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Y DIGO YO

[i]Visto y oído sobre el nuevo Papa[/i]

domingo 17 de marzo de 2013, 08:38h
Se dice que en el cónclave de 2005, aquél que llevara a Joseph Ratzinger a jefe de la Iglesia, el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio fue el segundo más votado e, incluso que, ante lo reñido de los escrutinios, rechazó ser el elegido en favor del alemán. Ocho años más tarde parece que ha tenido su reconocimiento o que ha alcanzado, simplemente, algo que se había retardado este tiempo. Como fuere, ridículo espantoso el de expertos vaticanistas y de tertulia que con sus sugerencias, sospechas y quinielas no han hecho más que alimentar sus programas, espacios y columnas jugando de esta forma con la información.

Y digo yo: Si tantos apoyos tuvo y tan cerca estuvo en el anterior cónclave de hacerse con el anillo papal, ¿por qué no estaba en ninguna lista de papables tan sólo ocho años después? Por otra parte, ¿cuánto informador ha hecho de algo tan serio como es un cónclave un juego de apuestas en el que al final no ha ganado el que más papeletas tenía?

Los que conocen al nuevo Papa Francisco —a secas, sin I— destacan de él su sencillez, su humildad y su cercanía a los pobres. El nombre elegido da alguna fe de ello. Apuntan del mismo modo que su elección es un "signo de gran esperanza" para la Iglesia por su perfil y por su condición de latinoamericano y jesuita.

Se espera, según esto último, una visión más progresista de la realidad de la Iglesia Católica porque representó la oposición directa al sector más tradicional y conservador de la curia representada por Ratzinger. Otras informaciones sobre sus ideas al respecto de los matrimonios homosexuales, el aborto o el uso de preservativos para luchar contra el sida apuntan en sentido contrario. ¿En qué quedamos?

Y digo yo: ¿Por qué esa manía de encasillar todo en bandos, en buenos y malos, en conservadoras y progresistas? ¿Acaso eso es posible en un Papa? ¿Por qué se olvida constantemente que los valores de la Iglesia son los que son y que cambiarlos supondría traicionar los principios que llevaron a su creación?

Sí es cierto que le esperan importantes desafíos. Urge una reforma de la curia romana tras las intrigas y enfrentamientos descubiertas en el caso Vatileaks. El Papa Francisco habrá de seguir afrontando los casos de clérigos pederastas y veremos cómo aborda una mayor presencia de la mujer en las instituciones, el celibato sacerdotal y las relaciones con el Islam y los judíos.

Sin embargo, sin restar un ápice de valor a estas cuestiones, se intuye trascendental una solución a la escasez de vocaciones y lo que se ha dado en llamar la descristianización de Occidente. Parece que el Papa Francisco está obligado a potenciar el dicasterio para la Nueva Evangelización promovido por Benedicto XVI.

Y digo yo: ¿Son posibles tantos cambios sin cambiar la estructura, los ejes y la esencia sobre la que se ha fundamentado durante dos mil años la Iglesia?

Por otra parte, las felicitaciones y parabienes han sido unánimes en todo el mundo. Incluso desde los líderes de diferentes religiones. Aquí en España casi todos han aplaudido la elección, aunque alguno lo ha hecho porque se le ha preguntado, nada más, y ha aprovechado para pedir al nuevo Papa que "respete" a los que no son creyentes y no se "meta" en su vida.

Y digo yo: ¿Es necesario recordarle a éstos que deberían hacer lo mismo y no dar pábulo a posturas ideológicas, políticas y artísticas que basan su éxito en argumentos exclusivamente anticatólicos? Por ejemplo, ¿se habría oído hablar de algunos políticos si no hubieran centrado su acción en quitar crucifijos? ¿O de “artistas” de medio pelo cuyas exposiciones hieren la sensibilidad de los católicos con ’cristos’ y vírgenes pornográficas?

No sé si pesará mucho que se le haya acusado de mirar hacia otro lado durante la dictadura en Argentina, ignoro cómo será su relación con el Opus Dei o los neocatecumenales y desconozco si sus 76 años vaticinan un papado corto, pero lo único que se espera de él es que sea merecedor de llevar el nombre de San Francisco, que efectivamente sea un líder cercano a los pobres y enfermos y que ejerza su papado sabiamente en un tiempo tan difícil y tan anticatólico.