reflejo de ciertas actitudes, que ahora vemos que no son exclusivas de aquel hemisferio.

En Europa este populismo barato, que carece de cualquier salida razonable, no ha surgido espontáneamente, ya que viene fraguándose desde hace tiempo. Primero fueron aquellos ramalazos de extrema derecha, alimentados por una inmigración tan necesaria como mal digerida y mal regulada, que aparecieron en países, como Holanda, que parecían tan alejados de semejantes explosiones populares. Después vino la crisis poliédrica, producida por la irresponsabilidad de unos gobernantes, que no quisieron atender a quienes les advirtieron que la catástrofe se acercaba, y por unos voraces aventureros animados por unos frívolos banqueros, adictos a la ingeniería financiera y bendecidos por unos órganos reguladores que, simplemente, habían renunciado a cumplir con su deber. Cada país tiene su propia historia pero las trayectorias son muy parecidas. Añadan a toda esa ensalada, dosis variables de corrupción y, en muchos casos, una preocupante ausencia de seguridad jurídica y el resultado es esa tormenta perfecta, que es el más adecuado caldo de cultivo para que florezcan los populismos. Ahí nacen los llamados “indignados”, los 15-M y otros descerebramientos similares que siempre acaban fracasando, aunque a veces terminen en 23-F.

Los italianos no han sido capaces de aprender las lecciones de la profunda crisis que, va a hacer unos veinte años, dio al traste con un sistema corrupto que se llevó por delante todas las formaciones políticas existentes. Hablaron mucho de una II República, que sucedería a la creada después de la II Guerra Mundial pero, más allá de retocar el sistema electoral, no cambiaron nada importante. Y tras el fracaso de los Craxi y de los Prodi eligieron como salvador de la patria a Silvio Berlusconi que sólo tenía vista para “i soldi e le ragazze”, aparte de una especial preocupación por evitar los abultados expedientes judiciales que pendían sobre él. Sus Gobiernos llevaron al país a la ruina, al que dejó endeudado hasta las cejas (130 por ciento sobre el PIB) y, por eso, hace un año todo el mundo, hasta él mismo, estimaba que su carrera política había terminado. Si volvía a presentarse, lo que durante mucho tiempo era muy dudoso, parecía imposible que su Popolo della Libertá, con sus aliados de la Liga Norte, separatistas de la Padania, obtuvieran algo más que un voto testimonial de los nostálgicos del bunga-bunga. Pues ahí le tienen con casi un 30 por ciento de los votos, lo que le convierte en la segunda fuerza del país, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado, que allí tienen idénticos poderes.

El supuesto ganador es el izquierdista Partido Democrático dirigido por un escasamente carismático Bersani que ha obtenido una muy justa mayoría en la Cámara (gracias al “bono” de escaños que la ley electoral asigna al ganador), pero que en el Senado se queda muy por debajo del listón de la mayoría. Lo peor de Bersani no es su propio partido sino sus aliados de extrema izquierda, que le van a hacer la vida imposible y le impedirán adoptar las medidas que Italia necesita imperiosamente para recuperar competitividad y llevar a cabo las reformas imprescindibles para salir del hoyo de la crisis. El primer bofetón se lo ha llevado ya cuando ha ofrecido al Movimiento del excomediante Beppe Grillo -convertido en líder político, aunque no quiere desempeñar ningún cargo- la presidencia de la Cámara. Para Grillo eso es “una proposición indecente” y ha reiterado su propósito de no pactar nada con nadie porque todos los políticos están “irremediablemente corruptos”. Sus “portavoces” –les ha prohibido que usen las denominaciones de “diputado” o “senador” y sólo les permitirá dos mandatos- votarán lo que en cada momento decida su Movimiento de las 5 Estrellas”. Esas estrellas son agua pública de calidad; transporte; desarrollo; conexión gratis a internet y medio ambiente. Todo un programa político de alta gama.

Sus candidatos –denominados grillini- han sido seleccionados por medio de las redes sociales que así entiende Grillo la democracia participativa. Según The Economist, un seguidor de este nuevo duce –que en italiano significa “guía”, que es lo que él quiere ser- ha reconocido que alguno de esos candidatos ha obtenido un apoyo no mayor que “el de los amigos del bar de al lado”. ¡Viva la democracia participativa! Por cierto que algunos de los derivados de “grillo”, que significa lo mismo que en español, no dejan de ser divertidos. Según un acreditado diccionario italiano indovinagrillo (adivina grillo) es el nombre que se da a “un opúsculo cabalístico que pretende adivinar lo que debe suceder en la vida de cada uno, por medio de combinaciones numéricas”. Se diría que este Grillo quiere leerles el futuro a los italianos, aunque los números de su votos no den para tanto. Más bien es probable que muchos de esos ingenuos votantes acaben “con la cabeza llena de grillos”, expresión que, por cierto, existe en los dos idiomas y con el mismo significado.

Los resultados de las elecciones italianas –más allá de las fáciles bromas- son también un fracaso de la democracia. Es triste que el único candidato, Mario Monti, primer ministro hasta ahora mismo, que estaba haciendo lo que era necesario para sacar a Italia de la crisis, haya obtenido tan pocos votos, en torno al 10 por ciento. No puede extrañar que ante estos resultados Giovanni Sartori, el más acreditado sabio de la ciencia política italiana, desde la altura de sus muchos años y de su dilatada experiencia, no haya vacilado en afirmar que “los italianos son imbéciles”, aunque añada, “claro, no todos, se entiende”. “La mayoría del voto demuestra que los electores italianos no saben nada, no se dan cuenta, se han comportado de forma poco inteligente”, continúa el sabio italo-americano. Sartori no deja títere con cabeza porque también acusa a Monti de haber hecho una campaña desastrosa. Los italianos no aprendieron nada ni de su propia reciente historia ni de la de sus vecinos griegos. ¿Aprenderán algo de desastres como éste esos otros pueblos europeos que siguen creyendo que los perros se atan con longanizas?

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.