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ENTRE AYER Y HOY

Renuncio a Satanás

lunes 08 de abril de 2013, 10:34h
A los fieles de la Iglesia Católica se nos ha preguntado el pasado fin de semana, desde la solemne altura de los presbiterios, si renunciábamos a algunas cosas -entre ellas a Satanás- y si creíamos en las verdades que siempre hemos profesado. Ahí es nada: renunciar a alguien sobre el que parece haber el generalizado consenso de que no existe.

El verbo de la pregunta estaba conjugado en segunda persona del plural del presente de indicativo -¿Renunciáis?- porque, lógicamente, el oficiante no podía ir a preguntarnos, uno por uno, a los que estábamos allí. Y, por esa misma razón, se sugería que los presentes contestáramos en primera persona del singular de ese mismo tiempo: ¡Renuncio!

Sin embargo, y como ya he venido observando en ocasiones anteriores, muchos de los que estaban en mi alrededor contestaban a las preguntas en primera persona del plural -¡Sí, renunciamos!- lo que nunca ha dejado de desazonarme. Siempre me han dado ganas de preguntarle a esas personas: ¿con qué autoridad se atreven Vds. a contestar en mi nombre?

Bien es verdad que siempre he tenido también la impresión de que quienes manejan tan alegremente los plurales disparan con pólvora del Rey y saben de sobra que no están en condiciones de cumplir sus promesas.

Los historiadores sabemos algo de eso porque no paramos de recibir invitaciones para pedir perdón sobre el pasado y no digamos nada si se trata de la guerra civil de 1936.

Desde luego, no pienso hacerlo en ningún caso porque los historiadores no estamos para administrar justicia retrospectiva, sino para tratar de entender las razones de los protagonistas del pasado y explicarlas de la mejor manera posible.

Tampoco se entienden demasiado las confesiones colectivas de culpa aunque Juan Pablo II se considerara con títulos para hacerlo, en nombre de la Iglesia, en el caso de Galileo.

Pero los títulos no están tan claros en sociedades en las que no hay una continuidad tan acusada. ¿Hay alguna razón, por ejemplo, para exigirle a Angela Merkel que pida perdón por los crímenes nazis?

En ese sentido siempre es preferible que cada palo aguante su vela y pida perdón por los errores propios, sin tratar de ampararse en supuestas culpas colectivas. Es lo que hicieron, desde diferentes bandos, Indalecio Prieto o Dionisio Ridruejo
Y, por eso mismo, yo me atendré a lo que he dicho siempre:

- ¡Renuncio a Satanás!

Y que Dios me ayude.