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TRIBUNA

La abdicación como baza de la Monarquía

jueves 11 de abril de 2013, 08:27h
La vida siempre es un tomar decisiones, esa es la esencia de la libertad y de la consecuente responsabilidad. Hoy la monarquía española se encuentra ante una encrucijada especial, y tiene que decir qué hacer, si mover ficha o quedarse quieta. Recientemente hemos visto importantes casos de abdicaciones o renuncias que han tenido un efecto positivo o de reconocimiento respecto de la persona y la Institución donde se han producido. La Reina Beatriz de Holanda, que acaba de cumplir 75 años, el próximo 30 de abril abdicará a favor del Príncipe Guillermo de 45 años, después de un reinado de 33 años. Su madre la Reina Juliana también abdicó. Considera que su hijo está suficientemente preparado y que es el momento de una nueva generación. En otro ámbito, pero más impactante si cabe, el Papa Benedicto XVI nos sorprendió a todos renunciando a su papado, que hoy ocupa ya el Papa Francisco. Su decisión se ha visto como valiente, generosa y responsable, pensando siempre en lo mejor para la Institución que representa: la Iglesia católica.

La Corona española se encuentra hoy en una delicada situación, por todos conocida. La realidad no se puede negar y siempre lo mejor es reconocerla y actuar de la forma más inteligente y sensata frente a ella. Y estoy pensado en qué es lo mejor hoy para fortalecer la Institución de la monarquía, en la que creo profundamente. El Rey Juan Carlos ha desempeñado un papel histórico de primer orden en la últimas cuatro décadas de la historia de España. Su labor como piloto de la transición política y su firme posición frente al golpe de Estado de febrero de 1981, le han hecho uno de los Jefes de Estado más reconocidos y prestigiosos del planeta. Por lo demás, su trabajo de todos estos años por España y por prestigiar a nuestra Nación ha sido impagable y creo que el pueblo español siempre reconocerá y agradecerá todo lo que el Rey ha hecho por modernizar y democratizar a España. Siempre ha sido un Rey querido y valorado, pero esta tendencia se ha torcido en estos últimos cuatro o cinco años a raíz de ciertos hechos que han salpicado a la familia Real y a él mismo: la imputación de la Infanta Cristina y el caso Urdangarín, como elemento distorsionador principal, junto a él, la imagen de distanciamiento entre los propios Reyes, la famosa e inapropiada cacería de elefantes, la falta de transparencia en las cuentas de la Casa Real; y, en un segundo plano, el divorció de la Infanta Elena o el disparo en el pie de Froilán.

Dentro de este contexto, estimo que al menos se deben plantear los posibles beneficios de la abdicación como elemento regenerador de la propia Corona. En primer lugar, es una realidad constitucionalizada en el artículo 57.5 de nuestro Texto Fundamental de 1978, por cierto, cuyo mandato de desarrollo legislativo no ha sido, después de casi 35 años, cumplido por nuestro Parlamento. Además, no es una realidad extraña en nuestra historia monárquica, hay numerosos antecedentes de abdicación en nuestra Corona: Carlos I abdica en 1556 a favor de Felipe II; Felipe V en 1724 a favor de su hijo Luis, Carlos IV en 1808 a favor del Rey Fernando VII e Isabel II en 1870 a favor del Rey Alfonso XII. Incluso su padre, que no fue Rey, pero sí sucesor de Alfonso XIII, abdico en él el 14 de mayo de 1977. La abdicación es un adelantamiento en el orden sucesorio libremente elegido por voluntad del titular de la Corona, que renuncia a ella. La clave está en si ese adelantamiento en el tiempo beneficia o no a España y a la propia Institución.

El bajón físico del Rey ha sido palpable en estos años, los reyes también son humanos y la “ley de vida” lógicamente también les afecta. Todo en la vida tiene su tiempo y su momento, saberse ir no es nada fácil. Personalmente creo que el Rey Juan Carlos ha sido y es un gran Rey, no tengo dudas, pero veo cada vez más cerca el tiempo de Felipe VI: Su familia y su imagen es intachable, joven, con fuerza e impulso, está preparado, muy bien preparado, tiene buena edad, un matrimonio sólido. De su imagen, simbolismo y ejemplaridad, algo básico para la Corona, todos ganaríamos. Y el caso Urdangarín, sin duda el máximo detonante en el perjuicio a la Corona, quedaría ya más lejos de la imagen de los Reyes, pues no sería su hija y yerno los afectados. Tengo pocas dudas que con la abdicación ganaría no sólo la Corona y la Jefatura del Estado española, si no la imagen del propio Rey Juan Carlos, que saldría, no por la puerta pequeña de la historia, como pudiera en principio parecer, si no por la puerta de la inteligencia, responsabilidad y, sobre todo, generosidad, que siempre ha guiado su magnífico reinado. El agradecimiento y reconocimiento serían unánimes.