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Ya es hora de poner un Estado alauita en el mapa

Ely Karmon
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ekarmonidcacil/7/7/11/14
sábado 30 de marzo de 2013, 19:28h
Más de 8.000 personas han muerto desde el comienzo de la guerra civil en Siria, decenas o cientos de miles han resultado heridas y más de un millón de sirios se han convertido en refugiados, la mayoría de ellos suníes. La implosión del Estado sirio y la formación de un mini- Estado alauita autónomo, posibilidad barajada por muy pocos observadores cuando comenzó la guerra civil hace dos años, es ahora, a los ojos de la mayor parte de los analistas, la resolución más plausible del conflicto.

El casi inevitable derrumbamiento del régimen de Assad es probable que provoque tremendos actos de venganza por parte de los suníes frente a sus antiguos gobernantes, los alauitas, con masacres que hagan uso de una violencia hasta ahora soterrada. Las claras y crecientes amenazas por parte de los líderes de la oposición islamista suní son un preludio de la catástrofe que se avecina. Los líderes alauitas son conscientes de la inminente amenaza y están preparados para retirarse a una “Fortaleza Alauita” en la región costera mediterránea y en las Montañas Alauitas; para crear una “zona de seguridad” neutral, el régimen ya ha limpiado étnicamente las áreas rurales suníes próximas a las grandes ciudades que lindan con su enclave.

Observadores libaneses han mencionado la existencia de un plan para construir un pasillo territorial entre el pequeño Estado alauita y las regiones chiíes del Líbano controladas por Hezbolá y por simpatizantes cristianos, que sobre todo temen una radicalización de los suníes libaneses. Se puede considerar que las batallas que están librando unos 1.500 combatientes de Hezbolá en Siria cerca de la frontera nord-este de Líbano están contribuyendo a este plan.

Parece que asimismo Irán está involucrándose en el proyecto de la Fortaleza Alauita. La activa implicación de Irán en Siria tiene por objetivo no sólo defender el régimen de Assad, sino también poner a ese futuro mini-Estado alauita bajo protección iraní. El gobierno de Assad podría trasladar su enorme arsenal de armas no convencionales a este territorio para que sirviera como póliza de seguros frente a una masacre de los alauitas. Un Estado alauita radical con capacidades no convencionales, con la presencia de una fuerza expedicionaria iraní, un vínculo territorial con los baluartes de Hezbolá en Líbano, más el estratégico paraguas militar ruso en el puerto de Tartous, da por resultado una permanente amenaza para el resto de Siria, Israel, Líbano y Turquía, y hace que continúe la inestabilidad en la región y más allá de ella.

Muchos expertos, incluidos oficiales americanos, son conscientes de que una solución al atolladero sirio implica una estrecha cooperación con Rusia. Las dos potencias ya están discutiendo sobre cuál sería la mejor manera de evitar el caos en Siria, y hacen hincapié en una posible pérdida de control del arsenal químico sirio. Para impedir la formación de semejante entidad alauita, claramente peligrosa, los Estados Unidos y Rusia tienen que negociar un “gran pacto”.

Este acuerdo tendría que incluir lo siguiente: Que EE.UU. y Rusia garanticen la seguridad de un pequeño Estado alauita, así como la de los alauitas de cualquier parte de Siria; que las dos potencias garanticen la integridad territorial libanesa; que dentro de ese mini-Estado no se permita la presencia militar o paramilitar del Hezbolá iraní; que todas las armas sirias no convencionales (químicas, nucleares y biológicas) que hayan podido ser trasladas a ese pequeño Estado se retiren y se destruyan bajo supervisión internacional (del mismo modo que las armas químicas del régimen de Gadafi fueron destruidas tras la caída del régimen); que Estados Unidos y la OTAN reconozcan la legitimidad de la presencia militar rusa dentro del futuro territorio alauita; y que, a cambio, Rusia reconozca la independencia de Kosovo, ya reconocida por la mayor parte de las potencias occidentales.

¿Cuáles son las ventajas claras de este acuerdo tanto para EE.UU. como para Rusia, así como para otros países de la región? Un acuerdo de esas características debilitará estratégicamente a Irán y a Hezbolá. El acuerdo podría, en cierto modo, mejorar la atmósfera de cooperación entre Rusia y los Estados Unidos en lo concerniente al proyecto nuclear iraní y podría contribuir a coordinar las medidas políticas y operacionales necesarias para evitar la formación de enclaves yihadistas en territorio sirio.

Es probable que Turquía se oponga radicalmente a la formación de un Estado alauita independiente por la posibilidad de que los kurdos sirios formen otra entidad autónoma y, de este modo, influyan en los kurdos turcos y amenacen la estabilidad interna de Turquía. Sin embargo, Turquía ha de tener en cuenta que, en cualquier caso, probablemente no sea capaz de evitar la formación de esa entidad alauita. Es más, Ankara debe considerar que los alauitas de Turquía (unos 500.000) y los alevíes (más del 15% de la población), que incluso ahora se oponen a la política del primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan en Siria, le culparán a éste de “grave inacción” si ahora bloqueara la formación de enclaves y no hiciera nada por proteger a sus hermanos alauitas mientras son masacrados.

Israel también tiene interés en oponerse a la formación de un mini-Estado alauita radical bajo protección iraní, pero Jerusalén también se beneficiaría de la neutralización de las armas no convencionales que lo amenazaban bajo el régimen de Assad.

El gobierno Israelí tiene interés en convencer a la administración Obama de conseguir un gran acuerdo que salvaría muchas vidas en la región, mientras se avanza en una cooperación multilateral de suma importancia.

Ely Karmon

Investigador del ICT Herzliya, Israel

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