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Democratización a lo CFK

domingo 21 de abril de 2013, 19:25h
En Argentina se está formando un tsunami. El proyecto de ley que se subdivide en 6 proyectos que acaba de proponer la presidenta para reformar la justicia atenta gravemente contra todo sentido y definición de la democracia.

Lo llaman “democratizar la justicia” ya que una de las propuestas es que la elección del equivalente argentino al Consejo General del Poder Judicial se haga de forma directa, el pueblo vota.

Aparentemente esta propuesta debería recibirse con salvas por ser un paso más a la democracia directa, pero...Hay muchos peros. Para empezar porque los candidatos los presentarían los propios partidos políticos, y el 'pero' más grande es precisamente la capacidad 'del pueblo' para votar directamente a los máximos representantes del poder judicial.

Argentina es un país muy culto, pero solo en las grandes ciudades. Argentina es un país sumamente diverso de uno a otro lado y las provincias del interior sufren un gran abandono en su desarrollo respecto a las grandes ciudades.

Esto quiere decir que para que el pueblo estuviera realmente en posición de decidir sobre tales temas se tendrían primero que enmendar dos realidades incuestionables que definen hoy el país. La primera es el subdesarrollo educativo de gran parte de la población. Los déficits educativos son tan profundos que mantienen a grandes bolsas de población al margen de todo ejercicio de sus derechos, marginados y controlados por el sistema de planes y determinados a poner su voto allí donde les dan de comer: el estado asistencialista.

Así, la falta de educación redunda en una falta de libertad que forma el voto cautivo al viejo estilo caudillista. Esa es la imagen de la Argentina rural de CFK.

La ignorancia profunda sobre cuestiones básicas es solo el inicio de una gran cadena de cuestiones que no están al alcance de gran parte de la ciudadanía. El desconocimiento del funcionamiento del sistema, de los mecanismos del poder, de las leyes que les involucran y las que les afectan dejan a esta parte del pueblo en la imposibilidad siquiera de entender el alcance de votar un juez u otro, dejando sembrado el campo para la demagogia de las campañas que ya me puedo imaginar como se montarán para dirigir una vez más los votos.

A esto se suman otras dos cuestiones bien definitorias del país. La primera es el gran número de personas indocumentadas que no existen para el sistema y de las que el estado central poco se ocupa. Son solo iniciativas como las del IADEPP o de asociaciones de ámbitos locales las que están ayudando a documentar y visibilizar a todas estas personas, normalmente reunidas en torno a las villas y a las zonas rurales del interior que están a desmano del estado.

La segunda cuestión es la incorporación de las personas de entre 16 y 18 años al censo electoral. Nuevamente, debería ser un cambio alabado, pero no en este contexto de populismo y demagogia.

Así, si la presidenta realmente quisiera fortalecer la democracia en el país no atentaría contra la división de poderes, se ocuparía por la instrucción e ilustración de sus ciudadanos y se dejaría de jugar al Monopoli con el grupo Clarín.

Se le viene un tsunami que las fuerzas políticas en la oposición deberían poder rentabilizar, si es que son diferentes a CFK, si es que no son lo mismo con otro maquillaje.

Mariana Urquijo Reguera

Filósofa, profesora e investigadora.

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