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crónica cultural

Revoluciones, de J.M.G. Le Clézio

miércoles 27 de marzo de 2013, 14:19h
Publicada en Francia en 2003, la novela Revoluciones de Jean Marie Gustave Le Clézio (Niza, 1940), se encontraba inédita en España. Hasta que ha sido publicada por la editorial Adriana Hidalgo que cuenta en su catálogo varias de las obras de este novelista francés que ganó en 2008 el Premio Nobel de Literatura como El Africano y El éxtasis material.

Compañero de generación de Modiano, de Jean Echenoz, de Philippe Sollers cuyas obras son más conocidas en España que las de Le Clézio, prosa poética como Gracq, Leiris o Morand, comparte con sus contemporáneos ese peso llevado como un lastre que representa la memoria y que en ella se esconde la clave de la identidad, y con la generación anterior la prosa lírica. Si uno viaja a Mauricio, isla de donde era originaria su madre y en donde Le Clézio vivió muchos años de pequeño, uno se da cuenta que esa musicalidad que se desprende de sus palabras, esos movimientos ondulantes, líricos, poéticos de su prosa, quizá vengan también del mar, del paisaje, que le rodeaba, mas que de una fuente literaria.

Revoluciones es un libro esencial en la producción literaria de Le Clézio. La trama se divide en varios lugares, desde la Isla Mauricio, a París, a Argelia, México y Londres. Su título viene de la Revolución francesa que como unos tentáculos llega a las demás revoluciones, aquellas que han ayudado o no a construir la modernidad bajo la cual vivimos, los valores, las ideas. Ideas políticas, históricas con espacio para lo personal, el personaje de la novela Jean Marro se parece al propio autor. Aquí va a ver a su abuela Cathérina que le habla de su legado familiar y de la casa de Niza.

En el mundo del arte, el Museo Jacquemart-André de París ha organizado una exposición de un precursor del Impresionismo y que desde 1899 no había tenido una exposición individual. Eugène Boudin (1824-1898), llamado por Corot “rey de los cielos”, por Manet su maestro, tiene ahora y hasta el 22 de julio, unos sesenta cuadros colgados de uno de los Museos con más encanto de París. Eugène Boudin fue uno de los primeros pintores franceses a sacar sus caballetes y pinturas al aire libre, viajando a donde podía para captar las diferencias de la luz, desde su Normandía natal hasta Italia, Anvers, Bretaña, Burdeos y Costa Azul. Los elementos en movimiento, como las nubes o el mar, captaban su atención más que ningún otro.

El museo ha reunido obras de diversos museos y centros internacionales, la mayoría, aunque parezca increíble, americanos. Su marchante fue Durand-Ruel y, desde 1880, lo representó en Estados Unidos. Cuadros, acuarelas, dibujos que muestran las preocupaciones por captar la luz y que han sido prestados, sobre todo, por la National Gallery de Washington y el Museum of Fine Arts de Boston.
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