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RESEÑA

Plinio Apuleyo Mendoza: Gabo. Cartas y recuerdos

Plinio Apuleyo Mendoza: Gabo. Cartas y recuerdos. Ediciones B. Barcelona, 2013. 264 páginas. 18 €
Esta vez voy a empezar por la conclusión: no pueden dejar de leer este libro que es una pieza de literatura genuina. Y al hacerlo, voy a sugerirles a los futuros lectores de Gabo. Cartas y recuerdos, de Plinio Apuleyo Mendoza ,que tengan a mano una caja de pañuelos desechables porque se les va a dificultar seguir la trama cuando se les empañen los ojos de tanto emocionarse.

A no dudarlo, el libro del escritor colombiano nos hará moquear más de una vez, y bienvenidos sean la lágrima y el hipo. La descripción de los derroteros truncos de los personajes cuyos sueños sin límite y sin mácula terminaron estrellados de bruces con la burocracia partidaria y las mezquindades humanas es una cita ineludible con los años sesenta, el Mayo Francés, la Revolución Cubana, las minifaldas, los flequillos y las utopías intactas.

A no confundirse: Gabo. Cartas y recuerdos no es una mera biografía, es más bien el testimonio de una época radicalizada, el relato en primera persona de los turbulentos años que precedieron a la Revolución Cubana, aquellos días de juventud y desmesura, días de vino y rosas. Con el pretexto de narrar la entrañable amistad que unió a los dos escritores colombianos, uno de ellos que empezó siendo pobre, “un caso perdido” y terminó siendo rico y Premio Nobel y el otro -su biógrafo- , cuya vida atravesó un derrotero por completo a la inversa, delinea una trama que atrapa hacia adelante en la que, como en la vida misma, todas las decisiones no son más que un work in progress, un hacer haciendo, sin saber bien hacia dónde los conducirá el destino.

Los únicos que sí tenemos la sospecha cierta de cómo concluirán sus pequeñas acciones de heroísmo cotidiano somos nosotros, los lectores, que conocemos el final de la historia. Y es justo por esa razón que nos hallaremos más de una vez frente al dilema que nos provocan los grandes textos literarios: no saber si continuar leyendo para confirmar nuestras más profundas sospechas y, a la vez, no poder dejar de hacerlo so pena de perdernos una parte clave de la ineludible trama.

Por todos estos argumentos, reitero mi sugerencia explícita de leer el libro de este gran amigo de Gabriel García Márquez que, al contrario de aquel Abel Sánchez, de Unamuno, estuvo a la sombra del Premio Nobel de Literatura pero que en ningún momento escribió desde el encono o la envidia, sino desde el cariño genuino de un verdadero amigo que acompañó a la celebridad en las malas y en las buenas. El compadre que, cuando el resto del mundo llama al famoso escritor de Cien años de soledad por su nombre completo, él puede llamarlo simplemente “Gabo” porque tiene la autoridad de conocer en profundidad la vaina -como dicen ellos-, y es capaz de describir la insensatez del género humano con la misma sencillez con que evaluará al mundo sin juzgarlo.

Una última nota para el final: presten atención al Julio Cortázar que aparece en las páginas de este libro.

Por Verónica Meo Laos
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