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RESEÑA

Federico de Onís: Antología de la poesía española e hispanoamericana (1882-1932)

domingo 31 de marzo de 2013, 15:19h
Federico de Onís: Antología de la poesía española e hispanoamericana (1882-1932). Edición y estudio introductorio de Alfonso García Morales. Renacimiento. Sevilla, 2012. 1.212 páginas. 50 €
“Monumental” es la palabra más adecuada para calificar la Antología de la poesía española e hispanoamericana (1882-1932) de Federico de Onís; y así es como la adjetiva Alfonso García Morales, responsable de esta primera reedición: más de mil poemas, unas reseñas previas a cada autor y un prólogo que se ha convertido en pieza clave para entender el modernismo, todo ello trabajado durante más de quince años, así lo avalan. Juan Ramón Jiménez, que acompañó su proceso de edición, dijo que no existía ningún libro que pudiera parecérsele ni nada que pudiera suplirlo. Desde el momento de su publicación, en 1934, recibió los elogios generales: Guillermo de Torre la calificó de “cabal y aun exhaustiva” y “superior a todas las publicadas hasta el día”; Alfonso Reyes de “espléndida”; Díez Canedo afirmó que era “el libro más importante” para conocer la lírica de esos años; por citar sólo a algunos. Hoy, a este valor intrínseco indudable de la Antología, hay que sumar el que tiene como testimonio de una corriente de pensamiento que Onís defendió con tesón: el hispanoamericanismo, cuyos aires felizmente vuelven a soplar, encuadrados en los llamados estudios transatlánticos. Corriente de una época y anhelo personal de Onís que podemos rastrear en el estudio introductorio de Alfonso García Morales que acompaña a la antología, cuyo rigor crítico, exhaustiva documentación y análisis personal no desmerecen de la Antología misma, por lo que cosechará sin duda similares calificativos que los que se han dado a la obra.

Federico de Onís, filólogo, profesor en las universidades de Oviedo, Salamanca y Columbia (New York) –en la que se hizo cargo de organizar los estudios hispánicos–, activo colaborador del Centro de Estudios Históricos, fundador del Instituto de las Españas, parte del Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, y un largo etcétera, fue “uno de los mayores representantes del hispanoamericanismo progresista”, el “vértice de la más importante trama intelectual trasatlántica instituida entre España, Hispanoamérica y los Estados Unidos”. Desplegó una intensa actividad para fomentar estas relaciones triangulares creyendo sinceramente, como García Morales afirma, que desterrando las “tentaciones imperialistas” de España y los “recelos” de las repúblicas americanas, “en una relación de confianza, igualitaria y seria” se podría llegar a una beneficiosa “interdependencia cultural”. Un futuro, pues, que estaría “en la síntesis, en una integración de ambas concepciones, en un progreso que fuera tanto material como espiritual”. Miguel de Unamuno fue su primer maestro y su amigo; de él y de José Ortega y Gasset y Ramón Menéndez Pidal surgió el germen de su pasión por los problemas y los temas de España, pero su posición fue siempre muy personal.

Antología de la poesía española e hispanoamericana fue la culminación de una serie de antologías que desde finales del XIX intentaron dar testimonio de lo mejor de la producción poética en español. Onís defendía el patrimonio de una lengua y literatura comunes y también la asimilación de lo europeo, de lo occidental, pero siempre “sin renunciar a las raíces culturales propias”. Tenemos que vivir, decía Onís, “con la mente en Europa y el corazón en España”. Su espíritu, en una controversia muy de época, se dividía –en palabras de Alfonso García Morales– “entre el enamoramiento romántico de la excepcionalidad española y el proyecto ilustrado de normalidad europea”. Con este proyecto, Onís pretendió también la continuación, y la superación, de las dos grandes antologías de poesía en español anteriores, la Antología de poetas hispanoamericanos (1893-1895) de Marcelino Menéndez Pelayo, tan polémica en América, y el Florilegio de poesías castellanas del siglo XIX (1902-1903) de Juan Valera. En ambas la literatura hispanoamericana se seguía considerando en relación de dependencia con la de la metrópoli, a quien le era difícil sacudirse sus aires de paternalismo, cuando no de superioridad. Onís, sin embargo, era consciente del nivel de primer orden de la poesía que en Hispanoamérica se había producido y se estaba produciendo. Como compendio del nuevo movimiento modernista en España también entablará diálogo con la polémica antología de Gerardo Diego, Poesía española. Antología. 1915-1931, que se publicó en 1932, sólo un par de años antes que la de Onís, cuyo proyecto ya era conocido entre los poetas de ésta. Y quizá con otra antología del modernismo hispánico, La corte de los poetas de Emilio Carrere, comercial y poco rigurosa pero que fue muy popular.

El hispanoamericanismo es pues de forma clara el “fundamento ideológico de la Antología”. “España e Hispanoamérica –confirma García Morales– aparecen en ella juntas e iguales, como una sola entidad cultural basada en la lengua y amparada bajo la fórmula armónica de ‘unidad y variedad’”. Y es el modernismo la época en la que ese hispanoamericanismo “alcanza su mejor expresión, en la que la poesía española e hispanoamericana, en libre unión llegan a la originalidad y a la universalidad”. Por eso es el modernismo el que marca los límites de esta antología; modernismo que Onís define como “negación” y “reacción” contra la literatura precedente, desterrando explícitamente la idea más extendida de aplicar ese término a la poesía caracterizada por “ciertas formas y espíritu que puso en circulación Rubén Darío”, así como la acusación de “afrancesamiento”. Y en parte gracias a la ya conocidísima definición recibida en esta antología: “La forma hispánica de la crisis universal de las letras y del espíritu” iniciada hacia 1885, y que condujo a España y a América al “descubrimiento de la propia originalidad”, y a una conciencia profunda “de la casta y la tradición propias”, el modernismo se ajustó a sus verdaderos límites. Onís explicita nítidamente las intenciones y la finalidad de la Antología: dejar a un lado el lazo que hasta el momento se había utilizado, basado en una tradición común “fatal e inevitable”, y buscar la unidad en la “originalidad” enriquecedora que abre caminos a una futura comunidad de fondo español. Se podría decir que esta antología contribuyó en gran manera a que España “descubriese” a América y a que América se descubriese a sí misma.

La edición que ahora presenta Renacimiento tiene un doble valor y lectura: el lector de poesía asistirá en ella a lo mejor escrito en español en las fechas que se acotan; y el estudioso o académico encontrará en el estudio introductorio, como se ha dicho, un valioso y completo análisis que analiza la obra y la enmarca en su momento histórico y en su corriente de pensamiento.

Hoy vuelven a estar de actualidad estos impulsos, porque quizá más que nunca la sociedad necesite de nuevo esos espíritus, seguramente “ingenuos”, pero laudablemente “voluntariosos” y “entusiastas”, sean –como dice García Morales– liberales o nacionalistas, racionalistas, sentimentales, humildes u orgullosos.

Por Inmaculada Lergo
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