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Varela Ortega y "los señores del poder": ¿Vamos hacia otro fracaso de la política?

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
jueves 25 de abril de 2013, 00:54h
José Varela Ortega, que además, o por encima, de otras cosas, es historiador, ha escrito un libro imprescindible para los políticos actuales. Algunos, porque están necesitados de lecturas. Y otros porque, sin estarlo, parecen haberlas olvidado. Y éste, al que me refiero, es efectivamente un libro de Historia. De la de España y la de su entorno, tanto geográfico como del de su ideología nutriente clásica. Y en él se cuentan algunos escasos aciertos y muchos fracasos sonados. Se llama "Los señores del poder" y está editado por Galaxia Gutemberg. Y aprovecho la gentileza del editor de adelantármelo para su lectura para reflexionar sobre él justo en el día en que se presenta en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

Desconozco cómo enfocan los historiadores su misión, porque no lo soy. O, en todo caso, como periodista, sólo sería historiador del último minuto, o pasto para historiadores futuros. Pero, para mí, la Historia se entiende sólo desde un propósito moral. El conocimiento sobre quiénes fuimos (fueron), para saber quiénes queremos (quieren) ser. El resto de la historia es un cotilleo entretenido (no hay mejor novela) pero puede resultar tan extraño como las conclusiones sobre la Humanidad de los antropólogos del futuro, relatadas por Umberto Eco en su Diario Mínimo.

Y, para ir al grano, no hay mejor propósito moral para los políticos españoles que intentar que sus pasiones de poder, que son perfectamente homologables a las de sus predecesores compatriotas o foráneos, no lleven a España a rememorar más experiencias que aquéllas en las que, muy excepcionalmente, se han combinado (nunca, lógicamente, en modo de perfección) los ideales de paz, libertad y democracia. Y éstas son sólo algunas recientes, y al borde de caer por el sumidero.

Recorrer, como hace Varela, la Historia de España desde la invasión francesa hasta nuestros días (aunque con imprescindibles referencias previas y paralelas), muchísimas veces realizado, aunque aquí con originalidad interpretativa en muchos aspectos, no deja de ser un relato para masoquistas, aunque no queden ajenos momentos de inspiración u orgullo. Pero no son los últimos doscientos años expresión de lo mejor de nuestra casa (no sé si salvar una treintena de ellos) y, desde luego, la Guerra Civil es una de esos acontecimientos que uno pueda explicar a un hijo sin avergonzarse.

El problema de esa Historia es que, en enorme parte, es producto humano. Algo de la sociedad, pero muchísimo más de sus líderes, de los señores del poder. Unos cuantos ilustrados, y una barbaridad más tan soberbia como para generar destrucción por sus ambiciones. Tanta destrucción que casi es pecado venial el simple aprovechamiento por interés económico o político, porque casi hay que bendecir a un muñidor electoral o un corrupto, si tenemos en cuenta que cuando las pasiones han ido al límite, su corolario ha sido la generación de tragedias que espantan hasta el punto que sólo se pueden leer si el que lo cuenta decide ser cirujano y no psicólogo.

Si hacemos un listado de las vergüenzas del ejercicio del Poder en la España moderna y contemporánea podemos rellenar el listín telefónico. Ni los pastores de milicianos antinapeleónicos, ni los reyes temerosos o temibles, ni los permanentemente frustrados "pronunciados", ni los salvadores resentidos, ni los inventores de revoluciones, ni comunistas, fascistas o guerracivilistas, nacionalistas o terroristas. Todos esos gestores de poder, por parcelas o para la totalidad, han alumbrado escenarios permanentes de desolación aunque, por fortuna, han tenido algunos jalones de sensatez que, aunque infrecuentes, sí que han permitido que España no reingresara en Atapuerca (de lo que a veces hemos estado a punto).

Sucede que, de toda esta historia que cuenta Varela Ortega, hay un pedazo que, con miserias también, pero muchas más grandezas se salva. El tiempo que media entre la muerte de Franco y el actual. Un tiempo que no tiene por qué haber terminado, pero conviene a nuestros actuales señores del poder (a veces siervos de éste) que reflexionen sobre él. Porque apuntan tormentas.

De todas éstas hay algunas que, por lo gratuitas, causan escándalo, como describe Varela. La frivolidad iconoclasta de Zapatero abrió la caja de Pandora con su vulneración del pacto constituyente. El tribalismo compulsivo de los nacionalismos agita aguas que en otro tiempo y en otro lugar hubieran desatado guerras. El refugio en la casta política ante los problemas ciudadanos en situación de crisis económica e institucional aterra.

Pero todo se puede reconducir (creo entender de "Los señores del poder"). Basta con recuperar la aceptación del otro político y su derecho a la diferencia, mientras se sostiene que hay un uno nacional en el que no vale la esquizofrenia. Hace falta altura, para ver que el futuro no es de una generación, sino de las que la suceden, y nadie tiene derecho a hipotecarlo. Y la mejor manera de conjurar ese poltergeist del futuro es releer los fantasmas del pasado, ésos que cuenta Varela Ortega en "Los señores del poder".

Y si Rubalcaba y Rajoy, o Cayo Lara y Artur Mas, o tantos otros, no lo quieren leer entero, que no se pierdan el relato de la inmensa insensatez que supone que unos cuantos decidan embarcarse en una tragedia colectiva con la misma espontaneidad con la que un buitre despedaza un cuerpo exangüe. Y que me perdonen los buitres.

No es imprescindible un nuevo fracaso español. La España de hoy es de una fortaleza (aunque adormecida ahora) impensable hace dos siglos. Pero algunas elites políticas (y a veces económicas) sueñan con que su papel es el mismo que fue para la España desvertebrada. Deberían caerse del guindo. Ya no es lo mismo. Les toca ser administradores de la felicidad ajena, porque, de lo contrario, les espera la desdicha propia.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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