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El Papa Francisco inclinado ante el Pueblo

domingo 31 de marzo de 2013, 18:58h
Cuando acabó de hablar desde la balconada de San Pedro, tras unos momentos de estupor ante la multitud que le vitoreaba sin esperárselo en absoluto, el hombre de blanco les dijo que antes de bendecirlos él, pidió que rezaran por él. Entonces, se inclinó hasta casi tocar con la frente la barandilla, como un sencillo siervo de los siervos de Dios. El monarca que reconoce la autoridad de su pueblo. El Papa que acepta la presencia de su autoridad en el Pueblo de Dios, con el sonido del Vaticano II revoloteando por la gran plaza de una Roma que ardía de catolicidad.

Una imagen para la historia, porque en ese hombre inclinando todo su poder ante la multitud de sencillos hombres y mujeres, se abría camino la esperanza de una Iglesia diferente. Para mí es la gran imagen de este arranque de pontificado y la que presidirá mi mesa de trabajo desde ahora. Porque los sacerdotes debemos tomar candela de este Francisco inesperado: inclinados ante el Pueblo de Dios como sus servidores humildes y sencillos. Todo lo demás es absolutamente secundario. Tengo la certeza de que es así.

Por favor, me llegan voces desde ambientes un tanto estirados, que parecen temer esta cercanía papal, como si estuviera camino de perder autoridad. Por favor, por favor, por favor. ¿Es posible temer el espíritu más puramente evangélico, el que este mismo Papa ha heredado de Francisco, el Santo de Asís? ¿Es que Ignacio de Loyola, de quien es hijo espiritual, no se hacía “un pobrecito y esclavito indigno” ante el pequeño de Belén? Es el momento de inclinarse de verdad ante la Providencia de Dios y reconocer que la grandeza de la Iglesia reside en la humildad valiente. Aquella que nos enseñó Juan XXIII. ¿Recuerdan? Yo sí.

Norberto Alcover

Profesor de la Universidad Pontificia de Comillas

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